La política podrá ser, como decía Bismarck, el arte de lo posible, pero en Latinoamérica también suele ser el escenario de lo improbable. La demostración más reciente de este carácter mágico-surrealista es la rebelión que protagonizan algunos de los principales acólitos de Evo Morales, no contra su caudillo, al que tratan de salvar el pellejo, sino contra el “entorno” del presidente.Hablamos del ex embajador Jerjes Justiniano y del ex concejal Oswaldo “Chato” Peredo, el último de los cuales incluso ha disparado munición gruesa contra el vicepresidente Álvaro García Linera, señalando que los “grandes errores de nuestro proceso” tienen “su sello”.El ex guerrillero “eleno” incluso llegó a calificar al segundo mandatario como “un estorbo para el proceso de cambio”, achacándole el error estratégico de convocar al referéndum del 21F sabiendo que “si Evo Morales ya no candidateaba el 2019, él ya no sería más vicepresidente”.“Pelea por un interés muy estrecho, nunca va a ser presidente, no van a votar por él y él lo sabe”, añadió.El sinceramiento de Peredo llegó a reconocer que en el MAS se han convertido en “padres de los ricos”, en algún tipo de alusión a la formación de una nueva oligarquía desde el partido oficial.A los casos de Peredo y Justiniano debe sumarse el del “Flaco” Borda, ex candidato a gobernador de Santa Cruz por el MAS, quien en su carácter de máximo ejecutivo de la COD tuvo que plegarse hace poco al paro general contra las medidas gubernamentales.Más compleja es la situación del ministro de gobierno Carlos Romero, quien como una de las principales figuras del gabinete ha tenido que salir a negar la amnistía política pedida por los “rebeldes” (entre los cuales también milita Betty Tejada). Veremos si su postura se mantiene o si priman las necesidades de supervivencia política futura en el pos-evismo…[email protected]