Revisar el sistema de cupos y flexibilizar el uso de biotecnología en el agro son las recomendaciones principales para consolidar el desarrollo exportador.
Luego de seis años de consecutivos déficits en el sector externo, Bolivia registró en 2021 un importante superávit comercial, gracias al esfuerzo privado. Sin embargo, los resultados podrían ser aún mayores si se revisaran ciertas limitaciones aplicadas desde lo estatal.
Para comentar el tema, eju.tv buscó la opinión de Gary Antonio Rodríguez, gerente general del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE).
Exportaciones no tradicionales
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“El saldo positivo de la balanza comercial llegó a 1.471 millones de dólares, cifra extremadamente relevante comparada a lo ocurrido durante el período 2015-2020, cuando el desbalance acumulado en el intercambio con el mundo restó más de 5.000 millones de dólares a las reservas internacionales netas del Banco Central de Bolivia”, señaló Rodríguez.
El gerente general del IBCE indicó que las importaciones bolivianas en 2021 sumaron 9.559 millones de dólares, “su mayor nivel en 9 años, mientras que las exportaciones fueron de 11.030 millones de dólares, su mejor registro en 7 años”.
Dentro de las exportaciones del país “brillaron con luz propia las exportaciones no tradicionales con 2.711 millones”, apuntaladas por la soya y sus derivados: torta, aceite crudo, aceite refinado y harina de soya, totalizando 1.365 millones de dólares; el girasol y derivados (135 millones) en segundo lugar; y, ubicándose increíblemente en el tercer puesto, la carne bovina y derivados con 98 millones, sin haber descuidado en ningún momento el mercado interno.
Eliminar cupos y abrirse a la biotecnología
“Números espectaculares que, sin embargo, pudieron ser mucho más altos en beneficio del país, de no haber existido cupos para la exportación de alimentos, y de no darse la restricción existente en contra del pleno uso de la biotecnología en el agro. Aquí va un ejemplo: con los buenos precios del 2021, Bolivia hubiera recibido por lo menos 600 millones de dólares adicionales si se hubiera permitido nuevos eventos biotecnológicos en la soya, ya que la oferta del grano hubiera subido 50%, sin aumentar un solo metro cuadro de siembra del cultivo”, remarcó.
Rodríguez dijo que “lamentablemente, hay quienes se oponen al uso de la ciencia y la tecnología en el agro, sin fundamento científico alguno, perjudicando no solamente a los agricultores que en un número mayor a los 10.000 son principalmente pequeños, sino también, a un mayor ingreso de divisas para Bolivia, amén del efecto multiplicador que implicaría tener un millón de toneladas adicionales del grano para efectos de industrialización”.
Cambiar el rol del Estado
Según el experto del sector exportador, “es de esperar que tales limitaciones se superen pronto y que el Estado se convierta, mas bien, en un aliado que coadyuve al productor y al exportador para un mayor desarrollo de las ventas no tradicionales que, como en el caso de los sectores de la agropecuaria/agroindustria y el forestal/maderero, podrían superar muy fácilmente a las exportaciones de minerales e hidrocarburos (recursos extractivos, no renovables y sin mayor agregación de valor ni generación de empleo), diametralmente opuestas a las exportaciones no tradicionales, basadas en recursos renovables, transformables y altamente generadores de fuentes de empleos dignos para la población boliviana”.
Edición y entrevista: Emilio Martínez
© eju.tv
