
El presidente de Costa Rica, Carlos Alvarado, quien se prepara para dejar el gobierno del país acordó una entrevista exclusiva a Radio Francia Internacional en la que hizo el balance de su mandato. “Me correspondió tomar decisiones que nadie había querido tomar, pero dejo un país en orden”; en Nicaragua “la situación semeja a lo que “pasó en la década de los setenta contra el dictador Somoza”, y calificó de “error” la política de rearme en occidente ante la guerra de Ucrania.
La elección presidencial del 3 de abril
Carlos Alvarado, quien ha gobernado Costa Rica los últimos cuatro años, se prepara a dejar el poder. Los electores ticos irán a las urnas el domingo próximo para elegir quien de entre José María Figueres y Rodrigo Chávez, dos promotores del liberalismo de mercado, le sucederá en la presidencia a partir de mayo, recibió a RFI en la Embajada de Costa Rica en Francia.
¿Qué país le deja a su sucesor?
— ‘Dejo la casa ordenada; saneamos las finanzas públicas, hicimos una reforma fiscal que era necesaria, sin privatizar nada y sin despedir personas. El año pasado no solo crecimos al 7,1%, sino que fue la primera vez en 14 años que el déficit primario fue de cero. Logramos restablecer las finanzas, y fue un año récord de exportaciones”. La parte económica, aún con pandemia, la dejamos con gran estabilidad para el próximo gobierno’.
=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas
‘Pero no solo. Protegimos y expandimos los derechos humanos, se aprobó el matrimonio igualitario, se permitió para las mujeres la anticoncepción de urgencia, y luchamos contra el populismo’.
En la primera vuelta electoral cuatro de cada diez electores decidió no ir a votar, pese a la presencia de 25 candidatos, la más amplia oferta política que se ha producido en el país. ¿Hay malestar, desconfianza de los políticos costarricenses?
— ‘Es un fenómeno generalizado de insatisfacción de las democracias. Las democracias en el mundo están viviendo momentos difíciles, más ahora que está mucho más claras las diferencias entre democracias y regímenes autocráticos. Espero podremos salir de estos momentos difíciles en Costa Rica y en el mundo y fortalecer nuestros sistemas’.
Y al mismo tiempo, en vísperas de esta segunda vuelta electoral, tres de cada diez electores dicen no tener confianza en ninguno de los dos finalistas.
— ‘Esas son también manifestaciones de la democracia, creo. Por mi condición de presidente y por la ley costarricense no me puedo referir específicamente a candidaturas o candidatos. Pero puedo hablar de manera general, y recuerdo algo que me dijo un amigo inglés. Me dijo, a veces pensamos que las elecciones y los candidatos son como un matrimonio, que uno tiene que escoger a la persona más afín a uno; pero él me decía en realidad las elecciones y los candidatos no son como un matrimonio, sino como el transporte público. Uno puede que le guste más uno, pero se debería montar en el que lo lleve más cerca de donde uno va. Y esa es la realidad de la democracia, nadie va a pensar en un mundo exactamente como uno, pero uno debería pensar en ir a aquel que tenga mayor afinidad y a donde uno cree que las cosas deben ir. Y esa es la imperfección, pero también la supremacía de la democracia’.
En las elecciones pasadas, cuando ganó la presidencia, obtuvo una de las votaciones más elevadas de la historia del país. Pero en estas elecciones su partido, el Partido Acción Ciudadana (PAC) se ha reducido a uno por ciento, despareció. ¿Qué pasó?
— ‘También, por ser un tema electoral, no podría profundizar hoy, en mi condición de presidente. Una vez que la deje podría profundizar. Lo que sí puedo decir es que las ideas que hemos impulsado tanto en derechos humanos como en protección de medio ambiente, o lo que hemos hecho por sanear las finanzas públicas, son ideas que sé prevalecerán, y son ideas por las que sé muchas personas están dispuestas a defender, más allá de una bandera específica. Permanecerán’.
A usted le tocó vivir una presidencia conflictiva. Según observadores, los analistas, es la segunda vez en más de cuarenta años que ha habido tanta protesta, bloqueos, paros, huelgas. ¿Por qué ese descontento?
— ‘Así es. Me correspondió tomar decisiones que el país había postergado por más de dos décadas, notablemente en materia fiscal. Veinte años de saber que existía un problema, pero de no actuar. Probablemente porque los actores políticos sabían el costo político y electoral de tomar decisiones. Me tocó enfrentar una huelga de 90 días, y muchos de los que manifestaron eran funcionarios públicos, y si no teníamos reformas no íbamos a tener para pagar los salarios’.
‘También hubo conflictividad por medidas que se tomaron durante la pandemia para proteger a la población, y eso que en Costa Rica nunca se ejecutó un toque de queda; nuestras medidas fueron menos severas. Eso coincidió con la necesidad de negociar con el Fondo Monetario Internacional (FMI), para financiar la fortaleza del país. E igual, con el Fondo Monetario no se privatizó ninguna institución o se despidieron funcionarios’.
Desempleo y pobreza, pesada herencia
La economía costarricense se ha recuperado de la caída económica que se produjo durante la pandemia. Pero quedan dos saldos bastante preocupantes: Por un lado, una tasa de pobreza que oscila entre el 20 y el 25 % de la población, y al mismo tiempo un desempleo estructural que oscila en torno al 10%.
— ‘En efecto, antes que iniciara la pandemia el desempleo en Costa Rica estaba en un 12%, y la pobreza estaba alrededor del 22%. Cuando golpea la pandemia estos indicadores suben; el desempleo se duplicó, y la pobreza pasó de un 23 a un 25%. Es decir, aún en el peor momento de la pandemia, gracias a las medidas que se adoptaron, se logró contener la pobreza, y hoy, dos años después, los niveles de pobreza están volviendo a su nivel pre pandemia y la pobreza también ha tenido su nivel de contención. Como gobernante hubiera deseado reducir el desempleo y reducir la pobreza, pero hay que entender también que nos tocó gobernar en medio de una pandemia, que generaba una presión absoluta en la dirección opuesta’.
¿Gobernar por referendum?
La ley le prohíbe de hablar de tal o cual candidato. En todo caso este domingo dos personas, José Maria Figueres, del Partido Liberal Nacional (PLN) y Rodrigo Chávez, del Partido Progreso Social Democrático (PPSD). Este último obtuvo apenas 10 de los 57 escaños del parlamento, muy por debajo de la mayoría para tomar decisiones. Chávez ha prometido gobernar por referéndums. ¿Le preocupa esta posición?
— ‘Lo que le puedo decir es que, en Costa Rica, como presidente, tengo prohibición por ley. Es lo que se llama beligerancia política, y como, no hay reelección, no me puedo relegir sino hasta dentro de ocho años. Lo que sí puedo decir es que, a mí, en 2018, me correspondió gobernar con 10 diputados, y logramos una serie importante de reformas políticas’
Pero lo hizo pasando por el Congreso, y aquí el tema es que el candidato dice que lo hará por referéndum.
‘Como le digo, a eso no me puedo referir, me puedo referir a lo que yo he hecho. Lo que hicimos fue apelar al diálogo, a las alianzas políticas, y también a que fuera el ejecutivo que estuviera dispuesto a asumir el liderazgo del costo político de las reformas’.
Los evangélicos, un tema a tratar con ‘delicadeza’
Al iniciar esta conversación hizo referencia a los derechos que han sido otorgados a las mujeres. Hay un partido, el Partido Nueva República, donde tienen gran influencia los evangélicos, se opuso radicalmente a la aprobación de esa ley. ¿Son un problema los evangélicos hoy en Costa Rica, como lo son en otros países?
— ‘Es un tema que hay que abordar, hay que tocar con delicadeza. Por ejemplo, en Costa Rica como en el resto de los países hay una gran comunidad cristiana, evangélica, que debe representar más del 20, cerca del 30% de la población. Pero de ahí a extrapolar que todo comportamiento cristiano o evangélico responde a un partido político es una extrapolación mayor. Que un partido tenga una línea no significa que todas las personas cristianas o evangélicas tengan esa línea’.
Ciertamente, pero ellos tienen diputados que votan
— ‘Es correcto, hay esos diputados con esa visión, pero incluso en el período que me correspondió, había una importante representación, y creo que una cosa positiva fue que hicimos avanzar una importante agenda de derechos, aún en un congreso que tenía una presencia muy importante de visiones conservadoras’..
Nicaragua, como en los años del dictador Somoza
Hablemos de dos temas de política exterior. Notablemente su relación con sus vecinos centroamericanos, una región donde hay conflictos cotidianos, crisis como sucede en Guatemala, El salvador o notablemente Nicaragua por la represión de Daniel Ortega. Ustedes han recibido más de 100 mil nicaragüenses durante su gobierno. ¿Qué representa socialmente como presión?, ¿cómo ve esta situación?
— ‘Costa Rica históricamente tiene una importante migración de Nicaragua. Cerca de medio millón. Siempre ha habido sinergia, muchos nicaragüenses trabajan, otras personas han pedido refugio, los 100 mil a que usted hace referencia. Habiendo dicho esto, las últimas migraciones de Nicaragua a Costa Rica temen que ver con la situación política. Muchas personas que han sido perseguidas y que piden refugio. Y sí, es lamentable que la oposición haya sido encarcelada. Los líderes de la oposición fueron encarcelados antes de las elecciones –elecciones entre comillas-, el año pasado.
‘La prensa libre fue silenciada, los medios de comunicación independientes, libres, fueron cerrados o perseguidos, encarcelados en algunos casos.
‘Igual que pasó en la década de los setentas, cuando se luchaba contra el dictador Somoza, muchas personas desde Nicaragua alzaron su voz para denunciar los atropellos de algo que ya dejó de tener rasgos democráticos.
‘Abogamos porque la comunidad internacional auspicie a que haya diálogo entre nicaragüenses, para que haya elecciones libres, transparentes, registradas. Eso es lo que debe haber, un diálogo para desembocar en una solución nicaragüense’.
La guerra en Ucrania puede generar conflictividad social
No podemos terminar esta entrevista sin evocar la guerra en Ucrania. La invasión rusa ha dejado más de 4 millones de exiliados y una décima parte de la población desplazada internamente. Las grandes potencias occidentales proponen como solución rearmarse. Costa Rica disolvió su ejército hace más de 70 años, ¿cómo ve esta carrera al armamentismo, al militarismo?
— ‘Hay varias cosas que decir al respecto. Primero, que la invasión de Putin a Ucrania va en contra del derecho internacional; nos duelen las muertes, los refugiados que ha generado este conflicto. Hay que subrayar que el impacto de este conflicto no es solo en Europa, a pesar de que en Ucrania se está sufriendo, como lo vemos. El impacto será para todo el mundo. Por ejemplo, en América Latina, si esta guerra se prolonga va a ser muy duro y puede generar conflictividad social. Y ¿por qué digo esto?, porque los precios de los combustibles se han disparado y seguimos siendo una región dependiente de los combustibles; porque los precios de los fertilizantes e insumos agropecuarios también se han disparado. Y América Latina puede ser una región que en su sector rural productivo deje de producir, y se genere desempleo. Eso es un riesgo real’.
‘Ese desempleo puede generar migraciones o conflictos nacionales porque la gente, -igual que en la pandemia hubo muertos pero el desempleo generó mucha conflictividad, esta situación de guerra puede generar mucha conflictividad a raíz de las problemáticas sociales’.
‘Creo que los Estados Unidos tanto como Europa deben tener esto muy en cuenta a la hora de lidiar con el conflicto. Creo yo hay que buscar una solución pacífica. Y en cuanto al armamento, por naturaleza los costarricenses, que han luchado por la paz, por el tratado para la eliminación de las armas nucleares, y luchamos por el descenso del gasto militar, lo vemos como un error. Y le voy a decir porqué lo vemos como error’.
‘Según el Foro Económico Mundial, según los principales expertos de seguridad del mundo, los principales riesgos de seguridad hoy, para la humanidad, son el calentamiento global, el cambio climático, y la desertificación de las áreas disponibles para producir comida. Esos son los principales riesgos de seguridad. Entonces, si la principal amenaza es el cambio climático, con la pérdida de biodiversidad, ¿por qué voy a invertir más plata en armas? Porque deberíamos invertir más dinero y más presupuestos en reducir las emisiones de CO2, apoyar las acciones de conservación basadas en la naturaleza, y buscar formas de alimentar a la humanidad que sean sostenibles. Si esas son las principales amenazas, allí es donde tiene que estar el dinero y no en armas’.
‘Desgraciadamente este conflicto está desviando la humanidad de su ruta a luchar contra el cambio climático, que e slo que puede hacer desaparecer este planeta, la vida’
