Al momento de escribir estas líneas, pareciera que el alzamiento del 30 de abril fracasó, puesto que Maduro no fue derrocado, pero ésa es solo una primera impresión. Ciertamente, el alzamiento no fue bien planificado, sino que fue una reacción improvisada a la amenaza de cárcel contra Guaidó y al posible regreso de Leopoldo López a Ramo Verde. Sin embargo, pese a que ni un solo cuartel se sublevó, el Régimen no tuvo capacidad de respuesta:1. Maduro no apareció durante la crisis, y todavía sigue sin aparecer.2. No hubo un pronunciamiento unificado de las Fuerzas Armadas, solo de Padrino López y acompañado de algunos altos oficiales. Las guarniciones en todos los estados guardaron silencio.3. No hubo represión militar. De hecho, el alzamiento no fue neutralizado, sino que sus dirigentes decidieron replegarse, porque no tuvo la repercusión esperada.4. Tampoco hubo represión significativa por parte de fuerzas irregulares, milicianos o colectivos.5. El llamado que hizo Diosdado Cabello a la población para ir a Miraflores no tuvo acogida.6. La comunidad internacional se pronunció en favor de Guaidó, excepto por algunos gobiernos totalitarios.7. Como resultado de esta sublevación, Maduro tendrá aún menos capacidad para enfrentar las diversas crisis que lo agobian: escasez, inflación, asfixia económica y destrucción de la infraestructura.En resumen, la debilidad del Régimen quedó claramente evidenciada, puesto que no cuenta con las Fuerzas Armadas, ni con apoyo popular, ni con respaldo internacional; ni siquiera con unas fuerzas irregulares eficientes. Lo único que mantenía en pie al Régimen –la creencia de que Maduro contaba con una poderosa maquinaria bélica– si vino al suelo.Esta revelación tendrá consecuencias en los próximos días, porque seguramente animará a que se produzcan otros intentos para derrocar al Régimen, mejor planificados y con respaldo internacional. La situación recuerda al alzamiento del 1 de enero de 1958, el cual fracasó, pero dio cabida al 23 de enero. Por tanto, no debemos perder las esperanzas.