Para el amigo y compañero


Los hombres que dejan huellas no se van. Y Guillermo Capobianco Ribera seguirá por las calles de su Santa Cruz natal, y por las de Bolivia toda, como corresponde al hombre de la generación de la democracia que fue y seguirá siendo. Constructor de aquel MIR al que le dio lo mejor de su vida, su vida entera, aquí, allá y acullá.

Gracias Guillermo porque lo hiciste “camino a la esperanza, con toda decisión” como cantaba nuestro himno, con todo amor político que es esperar el mañana con anhelo proletario y campesino, con olor a pueblo.

Gracias Lety por haber estado a su lado siempre. Gracias Suki y Celita por haberlo amado y comprendido.



Y gracias a vos Guillermo por haber estado y seguir estando, ya más allá del mundo terrenal, queriendo a toda costa construir “el instrumento vital del porvenir”. Gracias a vos y a Lety porque me honraron al ponerle mi nombre a su primera hija, y Celia a la segunda, por aquella vieja amiga.

Nos vemos en Puerto Paila, con ellas y con tu mamá, con algunas o muchas lágrimas y también sonrisas de hermanos y compañeros de la utopía que soñamos juntos.

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Descanso para tu cuerpo enfermo y paz para tu alma grande de compañero y conductor.  Mis más sentidas condolencias a sus hijos hombres, a sus hermanos y a toda su familia.