De México a la Patagonia


Cristóbal Colón llegó a América en 1.492 y el continente ya estaba habitado por personas que tenían condiciones de vida y actitudes, más o menos similares entre todos.

Quinientos veintinueve años después, las diferencias son enormes entre Canadá y Estados Unidos, respecto al resto del continente.



¿Cuál es la diferencia?

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La gente que habita y dirige los destinos de los países latinoamericanos.

Los latinos en el mundo son famosos por muchas cosas, tanto positivas como negativas.

Oriundos de sociedades aún primitivas en muchas áreas, los latinos creen que la «viveza» siempre está de su lado.

Impuntuales, informales casi siempre, maestros de la joda y siempre apretados en todo, los latinos siempre son noticia de algo.

Políticamente hablando, los latinos se enamoran de los caudillos y desprecian a sus verdaderos líderes.

Basta con que el caudillo hable en un tono más alto, pegue un carajazo o aparezca en alguna foto disfrazado de indio, para que se convierta en el símbolo de «los desposeídos».

Poco importa si el caudillo es analfabeto, delincuente o pervertido.

Y a los caudillos se los halla en todos sitios: Desde una Junta Vecinal, hasta el mismísimo Parlamento.

Los latinos aman a sus caudillos, esos que a cada rato les recuerdan su pobreza, sus guerras perdidas o el atraso generalizado de sus países.

Los latinos aman el discurso lastimero.

Y claro.

Se sienten aliviados, cuando el caudillo de turno descarga el fracaso de su país en «el imperio».

«Somos el patio trasero de Estados Unidos» dice el caudillo y los demás lo aceptan bajando la cabeza.

¡Pero no hacen nada por cambiar eso!

…Y así viven, en su eterno lamento, siglo tras siglo.

Pero…

No se hacen problemas para extender la mano y recibir lo que al «imperio» se le ocurra darle.

La típica relación del muerto de hambre con el pariente rico.

Los caudillos latinoamericanos son esos vivillos que se vuelven ricos en sus países que también son ricos, países que ellos hacen ver pobres, son esos payasos que para alcanzar su propósito se disfrazan de «algo» y son amadísimos por los millones de ignorantes, personas respetables, pero intelectualmente limitadas, esos pobres diablos que en el caudillo solo ven su única esperanza.

Sea de izquierda o sean de derecha, el método del caudillo latinoamericano siempre es el mismo:

Promesas de cambio.

Un cambio que nunca llega; porque a los caudillos latinoamericanos les conviene que las cosas no cambien.

Por eso no invierten en educación. Porque el día que los latinoamericanos sean más cultos y menos borrachos, el caudillo vivillo será solo un oscuro recuerdo del pasado, triste reflejo de una sociedad pasiva y condescendiente con la delincuencia y la impostura del caudillo de turno.

Y bueno…

Por eso en Perú estarán en problemas, por eso los venezolanos se jodieron, por eso los argentinos están con la soga al cuello y los chilenos ya caminan por la línea del precipicio.

Nicaragua anda como anda y Cuba…

Cuba se murió a finales del cincuenta del siglo pasado.

En cuanto a Bolivia…

Los bolivianos ya sabemos de sobra como andamos…

En síntesis:

¿De quién es la culpa del atraso de América Latina?

Fácil.

La culpa es de los caudillos que dirigen sus países y por supuesto, la culpa es de la estúpida gente que por ellos vota en las elecciones.

El ESCRIBIDOR.

Fuente: Facebook El Escribidor