José Luis Bolívar Aparicio Érase una vez un “Rey” muy generoso, que vivía en una torre muy alta.En la torre estaban sus peones vigilando todo. La torre tenía dos habitaciones muy elegantes y un pasillo lleno de esclavos. En una de las habitaciones había una bellísima y elegante dama.Un día llegó la dama negra. La dama negra era muy mala y horrible. Llegaba cada año a mortificar al rey. Unas horas después llegó un alto y apuesto “Alfil”, galopaba con su caballo a salvar a la bella dama, llegó el alfil a las puertas de la torre y dijo a los peones:¡Vengo a salvar a la bella dama, de la dama negra! Los peones abrieron las puertas y el alfil con su brillante espada entró.Cuando llegó a la habitación de las damas, empezó a pelear con la dama negra.El alfil venció y nunca más volvió la dama negra a la torre del rey. El alfil se casó con la dama y fueron ¡Muy felices!Este casamentero cuento infantil, lo ideó en su imaginativa cabecita, la niña Yanira López de la escuelita Marpequeña, mientras cursaba el cuarto básico, y de paso, aprendía el maravilloso juego del ajedrez.Por lo visto, a ella la pieza que la cautivó fue el alfil, una ficha tremendamente valiosa para quien sabe jugar con ellos.Los expertos del deporte ciencia, no coinciden la hora de darle más o menos valor a los caballos o los alfiles. Muchos como Nakamura, por ejemplo, afirman que la movilidad en L de los equinos y su fundamental característica de saltar ´piezas, dan a los jorcinos, una característica invaluable y solo superable por las poderosas torres.Hay otros como Kaspárov o Fischer, que son absolutistas a la hora de preferir el sacrificio de un caballo, antes que el de un alfil, fundamentalmente por su gran penetrabilidad y facultades de defensa ante la reina o los peones.Definitivamente, lo cierto es que preferir la una o la otra depende mucho de la escuela, la apertura elegida, o como en mi caso, de las circunstancias del juego, pero lo que no se puede negar es que la movilidad oblicua de los alfiles es sumamente útil y si se sabe emplearlos adecuadamente, tienen gran incidencia para lograr la victoria.Esa característica es la que hizo que se denomine como alfiles a quienes son útiles para lograr un objetivo, tercerizando responsabilidades y dejando en el anonimato o en segundo plano a los verdaderos responsables.La historia está llena de personajes que sirvieron como alfiles y cuyo trabajo fue elemental en la obtención de los objetivos. Los chilenos, por ejemplo, tuvieron a su mejor alfil en Narciso Campero durante la Guerra del Pacífico. Con el de su lado, lograron sabotear la campaña y hacer aparecer como el culpable de todas las desgracias a Hilarión Daza.Nuestra política tampoco estuvo exenta, al abandonar el gobierno, Hugo Banzer utilizó en dicha posición a Juan Pereda para que los militares no pierdan el poder; o el sacrificio que hizo Oscar Eid Franco asumiendo culpas propias y ajenas para salvar la cabeza de su jefe, durante el proceso de los narcovínculos, es un claro ejemplo, de lo útil que es tener, un hombre leal para poder sacrificarlo, en busca de los beneficios mayores de una “pieza” más importante.El caso más destacado del trabajo sucio de los alfiles, lo protagonizó don Johnny Fernández, cuando jugó a ser el alfil de Gonzalo Sánchez de Lozada en las elecciones del 2002. Como el “gringo” tenía que dar buena imagen y estar lo más marginado posible de la guerra sucia, para tender trampas y hacer las preguntas negras, emplearon al heredero de la UCS, de manera que le pregunte a don Manfred sobre su relación comercial con su suegro o sus supuestos vínculos con la secta Moon, movidas para las que el candidato de la NFR nunca pudo encontrar la defensa, ni supo mover las fichas correctas.En la actualidad, mientras se lleva a cabo la campaña electoral más larga de nuestra historia, se ha presentado en escena una situación bastante sui generis y muy curiosa a la vez.Da la impresión que se estuvieran jugando dos partidas de ajedrez a la vez y en paralelo, y en ambos juegos, los reyes, están usando alfiles con un mismo objetivo, hundir al único rival capaz de hacerle competencia al líder del MAS.Por un lado, en el tablero “A” digamos, existe una estrategia del partido de gobierno, de atacar a Oscar Ortiz, tercero en las encuestas, para victimizarlo y hacerlo crecer, y lograr así, que sea quien le quite votos al adversario más cercano y que esta división de la oposición, le reste posibilidades a Carlos Mesa de poder estar a menos de diez puntos de Evo Morales. Incluso, han llegado a aparecer resultados de consultas aparentemente manipuladas, en las que quien no superaba el 3% ahora está por el 9 porcentual y “subiendo como la cerveza”, para darle una aparente y repentina popularidad.Por otro lado, en el tablero “B”, justamente el candidato bandera del oriente boliviano, ha adherido a su fórmula y ahora usa como alfiles, a dos diputados disidentes de Unidad Nacional, que ni bien terminaron de firmar su cambio de camiseta, salieron a la palestra con una, no sé si denuncia o reclamo, por la enorme cantidad de recursos “gastados” por el vocero de la demanda marítima y su equipo, en una suma que supera los 3 millones de dólares, de los que además, supuestamente no habría hecho la respectiva descarga legal.El representante del FRI pisó el palito inmediatamente y en vez de presentarse a la prensa y la sociedad con el respectivo descargo (al parecer, estas cifras no pueden ser proporcionadas porque son gastos reservados), bastante enfadado, ofreció a los legisladores un proceso legal por su infame difamación.Francamente, no veo la razón por la cual lo recursos empleados en la fracasada campaña legal por nuestra reivindicación marítima, no puedan ser esclarecidos ante la opinión pública, y tampoco veo nada malo en que estos dos personajes pidan la explicación por esos 3 millones encargados al ex vocero de la causa. Es más, esa denuncia, debió haber encontrado a un Mesa mucho más sereno, y explicando con prístina claridad, en que fueron empleados esos dineros, pues no creo que haya un solo boliviano que dude, que de todos los que tuvieron que ver con nuestra derrota en La Haya, el único que hizo bien su trabajo fue él, y mucho más sabiendo que a pesar de haber exigido trabajar ad honorem, era también el único que merecía cobrar algún estipendio.Solo le daría a don Carlos Mesa, el consejo de que tanto él como su equipo de campaña, mantengan la calma, pues le van a caer denuncias que ni se imagina y si se pone igual de nervioso, se va a convertir en un rey expuesto sin un solo peón que lo defienda, de los muchos alfiles que van a aparecer en el tablero.