Norma Yalila Casanova S.*
Partiendo del dicho “el que siembra tormentas, cosecha tempestades”, es hora de salir del habitus académico, dejar de leer ponencias para exponerse como dice Bourdieu, esperando los ataques personales que supone manifestarse, revelarse y rebelarse ante los hechos sucedidos en los dos últimos días. El encarcelamiento de jóvenes: uno, por la protesta universitaria en un contexto eleccionario y otros dos, por haber hecho uso del único medio a disposición, las redes sociales.
La generación joven de los ochenta vivió la dictadura militar. Paradójica y demagógicamente se decía que los jóvenes eran el futuro de Bolivia. Esa generación ahora sigue con miedo a los ataques ad hominem, ya que sienten que pueda dañarse su integridad, su veracidad y su reputación como docentes, virtud que los mantiene ahora en un estado de adormecimiento y confort. Un grupo de jóvenes hoy, son excluidos y desocupados, otro grupo causa violencia urbana, ya que viven en precariedad social y pobreza en masa.
Se pregona el pluralismo epistemológico, pero se intenta seguir mirando desde fuera al objeto, objetivizando en complicidad las problemáticas de los jóvenes, sin asumirse como parte del problema, ya que “el que siembra miseria, cosecha cólera” y el murmullo a media voz del ámbito universitario, no se siente afuera, donde su voz debe hacer eco, para cambiar las “cosas”. Debe ser muy difícil ser joven ahora, fue difícil para cada una de las generaciones, pero eso no debe conformarnos.
El desempleo es una de las armas para imponer un estancamiento en una sociedad a la que se la acostumbró a ser subsidiaria. Las nuevas formas de dominación son las de estancar sueños y frustraciones individuales que a la vez son colectivas, ya que afectan a toda la lechigada. Son excluidos del mercado laboral y ahora también excluidos de la palabra y de la acción colectiva, al revelarse contra el poder absoluto en una sociedad adultocentrista y machista.
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La acción colectiva es el único medio que queda ante la desarticulada e indiferente clase política de oposición y ante la cooptación mediática, sindicalista y de los profesionales de la palabra, entre ellos muchos periodistas. Las redes sociales se han convertido en los espacios de acciones pacíficas contra el monopolio excluyente de quienes buscan a toda costa reproducirse en el poder y quedarse en las estructuras de gobierno.
Los jóvenes de hoy, viven el drama de la exclusión laboral y ahora de la palabra, el único escenario que consideraba seguro para expresarse le causa ahora inseguridad, vergüenza, depresión y resentimiento individual. Lo peligroso es que esto lleve a la resignación, a la pasividad, al silencio o por otro lado, a descargar sus emociones en una acción colectiva que afecte a sus semejantes.
Retomo a Bordieu cuando dice, cuidado, que “la confianza cínica es la pasividad de los más dominados”.
*Socióloga. Investigadora IIES –JOM, [email protected]
