Argentina-FMI: Fernández busca pasar el ajuste al gobierno siguiente


El Fondo habría sincerado que sin reducción del déficit fiscal no hay acuerdo posible.

El acercamiento de posiciones entre el Fondo Monetario Internacional y la administración de Alberto Fernández aún sería preliminar. Si se concreta, el gobierno argentino podría tener más votos de la oposición que del oficialismo radical en el Congreso para el trámite de aprobación.



Quisimos conocer más sobre la cuestión, por lo que eju.tv dialogó con Enrique Esteban Arduino, director académico de la Fundación Club de la Libertad, uno de los principales think tank liberales del vecino país.

eju.tv: ¿Hay un acuerdo consolidado Argentina-FMI o por ahora es un entendimiento preliminar?

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Enrique Arduino: Entender lo alcanzado hasta ahora como un acuerdo, y más consolidado, es atrevido y ficticio. Por lo pronto, y yendo bastante lejos en función de lo que se conoce del documento suscrito y su letra chica, podríamos decir que es un acuerdo en los puntos sobre los  que se debería edificar un entendimiento preliminar. Haciendo una analogía con un edificio, lo que se ha logrado es definir cuál es el tipo de fundaciones que tendrá, pero aún falta definir puntos importantes como cuáles serán sus dimensiones, que carga soportarán, y especialmente los tiempos en que deberá ejecutarse este hipotético acuerdo.

Sí podríamos decir que ambas partes han blanqueado en parte sus posiciones y urgencias. El FMI, que sin disminución del déficit fiscal y sinceramiento de las tarifas no hay acuerdo posible, más allá de que EEUU en un gesto de buena voluntad –dudo hoy la tenga luego de las desafortunadas expresiones del presidente Fernández en su estadía en Rusia y China- apoye el poder alcanzar un acuerdo. El gobierno argentino, que no está dispuesto a realizar ajustes y pagos que lo obliguen a ello, debido a su escasez de reservas, al menos en lo que le queda de mandato. Esto último, debe mirarse desde el punto de vista del frente interno, más que por el hecho de un posible incumplimiento de pagos que lo convierta en un paria internacional.

Vale recordar que el presidente Fernández mantiene un sórdido enfrentamiento con el ala dura del Frente gobernante, representada por la vicepresidente Fernández de Kirchner y su hijo, como director de la facción denominada La Cámpora, que domina y administra las cajas recaudadoras del gobierno, quienes pretenden retener su capital político simbólico, que incluye la resistencia al pago de los compromisos contraídos a costa de ajustes que en su mayor parte los tengan que sufrir sus adherentes.

¿Habrá votos en el Congreso para refrendarlo, ante la disidencia del kirchnerismo radical? ¿Qué harán las oposiciones?

Esta es una pregunta muy interesante. Hay dos cosas que son dadas por ciertas: uno, el quiebre en el Frente gobernante es un hecho basado, como ya hemos dicho, en el querer mantener el capital político simbólico expresado por el ala más radicalizada del kirchnerismo. Dos, pese a ello y a las clásicas escaramuzas dialécticas, hay consenso entre los demás actores, incluida la oposición, de que es necesaria la aprobación del acuerdo, ya que si no, como lo expresó Ricardo López Murphy, nos arriesgamos a transitar un camino que nunca hemos transitado y con resultados inciertos. Por lo menos, en medio de este momento crítico quedan mentes lúcidas que avisan que Argentina pasó de la etapa de crisis crónica a la de crisis terminal, sin retorno y al borde del precipicio de la disgregación.

Un dato interesante a tener en cuenta es que, después de las últimas elecciones de medio término, el poder de fuego del kirchnerismo se encuentra mermado, aunque no hay que considerarlo muerto. Ante la intransigencia demostrada frente a una posible aprobación del acuerdo, al gobierno le resultará más probable cosechar los votos necesarios en la oposición que en los propios. Hay que entender que la presencia de figuras de la talla del citado López Murphy, Milei o Espert, le otorga un alto grado de racionalidad a las decisiones a tomar. También porque la oposición carga una pesada cruz en este tema, y si bien este acuerdo es una solución, de emergencia pero solución al fin para el gobierno, si es utilizado inteligentemente también lo sería para la oposición.

Han trascendido algunas metas tibias de ajuste al gasto público, conversadas con el Fondo. ¿Será suficiente? 

Desde ya debemos decir que esto sería solo un parche con el fin de asegurar una aceptable gobernabilidad de aquí hasta la finalización del actual mandato, poniendo metas y diferimientos que lo único que logran es traspasar el problema de ajustes y pagos al gobierno siguiente. La situación de Argentina requiere un planteo mucho más profundo que recibir un retraso de las fechas de pago o alguna ayuda económica circunstancial, que agrandan la deuda y prolongan inevitablemente la agonía del Estado argentino.

En este punto, sería interesante indagar sobre el pensamiento de los organismos multilaterales de crédito y algunos países que financian a países o estados fallidos económicos y socialmente, tremendamente endeudados y con un historial de no pago escalofriante, como la Argentina. La gran pregunta es si los gobiernos que los integran se sienten con derecho a disponer del ahorro e inversión de sus ciudadanos, que han pospuesto consumo en pos de estos objetivos. Imagino que por la cabeza de dichos ciudadanos no pasaba esta opción confiscatoria por parte der sus gobernantes, más sabiendo que la posibilidad de repago es prácticamente nula.

No sólo es responsable el solicitante, con sus políticas de asfixia al sector productivo y su irresponsable gasto, sino también el otorgante, disponiendo irresponsablemente de los ahorros de sus ciudadanos. Muy acertado fue el análisis de Revel, al catalogar a la tentación totalitaria que acecha a los gobiernos como una seria amenaza a los valores democráticos.

¿Argentina logra definir un rumbo o sigue faltando un plan económico?

La inexistencia de un Plan Económico es palpable desde los inicios del presente gobierno. No es serio creer que con la aplicación de una teoría económica  que como la de Stiglitz sólo funciona en eso, en lo teórico, se podría resolver un escenario caótico en lo económico y lo social. La situación de pandemia sólo retrasó un final inevitable, que hoy es patente.

El enamoramiento, ya demostrado en su último mandato, de la vicepresidente por este tipo de políticas y su desesperación cada vez más evidente por resolver sus numerosas causas judiciales por corrupción es el único rumbo demostrado en lo político. En lo económico, como ya se demostró en el canje de los bonos de tenedores privados, el único escenario aceptable para el gobierno es posponer vencimientos más allá de su mandato, y cosa que se ve en las negociaciones actuales con propuestas de pago de las deudas vencidas a partir de 2025 y la mayor y más exigente parte del inevitable ajuste que se debe hacer en 2024, todo a realizar por el próximo gobierno.

Es cierto que no sólo el gobierno quiere evitar lo inevitable. Un gran número de ciudadanos también se resisten a ello. Pero la alcancía está vacía y es inevitable el pago de la fiesta que por años fue el manejo de las cuentas públicas.

Un verdadero plan económico que detenga la decadencia y posibilite un progresivo crecimiento deberá consistir en medidas de reducción del gasto público, eliminación del asistencialismo, una importante reducción impositiva incentivando la producción y reduciendo drásticamente el déficit. Demás está decir que son  medidas impracticables en gobiernos de tinte populista como el actual, y aún con un gobierno socialdemócrata como sería un hipotético gobierno de oposición.

Decíamos que con el tema de la deuda, la oposición cargaba con una pesada mochila: ser la responsable, en su gobierno, por la toma de tan desproporcionada obligación. El gobierno actual, hábilmente, desde el principio de su gestión y anticipándose a las dificultades que presagiaban los vencimientos de la misma, instaló en la ciudadanía la idea que el problema eran esos vencimientos de una deuda irresponsable y no el despilfarro público y la emisión descontrolada. Ante la necesidad de la aprobación del acuerdo, la oposición se ve acorralada entre la creencia instalada que son los responsables de la deuda y la imposibilidad, votando en contra del acuerdo, de dar una solución aunque sea parcial al problema que originaron. Por eso decía anteriormente que al gobierno le iba a ser más fácil cosechar votos para la aprobación en la oposición y no entre los propios. También, que más allá de las escaramuzas dialécticas, finalmente votarán a favor del entendimiento.

La oposición tiene la oportunidad de desprenderse del mayor ataque del gobierno. Sin un costo tan grande, un gran beneficio. Si somos los responsables del endeudamiento, le damos al presidente las herramientas solicitadas. Aceptando nuestra responsabilidad, colaboramos en enmendar los efectos. Ahora bien, de ahora en adelante, por lo que llegara a suceder, la responsabilidad es del gobierno actual. Es colocar un eficiente cortafuego entre su gestión y la actual.

Perspectivas opositoras para las elecciones 2023

Al margen de nuestras consultas sobre el preacuerdo con el FMI, Arduino también nos dio su opinión sobre la la oposición y las futuras elecciones generales de 2023.

“Si hay algo manifiesto en la oposición, Juntos por el Cambio, es la lucha de egos y la ambición de poder de sus integrantes por la candidatura a presidente. Tranquilamente más de 10 postulantes, de las distintas facciones del Frente. El próximo gobierno se encontrará con un escenario de tierra rasa, importantes vencimientos y un ajuste descomunal a realizar, que demandará grandes costos políticos. Ya no hay lugar para más dilaciones. Si los egos se imponen y buscan una victoria presidencial en 2023, sería una victoria pírrica, que dejaría en 4 años el camino abierto para el regreso del Frente que actualmente gobierna”, señaló.

El analista remarcó que esto “no es nuevo, siempre pasa, es la estrategia peronista para no hacerse cargo de los desastres que originan sus gobiernos y presentarse como salvadores. Si primara la razón, si se hiciera un análisis estratégico de la situación, a mi entender sería enfocarse en reforzar la presencia de la oposición en cargos legislativos, gobernaciones provinciales y municipios, y dejar a quienes originaron este difícil momento que se hagan cargo de la solución que quieren evadir y pagar los costos que quieren eludir. Cortar de una buena vez el círculo vicioso de la estrategia peronista”.

Edición y entrevista: Emilio Martínez

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