Gran parte de la ética cristiana y católica está relacionada con la pobreza. Para ser sacerdote o religioso es necesario renunciar a los bienes materiales, pues se considera que el amor al dinero es uno de los principales obstáculos en el vínculo con lo divino; es el origen de todos los males. La opción por los pobres y los necesitados es uno de los principales postulados de la Iglesia, basado en numerosas enseñanzas del Evangelio, entre ellas la narración del joven que quiso servir a Dios pero no se atrevió a deshacerse de sus posesiones. La conclusión de Jesús fue que “más fácil es que un camello entre en el hueco de una aguja, que un rico ingrese en el reino de los cielos”. Gran parte de los santos, mártires y modelos de seguimiento a Cristo fueron hombres y mujeres que entregaron sus vidas por los enfermos, los leprosos, las personas sin hogar y los abandonados. En el famoso Sermón del Monte, Jesús dijo “bienaventurados los pobres de espíritu”, refiriéndose a los carentes de orgullo y vanidad y cuando el cardenal Ticona manifiesta su opción política tal vez se refiere a los faltos de legitimidad, moral y humildad. Esos también son pobres.
Fuente: eldia.com.bo
