Otra coyuntura


José Orlando Peralta B.PolitólogoLa coyuntura en torno al 21 de febrero del 2016 ya fue: ganó el No al Sí, no hay duda. Asistimos a otra coyuntura que la constituyen diversos aspectos, entre ellos: a) se pone a prueba la institucionalidad del Estado o control contra-mayoritario, a través del Tribunal Constitucional, en lo que respecta a la pretensión del oficialismo de postular por cuarta vez a consecutiva al presidente desconociendo decisiones soberanas; b) el desafío que desde el campo opositor eclosionen nuevas representaciones políticas cuales permitan fortalecer el control multipartidario en la Asamblea Plurinacional en la gestión 2020-2025. Por cuestiones de espacio nos enfocaremos solo en el segundo aspecto mencionado.

Entendemos que el campo opositor está compuesto por diversos actores, discursos e ideologías, y sus principales motivaciones son el combate a la corrupción de la burocracia y mandos medios y el continuismo de las elites políticas en los distintos niveles de gobierno (nacional, departamental y municipal). No es lo que señala el discurso del MAS: bloque homogéneo “de derecha”, relacionando a los representantes políticos no oficialistas con el ciudadano común que tiene pensamiento crítico y es libre de coacciones partidarias. El campo opositor es plural. Quizás esta característica es su virtud y su defecto a la vez, porque al mismo tiempo que es habitado por diversos sujetos individuales y colectivos provenientes de diferentes esferas ciudadanas, clases sociales y espacios geográficos, carece de representantes legítimos y por ende de actores estratégicos que incidan escenarios políticos determinados como son la Asamblea Plurinacional o los Concejos Municipales, como forma de constituir contrapesos al poder ejecutivo.Plantear la división del campo opositor es una falacia por varias razones: nunca han tenido liderazgo visible que lo guie, ideología que lo condense y estructura partidaria que lo cohesione. La legitimidad de los representantes políticos no oficialistas está totalmente erosionada ante el ciudadano común. Empero, es posible plantear que el único momento que estuvo alineado el campo opositor fue el 21 de febrero del 2016.El campo opositor es un caldo de cultivo ciudadano con disponibilidad ideológica ante el desencanto de lo que prometía el proceso de cambio en el 2005 y la consecuente degradación de su hegemonía discursiva. Tres acontecimientos, entre otros, han permitido generar dicha condición: Chaparina, fondo indígena y caso Zapata. El primero y el segundo afectaron la credibilidad moral de la discursividad en torno a lo indígena, y el tercero la credibilidad ética de la discursividad en torno a la gestión pública, cual trataba de diferenciarse de la gestión de los gobiernos neoliberales con respecto a la transparencia de lo que acaece en los pasillos del poder.La coyuntura política post 21f todavía no ha sido leída con atención por parte de los representantes políticos oficialistas y no oficialistas, pues solo se enfocan en sus nichos electorales ideologizados -donde obviamente el MAS saca amplia ventaja gracias a los beneficios otorgados al sector donde nació políticamente con normas adecuadas a sus intereses particulares- y no dicen nada nuevo al campo opositor donde habitan ciudadanos desengañados con la clase política.El campo opositor es plural, heterogéneo y diverso. El ciudadano común que es libre de coacciones partidarias por naturaleza es escéptico con los grupos de poder y opositor a la corrupción y continuismo. Ya se da cuenta. Por eso decimos que asistimos a otra coyuntura.

*José Orlando Peralta B.Politólogo [email protected]