La década del despilfarro y la borrachera


rolandokRolando Tellería A.*En el superciclo de la economía global, la economía boliviana, gracias a los altos precios del petróleo y las materias primas, tuvo la posibilidad de contar con una cantidad exponencial de ingresos, nunca visto en nuestra accidentada historia. Se puede afirmar, en ese sentido, que el presidente Morales fue el más afortunado de los mandatarios; pues ningún presidente tuvo la suerte de disponer y gobernar con esa gigantesca cantidad de recursos. Enfoques conservadores estiman que, en estos casi once años de gobierno del MAS y Evo Morales, se habría administrado un excedente económico cercano a los 200.000 millones de dólares. Este volumen de recursos, literalmente, embruteció a la rancia oligarquía azul. Ni siquiera planificaron, con visión de largo plazo, como utilizar este excedente, aprovechando el momento histórico. Como sostuve en anteriores columnas, en los años de extraordinaria e inédita bonanza económica, el gobierno de Morales, careció de una ingeniería económica y social de inversiones. Fueron absolutamente irresponsables con el país y con las grandes mayorías nacionales que dicen defender; cínicamente subordinaron la utilización y el destino de esos recursos a su tozuda agenda política de reproducción del poder.Al principio, claro, los bolivianos estábamos dopados y adormecidos con tantas inversiones, proyectos y megaobras; cono el Satélite, las líneas del Teleférico, los bonos, las plantas procesadoras de gas y líquidos, las carreteras doble vía y las nuevas empresas estatales. Todavía, con ese estupor, el 2009 y el 2014, les damos la posibilidad de seguir gobernando. Y, lo que es peor aún, con más de dos tercios en la Asamblea Legislativa, otorgándoles una excesiva e inédita concentración de poder.A estas alturas, sin embargo, parece que los bolivianos salimos del estupor y comenzamos a tomar conciencia y ver mejor la calidad de gobierno que hemos elegido y reelegido. El drama del agua, quien diría, es vital en este proceso de emancipación de la conciencia. Ahora recién nos preguntamos: ¿qué hicieron con tanta plata? ¿Es un buen gobierno? ¿Por qué no tomaron previsiones? Entonces, comenzamos a ver seriamente el despilfarro, obras de mala calidad, elefantes blancos y, por detrás, una megalomanía impresionante. Despilfarro en: los innecesarios estadios e innumerables canchas futbol; edificios y sedes para los movimientos sociales y aliados corporativos; monumentos, como el de Juana Azurduy en la Argentina; las redundantes cumbres, como la G-77; viajes de los dirigentes de los movimientos sociales, y; la creación de empresas estatales deficitarias. Estas últimas convertidas en “botín de guerra” para repartir puestos de trabajo entre sus correligionarios. Entre las obras y compras de mala calidad, destacan: El aeropuerto Alcantarí de Sucre; el aeropuerto Juan Mendoza de Oruro; el aeropuerto de Uyuni; innumerables coliseos e infraestructura deportiva del programa Evo Cumple, el Satélite Túpac Katari, aviones y helicópteros chinos.En los “elefantes blancos”, descollan: la planta de San Buena Ventura; el aeropuerto de Chimoré, y; los hornos de fundición en la metalúrgica de Vinto. En los proyectos faraónicos y gastos que alimentan la megalomanía del caudillo, sobresalen: el Museo de Orinoca; la Casa del Pueblo, la Planta Nuclear, y; la millonaria propaganda estatal que ensalza la figura del caudillo, benefactor y salvador que “todo lo puede”. Dicho sea de paso, el excedente económico, también propicio, desde la burocracia estatal, la irrupción de una nueva casta: nuevos ricos azules.Viendo el destino de semejante volumen de recursos, que bien podrían haber resuelto muchas carencias básicas para mejorar la calidad de vida de gran parte de los bolivianos todavía privados de servicios de buena calidad, como la dotación de agua, por ejemplo; correspondería calificar al periodo del gobierno del MAS y Evo Morales, como la década del despilfarro y la borrachera. En el horizonte, se avecina una “segunda guerra del agua”. La primera, marco el inicio del fin del ciclo neoliberal y la democracia pactada. *El autor es profesor de la carrera de Ciencia Política de la Universidad Mayor de San SimónEl Día – Santa Cruz