Maldito MARtirio


José Luis Bolívar AparicioLa semana pasada me deshice en halagos hacia mi profesor Ricardo, a quien guardo eterno aprecio y a quien otorgo el título del mejor maestro que pude tener. Esta vez me referiré a su antípoda, es decir, al peor profesor que me tocó y no precisamente porque fuese malo en su labor, es más, creo que en su materia ha debido ser uno de los mejores de Bolivia, sino porque él y yo, simplemente no podíamos estar uno frente al otro.Si aprendí a leer correctamente, fue gracias a él y gran parte de mis facultades al escribir, también son fruto de su trabajo docente; incluso en su condición de laico, me orientó mucho cuando por el año 85 fui monaguillo unos cuantos meses. Hasta logré un segundo lugar en un festival de poesías,  declamando la hermosa “Claribel” de Franz Tamayo,  gracias a él, pero así y todo, no nos podíamos ni sentir. Sin embargo,  el martirio no acababa ahí, además era profesor de filosofía, materia que por su culpa, no pude entender nunca ni para qué servía.Me imagino que se trataba de una cuestión de química o algo de karma, pues aunque ambos cambiamos de institución para no volvernos a cruzar por el camino, la vida nos puso frente a frente una vez más, y cuando se enteró que iba a cursar  cuarto medio en el colegio donde ejercía como Director, casi se desmaya, fue tal su ofuscación, que dejó en claro ante el directorio su manifestación de: o él o yo.Felizmente la sangre no llegó al rio, las aguas se calmaron, y compromisos de por medio, nos toleramos una gestión más. Yo salí bachiller, él se jubiló y no volví a saber más de don Jorge Salinas Salinas, un gran profesor de literatura, de quien como notarán guardo un singular recuerdo.

Como era de esperarse, es a la gente que menos aprecia uno, a la que más se rememora,  y una de estas evocaciones, es un poema que nos hacía leer una y otra y otra vez, para enseñarnos vocabulario, rimas y demás figuras literarias, que  quedaron  grabadas a fuego lento en mi mente, pues contiene una prosa hermosa y porque la historia que relata es apasionante de principio a fin y además recomiendo con fervor.

Se trataba del poema de don José Zorrilla, “A buen Juez, mejor testigo”. Una auténtica joya del Romanticismo español del siglo XVIII, que a plan de quintetas, describe la tragedia amorosa de la bella Inés de Vargas y Diego Martínez, su cruel amante.



Este último, un soldado aventurero le roba la honra a su amada a plan de promesas, pues se compromete a que luego de que partiese a la Guerra de Flandes, después de un año volvería a desposarla. Enamorada como estaba la doncella y consciente de que las palabras son viento, le pidió antes un juramento y para ello fueron ambos a los pies del Cristo de la Vega, donde le exigió jurar ante Dios que tan pronto vuelva, la desposaría.

El año se fue, y se fueron dos y luego tres y don Diego nunca volvía, mientras tanto la pobre Inés sufría lo indecible.  Hasta que una tarde ve llegar a unos jinetes ovacionados y al acercarse distingue a la cabeza de ellos a su amado. Pero Don Diego yo no era tal, la guerra, sus heroísmos y el dinero, lo habían cambiado por completo. Ahora se trataba del Capitán Martínez, a quien la corona había vuelto caballero y que de su vida pasada ya no guardaba memoria alguna, mucho menos sus juramentos.

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Cuando Inés sintió el rechazo y desentendimiento, se sintió perdida y desconsolada pero no se dio por vencida y rápidamente acudió ante don Pedro Ruiz de Alarcón, Rey de Toledo, hombre justo al que justicia le pidió. Cuando este supo de la historia, quiso pruebas o testigos y como Inés no tenía ninguno, le dijo que por ella poco o nada podía hacer.

Entonces a Diego le dijo que podía partir tranquilo, pero Inés exclamó: Un momento, sí tengo testigo y se trata del mismísimo Dios. Don Pedro ordenó a todos los miembros de la corte ir hasta la colina donde enclavada se hallaba la imagen del Cristo de la Vega, y le ordenó al Notario tomarle juramento, para saber si doña Inés decía la verdad.-Jesús, Hijo de María, ante nos esta mañana, citado como testigo, por boca de Inés de Vargas, ¿juráis ser cierto que un día, a vuestras divinas plantas, juró a Inés Diego Martínez por su mujer desposarla? Le preguntó el notario y la imagen de la cruz, su brazo desprendió y ante el asombro de la multitud, posando su mano sobre las escrituras exclamó “Sí juro”.Es una verdadera belleza para leer y siempre se me quedó grabada la idea del juramento como un compromiso sagrado, y aunque en lo personal he jurado tantas veces al vacío, no deja de tener para mí, un valor especial, el saber que lo que se ofrece, se debe cumplir.Cuando Evo Morales y el equipo jurídico presentaron la demanda ante la CIJ, la idea de eludir el tratado de 1904 me pareció como si los juristas hubieran querido ir por donde menos se lo hubiera esperado Chile y por donde más fundamentos, pruebas y argumentos podíamos tener, lo que en breve análisis me pareció muy acertado, por lo que también asumo la responsabilidad del apoyo.Lo que nunca terminó por cerrarme, fue la idea de “obligar a negociar”, pues en castellano puro y simple, ambas palabras son antagónicas per se. Negociar implica la idea de transar, dar un bien o beneficio a cambio de otro, donde ambas partes salgan de algún modo favorecidas y por lógica, no puede existir Ley alguna que a uno lo pueda “obligar” a hacerlo, pues se sobre entiende que lo básico para negociar es el consentimiento y la predisposición mutua. En una negociación se supone que habrá un intercambio de beneficios, pero desde hace más de un siglo que eso es lo que menos le interesa a Chile, por lo tanto, ¿cómo podíamos proponer algo, si no existe de nuestra parte, nada que les pueda interesar?Luego, cuando se refirieron a los distintos “compromisos” que supuestamente generaban derechos expectaticios, yo hacía la siguiente analogía: Supongamos que la hija más querida, lleva muchos años de noviazgo y el consorte finalmente pide la mano en una ceremonia llena de pompa y solemnidad. Ambas familias se encuentran, aceptan la unión, ponen la fecha y empiezan con los trámites legales y demás asuntos para organizar la boda más suntuosa que se pueda imaginar.Se anuncia en la prensa, se mandan invitaciones y hasta regalos llegan, pero el día de la boda, el novio entra en pánico y deja a la novia vestida y alborotada. Más allá de que luego se le puedan pedir reembolsos por los daños y perjuicios y quizás un cuñado enfadado le pueda romper la nariz, no existe en la faz de la tierra una Ley que pueda obligar a que ambos consortes contraigan matrimonio, por mucho que el propósito de la unión haya estado rodeada de todos los formalismos habidos y por haber, en cuanto a las buenas intenciones y gratos deseos.Si no dije absolutamente nada de lo que expreso ahora en aquel entonces, fue lógicamente porque al no conocer nada de leyes, hubiera quedado en ridículo yo y mi absurda comparación de semejante caso con una boda, luego porque lógicamente y como todos, confié en que esos abogados de tanto renombre y abolengo legal, seguramente sabían lo que hacían y por último, porque como bien nacido en esta tierra, tenía y tengo toda mi fe puesta en que algún día volveremos al pacífico, y que todo lo que se haga en ese objetivo sirve y hay que apoyarlo.Desgraciadamente, esta vez como en muchas otras, nos volvió a ir mal. Al parecer nuestros abogados estaban lejos de la fórmula adecuada, la CIJ aparentemente tiene una raigambre del derecho anglosajón muy fuerte y como nuestros juristas se las dieron de vanguardistas, quisieron patear el penal de taco y la pelota ni siquiera se acercó al arco.Saludo el hecho de haber emprendido la labor de la misma manera que lo hice el 2013, pues como dicen muchos, no hay peor lucha que la que no se hace, pero lo que no tolero porque me causa nauseas, es que me doren la píldora y me hagan creer que ganamos, cuando perdimos por goleada.Nos han metido el dedo tan adentro, que nos está rascando el talón por dentro y ya van 13 años del mismo verso de que todo está bien, cuando todos sabemos que todo está muy mal.Basta señores, asuman todos la responsabilidad que les toca y empezando por el presidente, terminando en el último funcionario que algo tuvo que ver con este papelón, den la cara de frente y reconozcan la derrota, porque eso es lo que es, una infausta derrota.Con la excepción de Evo Morales (por razones obvias), deberían haber renunciado en Bélgica, Arce Zaconeta y todos los crudos de DIREMAR, y en lugar de eso tenemos que aguantar que vengan a decirnos que la culpa la tiene el malvado de Donald Trump. Ojalá que se pongan las pilas y no vaya a ser que el veredicto siguiente, determine que el Silala es tan rio como el Amazonas y que encima le debemos plata a Chile.