Un nuevo aniversario patrio se celebra en el país, recordando la fundación de la República de Bolivia un 6 de agosto de 1825. Año que pasa se acerca el festejo del Bicentenario, pero dadas las actuales circunstancias y lo por venir luego de la pandemia provocada por el Covid-19, salvo que se tome medidas valientes e inteligentes en materia de políticas públicas, el ser un país digno y soberano no habrá pasado de ser una quimera de unos cuantos políticos para ilusionar a muchos.
La dignidad y la soberanía de una nación no se construyen solo con promesas o discursos, sino con hechos y para ello cuentan aspectos fundamentales como la economía, la educación y la salud, lo que ligado al respeto de la institucionalidad y el cumplimiento de la Ley, cambian la vida de las personas para bien en función de las mejores posibilidades de realización que ello devenga.
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La “dignidad” de un pueblo, como un valor intrínseco al ser humano, tiene que ver con la libertad y es bien sabido aquello de que, si el esclavo se educa un día dejará de serlo. La dignidad no pasa por pretender que las diferencias de color de piel o de la cuna de nacimiento se superen con una pega en la Administración Pública sin estar preparado, pues el resultado de ello solo vendrá a confirmar lo sabido por siglos, que solo la buena educación cambia la vida de las personas y mejora de su calidad de vida, incluso -en el buen sentido de la palabra- su posición social, no por “imposición” sino por la permeabilidad que ofrece el tejido social.
En lo que hace a la “soberanía” de un pueblo, esta tiene que ver con el cumplimiento de su voluntad antes que, con consignas foráneas sustentadas en el engaño aprovechando su ignorancia, en beneficio de un proyecto político-partidista; de otra parte, la voluntad de un pueblo, en mérito de la democracia, debe incluir y respetar a las minorías, lo que debería llevar a los Órganos del Estado a buscar justicia para todos.
Es cierto que Bolivia mejoró en el campo socioeconómico entre el 2006 y 2019, pero…¿se podía avanzar más? ¡Muchísimo más si se hacía bien las cosas! Pero no solo eso…¡cuántos volverán a la pobreza porque las dádivas estatales nunca han sido suficientes para forjar la dignidad y soberanía tan ansiadas!
Un pueblo ignorante, enfermo y sin un trabajo decente y sostenible no es digno cuando mendiga por ayuda, y tampoco es soberano si depende de lo que otros hagan por él, una vez que, concluido el auge en 2014, enfrenta hoy una cruda y triste realidad que lo golpea…
(*) Economista y Magíster en Comercio Internacional
