Las ollas comunes marcaron la jornada en puntos de bloqueo. Las rutinas tienen otro ritmo y se debe esperar un poco más para el abastecimiento. El paro continúa
Cinco de la mañana. Las rutinas cambian, pero la manifestación pacífica en las calles sigue. Marianela Sosa tiene planeado llegar a las seis de la mañana para abastecerse de gas.Llega al cuarto anillo, en la zona de la Feria Barrio Lindo, y ya hay otras personas esperando. Los camiones con garrafas pasaron por ahí, pero tenían que surtir a otros espacios, la dinámica para ellos también es distinta.A la misma hora, el público empieza a hacer fila en una sucursal del Banco Ganadero, frente al mercado Mutualista. Los motivos por el que llegan a esta entidad financiera son diversos, pero priman el retiro de dinero por pago de sueldo y el pago de cuentas pendientes.
El mercado también muestra movimiento. Quienes no llegan a los centros de abastecimiento (por ejemplo, el de la zona del obelisco del Plan 3.000 que mostró el movimiento y caos vehicular característico de los días sin paro), aprovechan de acudir a las tiendas de barrio o camiones de empresas que distribuyen alimentos, que venden a precio de costo, como en la zona del sexto anillo y La Colorada.Pese a esta rutina, en los puntos de bloqueo la gente sigue de pie. Quienes ‘hacen guardia’ ante cualquier eventualidad explican que se dividen en tres turnos por la zona de San Aurelio y que se organizan a través de un grupo de WhatsApp para atender necesidades entre vecinos (alimentos y gas, las más comunes).Incluso la organización para almorzar en comunidad en las calles también crece. Un poco más lejos, en el barrio Magisterio Sur del Distrito 12, las mujeres madrugan para comprar insumos para la olla del barrio. El menú es guiso de fideo y para que alcance se acompaña de arroz.
“La gente del Comité (Pro Santa Cruz) vino esta mañana y nos trajo algo de carne, pero aquí también el que puede dar su parte y comparte con el que no tiene”, explica Norma Fernández, quien dirige un punto de bloqueo pacífico a la altura del octavo anillo de este barrio.A mediodía, cuando el sol está en su punto más alto y el termómetro marca los 37 grados centígrados, la comida está lista. Con la voz de “pasen a servirse”, algunos de los que acatan el paro acuden al ‘comedor’, un espacio improvisado con un toldo. Se turnan para almorzar, porque hay que levantar las sogas o mover llantas por si los vehículos con el permiso de circulación llegan hasta esa zona.
En otros sitios son más drásticos, en la Villa Primero de Mayo y el Plan 3.000, algunos controlaron el interior de los vehículos o piden ‘contraseñas’ que se traducen en insignias o cánticos que se escuchan a diario en los puntos de bloqueo.“Aquí es todo con buen humor, el que se enoja pierde”, resalta un vecino de la tercera edad. Algunos de estos manifestantes expresan su malestar porque algunos toman el nombre de sus barrios para decir que se genera violencia o que hay grupos armados que llegan a desbloquear.Lamentan que se siembre el miedo a través de las redes sociales. Sin embargo, existen denuncias que llegaron a EL DEBER sobre amedrentamientos que, por lo general, se dan en horario nocturnos. Vale recordar que el presidente del Comité pro Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, llamó a que las protestas y los bloqueos sean pacíficos.Rumbo al décimo díaPasadas las tres de la tarde, el sol dio una tregua. Los cielos se cubrieron y se percibió un descenso de temperaturas (hasta los 28 grados) y chubascos aislados. No obstante, el reporte del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología apunta a que hoy el sol estará presente (37 grados la máxima), con cielos pocos nubosos, pero con los ciudadanos todavía en las calles.
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