Poco después de proponer como gran solución “dispararle a las nubes” para hacer llover, el presidente Evo Morales participó en rituales “ancestrales” destinados a invocar tormentas.Pero ninguna de las armas de este arsenal surrealista al que ha echado mano están dando resultados: el clima parece reacio a aceptar los dictados del Jefazo, ya sean impuestos a bala o mediante danzas meteorológicas. El caso de Morales es el de un caudillo iletrado regido por el pensamiento mágico, quien cree que su retórica simbólica puede modificar la realidad. En cierto sentido, es víctima del culto a la personalidad que su entorno del palacio ha construido para halagar a su ego.En vez de esto, la resolución de la actual crisis del agua –sintomática de otra generalizada del estatismo evista- exige pensamiento científico. Menos mitos y más gestión… [email protected]