Por supuesto, el plan A del cártel cocalero es eternizarse en el poder político, a la manera de sus instructores cubanos. Pero el evismo también toma sus previsiones ante una probable expulsión del gobierno por la vía del voto popular.El plan B consiste en acumular todo el poder económico posible en los más de tres años que le quedan al frente del Ejecutivo, para afrontar en condiciones de relativa solidez una hipotética “travesía del desierto”.Por eso se apura la aprobación de la norma que sustituirá a la 1.008 y que legalizará 8.000 hectáreas de coca, que teniendo en cuenta los informes de la ONU que dan cuenta del desvío de la hoja chapareña fuera de los mercados regulares en más del 90%, se trataría de cultivos dedicados a abastecer al narcotráfico.Por eso se busca expropiar a la pequeña burguesía minera para darle entrada a grandes empresas chinas, que dejarán suculentas comisiones “para la Corona”.Y por eso los cocaleros del Trópico de Cochabamba procuran el monopolio del ripio en todo el país, en algunos casos con la complicidad de burocracias municipales. Negocio que además facilitaría la logística para la distribución de otros productos más típicos del Chapare…[email protected]