La UAGRM debe dejar de vivir en piloto automático


La conducta política de Max Mendoza (hoy preso) en las altas esferas del sistema público universitario boliviano es la manifestación más clara  de su crisis política-institucional que se puede entender de dos formas: como síntoma de una enfermedad incurable, o como un campanazo para que las palabras y los hechos en las universidades estatales deban orientarse hacia un cambio profundo donde lo académico-institucional condicione lo político-partidario y no al revés, como sucede en la realidad (caldo de cultivo para reproducir en cadena réplicas de Max Mendoza).

Opto por entender la crisis universitaria como un campanazo o señal para tomar conciencia de que las cosas, las palabras y los hechos en las universidades públicas deben transformarse. Salir de esa dinámica política-partidaria que las reduce a un microcosmo amurallado sin capacidad de reconocer que hay vida académica más allá de sus tejemanejes internos o luchas por espacios de poder, donde las estrategias discursivas de esperanzas de cambio solo se vuelven intensas en tiempos electorales, es un imperativo.



En el caso específico de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno, un paso importante para salir de ese microcosmo amurallado es dejar de vivir en piloto automático. Es decir, dejar de vivir por inercia, desasir los hábitos y pensamientos enfocados en reproducir bloques de poder bajo lógicas políticas-partidarias que inhiben la flexibilidad institucional, el pensamiento crítico y las innovaciones académicas.

Ahora bien, el establecimiento de un límite de permanencia como estudiante (8 años) para la formación profesional, el referéndum que negó la posibilidad de la reelección de autoridades legislativas en diferentes instancias de poder (recientemente electas), y, el desarrollo de cursos sobre la elaboración de artículos científicos y de divulgación para los docentes, entre otras medidas (políticas y académicas) en proceso de construcción, son señales de que la actual gestión universitaria pretende dejar el piloto automático.

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No obstante, son necesarios mayores incentivos institucionales para que los docentes sientan la motivación de producir más conocimientos científicos e innovaciones tecnológicas. Acoto algunas condiciones previas para su efecto: fluidez del financiamiento económico mediante fondos concursables, acceso a fuentes de información como son las bases de datos e índices de revistas científicas, y que la producción académica otorgue mayores puntajes en el escalafón docente (no única y exclusivamente los cargos políticos condicionados por el voto electoral).

 Es de conocimiento público y añejo (constituido ahora en un cliché) el que la UAGRM y varias universidades del sistema público boliviano no aparecen en los rankings internacionales de calidad universitaria, pero su repetición como mantra solo alimenta la autodenigración.

Es indudable que Max Mendoza representa lo más vil de una forma de vida en el microcosmo universitario, donde el curso de la política determina el trayecto de la academia y no permite que sean instituciones competitivas a nivel Latinoamericano. Sin embargo, también es indudable que en la UAGRM habitan actores académicos, institucionales y políticos que quieren hacer las cosas de una manera diferente.

Desasir hábitos y pensamientos estructurados no es tarea fácil porque están rutinizados, pero es imperativo un entendimiento entre sus diferentes actores para cambiar el plan de vuelo.

 

José Orlando Peralta Beltrán es  Politólogo