Cambios cerebrales observados después de una infección leve por Covid-19


 

El daño tisular, el encogimiento del cerebro y el deterioro cognitivo ocurre en el cerebro de personas que padecieron Covid-19 leve.



El virus SARS-CoV-2 creado en un laboratorio en Wuhan,  China y causante de más de 6 millones de muertes en los tres años de pandemia, no deja de  asombrarnos y dejarnos atónitos con el daño que produce a nuestro organismo ya sea tempranamente o tardíamente. Aquí les resumo un fascinante trabajo de investigadores de la Universidad de Oxford que preocupa y mucho.

Existe una fuerte evidencia de anomalías relacionadas con el cerebro en COVID-19. Sin embargo, se desconocía si el impacto de la infección por SARS-CoV-2 se puede detectar en casos más leves y si esto puede revelar posibles mecanismos que contribuyen a la patología cerebral.

=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas

Douaud,G., y colaboradores, investigaron los cambios cerebrales en 785 participantes del Biobanco del Reino Unido (de 51 a 81 años) a los que se les tomaron imágenes de resonancia magnética (MRI) dos veces, incluidos 401 casos que dieron positivo por infección con SARS-CoV-2 entre sus dos escaneos, con 141 días en promedio separando su diagnóstico y el segundo escaneo y 384 controles. Las personas desarrollaron COVID-19 entre marzo de 2020 y abril de 2021; tenían una edad media de 58,9 años en su primera resonancia magnética y 62,1 en la segunda. Los otros 384 participantes eran controles emparejados por edad y sexo.

Usando el recurso del Biobanco del Reino Unido, los investigadores estaban en una posición única para observar los cambios que ocurrieron en el cerebro después de una infección COVID-19 leve, en lugar de más moderada o grave, por el SARS-CoV-2.

La disponibilidad de datos de imágenes previas a la infección reduce la probabilidad de que los factores de riesgo preexistentes se malinterpreten como efectos de la enfermedad. Los resultados fueron recientemente publicados en Nature (2022)(https://doi.org/10.1038/s41586-022-04569-5).

Sorprendentemente, identificaron efectos longitudinales significativos al comparar los dos grupos, que incluyen: (i) una mayor reducción en el grosor de la materia gris y el contraste tisular en la corteza orbitofrontal y la circunvolución parahipocampal, (ii) mayores cambios en los marcadores de daño tisular en regiones conectadas funcionalmente a la corteza olfativa primaria, y (iii) una mayor reducción en el tamaño global del cerebro. Los participantes infectados también mostraron, en promedio, un mayor deterioro cognitivo entre los dos puntos de tiempo. Es importante destacar que estos efectos longitudinales, cognitivos y de imágenes aún se observaron después de excluir los 15 casos que habían sido hospitalizados.

El daño tisular y la contracción en áreas del cerebro relacionadas con el olfato se observaron meses después de que las personas tuvieran una infección leve por SARS-CoV-2, según mostraron datos longitudinales del Biobanco del Reino Unido.

Los pacientes con COVID-19 también tuvieron una mayor reducción en el tamaño global del cerebro. En promedio, los participantes infectados mostraron un mayor deterioro cognitivo.

A pesar de que la infección fue leve para el 96 % de los participantes del estudio, observaron una mayor pérdida de volumen de materia gris y un mayor daño tisular en los participantes infectados, en promedio 4,5 meses después de la infección. También encontraron una mayor disminución en sus habilidades mentales para realizar tareas complejas, y este empeoramiento mental estaba relacionado en parte con estas anomalías cerebrales. Muestran que las vías olfatorias en el cerebro están atróficas en estos pacientes como grupo. Esto también incluye áreas involucradas en la cognición.

Todos estos efectos negativos fueron más marcados en las personas de edades más avanzadas.

Estos hallazgos podrían tener implicaciones importantes, ya que es poco probable que se reviertan por sí solos después de tantos meses. La pregunta crítica es si esto puede resultar en una aceleración del proceso neurodegenerativo, puesto que los investigadores también notaron atrofia cerebral global.

Los cambios asociados con la infección por SARS-CoV-2 variaron en diferentes regiones del cerebro, pero, en promedio, los participantes infectados mostraron una pérdida adicional del 0,2 % al 2 % en comparación con los participantes no infectados, y las mayores diferencias se observaron en el volumen de la circunvolución parahipocampal (- 1,3%) y corteza entorrinal (-1,8%).

Para brindar contexto, estos porcentajes se pueden comparar con la pérdida observada en el envejecimiento normal, «por ejemplo, la pérdida longitudinal por año de ~0.2% (en la mediana edad) a 0.3% (en la vejez) del volumen del hipocampo en  individuos que viven en la comunidad».

Los participantes infectados tardaron significativamente más en completar tareas complejas que los participantes no infectados, una diferencia que fue más pronunciada a edades más avanzadas. No había signos de deterioro de la memoria.

Ningún otro estudio de imágenes cerebrales ha comparado las exploraciones antes y después de la infección por otros virus. Un análisis de control de 11 personas en el Biobanco del Reino Unido que desarrollaron neumonía no relacionada con la COVID-19 sugirió que los cambios cerebrales eran específicos de la COVID-19 y no efectos genéricos de enfermedades respiratorias.

Es importante señalar que sus estadísticas en el reporte de los autores representan un efecto promedio; no todos los participantes infectados mostrarán anomalías longitudinales cerebrales.

El estudio tuvo algunas limitaciones. No hubo información sobre los síntomas de COVID-19, incluida la pérdida del olfato o el gusto. Tampoco había una forma formal de determinar qué cepa de SARS-CoV-2 estaba involucrada, aunque la cohorte se infectó cuando la cepa original y la variante Alfa eran dominantes.

Estos resultados de imágenes del cerebro principalmente límbico pueden ser las características in vivo de una propagación degenerativa de la enfermedad a través de vías olfativas, de eventos neuroinflamatorios o de la pérdida de información sensorial debido a la anosmia. Queda por investigar con un seguimiento adicional si este impacto nocivo se puede revertir parcialmente o si estos efectos persistirán a largo plazo.

 

Ronald Palacios Castrillo, M.D.,Ph.D.