Rodri, el gimnasta que fue más fuerte que su lesión

RODRIGO MOYANO JUNTO A LA MOTO QUE COMPRÓ CON EL DINERO QUE AHORRÓ TRAS SU VIAJE A CHINA, CUANDO FUE BECADO. NOÉ PORTUGAL

Cuando tenía solo 13 años y sabía que debía alejarse de la gimnasia, Rodrigo Moyano quería despedirse como un verdadero rey. Una lesión en los talones lo obligaba a abandonar aquello que movilizaba cada una de sus fibras, la gimnasia. Lo mínimo que deseaba era marcharse con el sabor de la última victoria en sus labios y su piel.

Faltaba poco para el 2007, año que marcaría una pausa larga que duró nada más ni nada menos que setenta y dos meses en su vida. El paréntesis quedó tatuado en su retina.



El doctor fue claro. Con un contundente “Debes dejar la gimnasia”, exhibía todas las cartas sobre la mesa y Rodrigo parecía no tener opción. Los saltos frecuentes habían desgastado sus talones y la prohibición era drástica.

Consciente de su panorama, el entonces adolescente se despidió prematuramente de las barras y los aparatos de gimnasia como tenía que ser: fue campeón nacional, estaba nominado a los Premios Kanata, era la gran figura del departamento y había conseguido salir triunfante de un salto mortal con un giro en su última presentación. Nadie lo superaba.

Y así, con la mezcla agridulce inminente (producto de la alegría extrema de saberse campeón y la tristeza de bajarse de su sueño), el atleta cochabambino ponía fin a su mandato.

Pasaron seis años en los que el “vacío” llenó su tiempo y en que la nostalgia creó su propio espacio. El adiós no podía ser eterno, no para quien dice sentirse “libre y volar” cuando compite sobre la barra fija.

Rodrigo Moyano está de regreso. Retomó la gimnasia en 2013 y ha madurado. Ya no es aquel chico de 13 años. Ahora tiene 22, estudia arquitectura (amante confeso de hacer planos y dibujar) y logró el boleto para ir al Sudamericano de Perú, que será en octubre.

Salió tercero en el nacional selectivo que se concretó ayer en Cochabamba, su tierra, y el resultado alcanzó para el objetivo.

En esta breve entrevista, el gimnasta (experto en tarima de piso) hace un repaso sobre su estadía en China, país en el que estuvo cuatro meses gracias a una beca. Relata, además, la excelente relación que mantiene con su hermana mayor Adriana (25) y sorprende al decir que se compró una moto con los ahorros que juntó durante su tiempo en Asia. “Es mi primer bien. Fue con mi sudor ¡Literalmente!”, dice, con una sonrisa generosa y un tono cargado de orgullo.

El mismo que ahora se sienta en la sala de su casa es quien cuando tenía alrededor de nueve años se paraba frente a sus compañeros del colegio y no se achicaba frente a los diversos comentarios.

“Siempre me molestaban. Creían que la gimnasia era ballet. A mí me resbalaba porque sabía cómo era. No iba a dejar lo que me encantaba por eso”.

He aquí al gimnasta que ha vuelto con más ganas que nunca y que quiere ir quemando etapas para llegar a ser el más grande. Primero piensa en Odesur. Lo demás vendrá con el tiempo y el trabajo disciplinado, claro, según él.

P: ¿Hay que tener ciertas cualidades en la personalidad para ser gimnasta?

R: Necesitas ser muy disciplinado. Todo se basa en ello, el entrenamiento y la competencia. También tienes que ser fuerte. No solo físicamente, sino como persona. Siempre habrá alguien mejor y no te puedes bajonear. Debes luchar por superarte. Además por las lesiones. Hay gente que, listo, sufre una lesión y ya piensa que nunca más podrá volver a hacer algo.

P: ¿Y cómo te sientes físicamente?

R: Ahora estoy súper bien y muy tranquilo. Me estoy preparando. Estuve entrenando duro. Le saqué el jugo al viaje a China.

P: ¿Qué te quedó de aquella experiencia?

R: Mi expectativa era tener entrenadores chinos todo el tiempo, pero el contacto no ha sido directo. Trabajábamos con instructores bolivianos. La experiencia fue maravillosa. A los niños los forman con todo allá.

P: ¿Estás de acuerdo con la disciplina extrema que utilizan en Asia?

R: No me parece bueno, pero a ellos les da resultado. Creo que les iría mejor si los niños entrenaran felices. El talento que tienen allí es algo que fueron formando desde pequeños.

P: Con certeza, admiras a Uchimura…

R: Kohei es un ídolo. Me encanta la limpieza en sus elementos. Cae perfecto y sus rodillas están rectas siempre. Lleva una disciplina estricta. También me gusta Danell Leyva, de EEUU. Me impresiona su forma de entrenar.

P: ¿Cómo fue ese tiempo en el que te alejaste de la gimnasia por tu lesión?

R: Fue aburrido. Solo iba al colegio. No hacía nada ¡Sentía un vacío! Llegó un tiempo en que dije basta y volví. Fue difícil el regreso porque mis rivales habían evolucionado. Sentí que fueron seis años perdidos.

P: ¿Cuáles son tus planes inmediato y mediato en tu carrera deportiva?

R: Primero quiero ser campeón nacional, luego ir a sudamericanos y lograr algo. Me enfoco por completo en los Juegos Odesur. Representan mi mayor meta. Voy rumbo a eso.

P: ¿Te permites soñar con los Olímpicos?

R: Claro que sí. Me sentiría realizado. Siempre ha sido mi meta llegar. Sin embargo, tengo otros objetivos que sé que me llevarán hacia ello.

Fuente: opinion.com.bo