De cabeza y en la hora, ¿qué más lindo?


Uruguay le ganó a Egipto 1-0 con gol de Josema Giménez en el minuto 89
Tenía que ser así. Con una patriada en el minuto 89. Con Josema vistiéndose de Godín ante Italia en 2014. Con una pelota quieta, un centro y un cabezazo, en una tarde en la que la posesión y el juego pulido estuvo pero no tuvo resultado.
Fue sufrido. ¿Y cuando no? Siempre lo fue en un Mundial. Aunque esta vez hubiera que proponer y no defender.
Era el grupo más accesible. Uruguay es el favorito de la serie. El equipo llegaba como nunca. Todo es cierto, y sigue siéndolo. Pero en la cancha se ven los pingos. Egipto hizo su partido, metidito atrás, y le sacaba un valioso empate a Uruguay.
Pero siguiendo esa estirpe de próceres celestes, emulando a su compañero de zaga Diego Godín, ese con el que comparte vida, entrenamiento y partidos desde hace años, Josema se fue arriba. Se vistió de delantero. Generó la falta, y clavó el cabezazo para el 1-0.

Una telaraña defensiva

El arranque del partido desacomodó un poco los análisis previos. Porque Egipto no salió a esperar y refugiarse, y en cambio buscó presionar arriba a un Uruguay que no estuvo cómodo en el uso de la pelota y por eso no fue claro.
Así, Uruguay se vio obligado a hacer lo que mil veces tuvo enfrente: desarmar, con pases, la presión en toda la cancha de un equipo que apostaba a la respuesta, en lugar de la propuesta. Y para eso se necesita efectividad en los pases cortos, de manera de ir sacando soldaditos del otro lado. Pero la mitad de la cancha no estuvo clara ene se manejo, por lo que en los primeros minutos la pelota le llegó muy poco a Suárez y Cavani.
De hecho, por sistema o por necesidad, el delantero de PSG empezó a bajar más a buscar la pelota, pero no encontró socios. Porque la mitad de la cancha no tuvo un buen primer tiempo: Bentancur y Vecino fueron las primeras víctimas de la presión, y no pudieron ser los primeros generadores de juego, como espera el nuevo sistema de Tabárez.
El juego se volvió mucho más por derecha que por izquierda, entonces fueron Varela y Nández que tuvieron más protagonismo que Cáceres y De Arrascaeta, pero se terminaron repitiendo en el desborde y el centro –contra zagueros de 1.90 es una tarea complicada- más que en la diagonal y la asociación con los delanteros. De hecho, cuando Uruguay buscó diagonales para desarmar la telaraña egipcia fue que encontró atisbos de peligro. Y también cuando se salteó líneas y probó con pases largos, aunque pocas veces fueron a destino.
Lo bueno fue que a Egipto le faltó la otra parte del libreto: la salida rápida de contragolpe. Uruguay fue prolijo y ordenado en el retorno, y por eso los africanos tampoco tuvieron chances claras.
Uruguay se vio obligado a hacer lo que mil veces tuvo enfrente: desarmar con pases la presión en toda la cancha de un equipo que apostaba a la respuesta. Hasta ahora no le salió.

Desesperación

En el segundo tiempo el equipo de´Tabárez tuvo la más clara a los pocos segundos, cuando Suárez quedó mano a mano con el arquero pero El Hadary se le sacó con la rodilla. Fue la segunda clara del salteño en el partido, casi un pecado en un partido tan cerrado.
Egipto ya no tuvo mucho más tapujos en defender recostado sobre su línea de cuatro, lo que achicó aún más los espacios. Tabárez movió rápidamente las piezas, y cambió lo que menos había funcionado: la mitad de la cancha. Sánchez por Nández y Cebolla por De Arrascaeta para buscar más actividad por las bandas.
Pero el embudo estaba planteado, y con él, los nervios celestes, aún menos claro con la pelota. Y, con más espacios, más expuesto al contragolpe. Egipto tuvo un par que solucionó bien la zaga. Mientras tanto, con toques filtrados entre las líneas Suárez tuvo la tercera que no también falló, aunque unos minutos después le dio una gran asistencia a Cavani que tapó El Hadary.
El partido se iba. La desesperación ganaba. Cavani metía un tiro libre en el palo. Parecía que no era la noche.
Peeero… la celeste tiene esos baluartes. Que la van a buscar siempre. Hoy fue Josema. Y Uruguay está feliz.