Doscientos metros hundidos del Cerro Rico


Han pasado ya varios años que Potosí reclama por recursos para reponer la cresta de su Cerro Rico que se ha venido desmoronando, por tanto, perdiendo la belleza de su cúspide que inspiró el «logotipe» del escudo de armas de Bolivia. Ocurrió en 1545 Diego Huallpa había acampado cerca de la cumbre, los españoles en busca de riqueza pronto confirmaron que las vetas de plata se hallaban a flor de tierra. Juan de Villarroel no tardó en posesionarse de la montaña poblada en poco tiempo y bautizada como Villa Imperial de Carlos V, el monarca que había mandado la expedición de Colón, Cortez, Almagro y Pizarro. En pocos meses de ser un desierto en Los Andes pudo contar más de cinco meses pobladores.

Gracias a documentos irrefutables en 1948 desde Potosí salió la primera gran expedición compuesta por 100 españoles, mil arrieros, cientos de llamas (portadoras de la preciosa carga) hacia Arequipa, al primer embarque sucedieron otros con mayor frecuencia de modo que por el 1600 el Virrey ordenó construir un fuerte en Curahuara de Carangas y una Iglesia. Tanta riqueza aglutinó hasta 160 mil habitantes, como Sevilla y mayor entonces a las de París y Londres. ¡Oh portento! ¡El Cerro Rico había producido el prodigio!



Al estallar la Guerra de los 15 años, Potosí perdió su gran población, la plata salía no ya desde Lima, sino desde Buenos Aires con destino a Madrid, de modo que al obtener Bolívar y Sucre la Independencia Bolivia en 1825, decidieron llegar hasta la cúspide e hicieron flamear las banderas de Colombia, Venezuela y Perú. Célebre el discurso del gran Simón Bolívar desde lo más alto del Cerro Rico. Proclama de Libertad e Independencia de todo poder.

El Cerro fue explotado sin pausa hasta cuando, para preservar su genuina estructura cónica las NNUU declararon la montaña como Patrimonio Natural y Cultural de la Humanidad en 1990 el Estado declaró a Potosí Monumento Nacional. Hoy se sabe que 619 bocaminas posee el Cerro Rico de las que 200 no tienen acceso. Al producirse el hundimiento de algunos desmontes en la cúspide de 4.000 metros sobre el nivel del mar, los potosinos alzaron el grito al cielo y demandaron de los gobernantes soluciones para detener el deterioro visible a miles de metros de distancia. Todavía hoy se extrae la plata, el zinc, el antimonio y el estaño, por obra de unos dos mil mineros que transitan por las galerías subterráneas, faena que se extiende a 24 horas de inmisericorde explotación, cooperativas (en realidad grupos de trabajo) bajo la conducción de capataces que hacen de patrones, venden los minerales a rescatistas que se encargan de la exportación.

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Periodistas meritorios como Toro Moncayo han realizado un seguimiento del proceso de explotación que resulta siendo responsable del desmoronamiento y han mostrado que funcionarios públicos tanto de la Corporación Minera de Bolivia como de la Gobernación y la Alcaldía Municipal son cómplices de esta desgracia que podría despojar a Potosí de los lauros por su aspecto exterior, único y bello! De ahí nuestro clamor, que se suma al de miles de potosinos desperdigados por el mundo entero. Salvemos al Cerro Rico, aunque con pocas esperanzas de ser oídos. Hay desidia y falta de voluntad política para acometer esta tarea de salvaguarda y preservación de nuestro Cerro Rico de Potosí.

Mauricio Aira