Aunque a esta hora de la noche no hay aún datos oficiales sobre el escrutinio, la carrera de Daniel Ortega para la re-reelección al frente de la presidencia de Nicaragua difícilmente pueda acabar con otro resultado que su amañada victoria.Se trata de otro dictador del siglo XXI, que utiliza la receta venezolana de fachada seudo-democrática con trasfondo autoritario para perpetuarse en el poder, con el consabido corolario de enriquecimiento cleptocrático.El régimen sandinista que acaudilla ha llevado este sistema al descaro, llegando a inhabilitar a toda la bancada parlamentaria opositora y, en los actuales comicios, disponiendo que Ortega corra prácticamente en solitario, sin auténticos rivales de oposición.En este contexto, la verdadera alternativa de la disidencia nicaragüense es la abstención, que al parecer ha sido muy alta en esta jornada.La historia de Daniel Ortega, quien ya fue desalojado de una primera dictadura en los 80 por el movimiento democrático que encabezó Violeta Chamorro, debe llevarnos a la reflexión sobre los pasos a dar para el fortalecimiento de la gobernabilidad republicana en la etapa que siga a la actual (y declinante) era populista. A tomar nota…[email protected]