
Se trata del traslado de una multitud de funcionarios públicos de los nueve departamentos del país, los mismos que fueron obligados no solo a estar presentes, sino también a hacer aportes económicos a “la causa”. Algunas terminales de buses colapsaron ante semejante “movilización espontánea” y la capital del valle se convirtió en la capital del masismo.
En Cuba, en las mejores épocas de la revolución castrista, la mitad de los habitantes eran funcionarios del Estado y se dedicaban sobre todo a controlar a la otra mitad como espías y soplones. Ese es el único pueblo que puede apoyar a una dictadura.
Fuente: eldia.com.bo
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