Torturas, violaciones y trabajos forzosos. Reclusos relataron lo que vivieron al estar sometidos el encierro en el hermético régimen de Pyongyang.
Luego de su liberación, Bae escribió un libro con sus memorias titulado “Sin olvidar: la verdadera historia de mi encarcelamiento en Corea del Norte”. En el texto el hombre contó que durante las primeras cuatro semanas de su reclusión, fue interrogado diariamente desde las ocho de la mañana hasta las 10 y 11 de la noche. Dijo que su rutina consistía en trabajar seis días de la semana cargando rocas y removiendo carbón con palas. Laburaba diez horas diarias.Además del trabajo, confesó que los interrogadores le decían que “nadie te recuerda, la gente, tu gobierno te ha olvidado, estarás aquí 15 años, cumplirás 60 años antes que vuelvas a casa”. Kenneth dice que no fue torturado o golpeado físicamente a diferencia de otros prisioneros. Dice que pudo haber sido porque era mitad norcoreano, pero que el declive de su salud se debió a la dureza del régimen, lo que agravó su diabetes, hipertensión y condición renal.Daily Mail recogió el testimonio de Lim Hye-jin, quien fue guardia de uno de los campos de prisioneros de la hermética Corea del Norte.Torturas, decapitaciones y violaciones a los presos políticos. Esa era lo que veía en su rutina durante siete años. “No los ven como seres humanos, los ven como animales”, declaró la desertora del régimen de Kim Jong-un. “Fuimos manipulados para no sentir ninguna simpatía por los prisioneros”, relató Lim. “Nos dijeron que habían cometido crímenes terribles. Ahora sé que eran personas normales, así que me siento muy culpable”, agregó.Contó que los guardias hombres abusaban sexualmente de las reclusas con frecuencia y los prisioneros “no tenían derecho a decir que no”.Amnistía Internacional recogió el testimonio Ji-hyun Park, una mujer norcoreana, para su documental “La Otra Entrevista”. “Nos hacían trabajar como animales”, contó.Ji-hyun recordó que cuando recogían la cosecha de patatas en el campo de prisioneros, se las comían crudas y con tierra recogidas del suelo. “Todo el mundo tenía hambre, ni siquiera quedaba ratas, serpientes o plantas silvestres para que la gente las pudiera comer”.Un informe de la misma organización recogió el testimonio de un ex guardia identificado solamente como Lee y describió los métodos de ejecución de los prisioneros. Reveló que los reclusos eran obligados a cavar sus propias tumbas antes de ser ejecutados con golpes de martillos al cuello. También dijo ver cómo otros guardias estrangulaban a los detenidos o los mataban a golpe de palos. Los uniformados frecuentemente violaban a las mujeres reclusas antes de matarlas, agregó.De acuerdo al último reporte de Amnistía Internacional 2016/2017, aseguró que Corea del Norte “siguió soportando violaciones en casi todos los aspectos de sus derechos humanos. Se detuvo y condenó a personas tanto norcoreanas como extranjeras por “delitos” no reconocidos internacionalmente como tales. Continuó restringiéndose gravemente el derecho a la libertad de expresión”.Según el mismo informe, hasta 120.000 personas seguían recluídas en los cuatro campos penitenciarios para presos políticos, donde “eran sometidas a violaciones de derechos humanos sistemáticas, generalizadas y graves —como trabajos forzados, tortura y otros malos tratos—, que en algunos casos constituían crímenes de lesa humanidad”.La Tercera / Autor: Fiorella Aste
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