La Patria sangra y los bolivianos lloran                       


 

Cuando se dan las evidencias de una insospechada corrupción, cuando el manoseo de lo más sagrado que tenemos la Libertad y la Justicia no dejan dudas de estar los bolivianos sujetos a los mandatos de Cuba y todo lo que representa el SSXXI, dan ganas de llorar. La impotencia es tal que muchos huyen de Bolivia, la abandonan, presumiendo que los males aún serán mayores a los de hoy. Que el narcotráfico se hará dueño del poder, que el robo y la corrupción lejos de desaparecer seguirán en perenne aumento, desterrando para siempre la quimera de una nación justa, progresista, respetuosa de sus habitantes y de sus leyes.



La elocuencia de los últimos sucesos, incluyendo la trifulca masista al punto que Raúl Castro mandó a llamar a sus dos acólitos Evo y Arce, les dio de coscorrones y ordenó una forzada «reconciliación» porque el MAS está a punto de perderlo todo. Y ésto lo del tirón de orejas, Castro lo hace sin ruborizarse, a ojos vista, en un escenario que a los patriotas bolivianos les hace exclamar «traición a la Patria» subordinarlo todo con tal de tener el respaldo del castrochavismo, convertido en instrumento de la criminalidad, de la injusticia, de la dominación más ignominiosa.

Claro está Bolivia, yace en la nostalgia de días mejores, olvida el dolor y acepta la quimera de vanas promesas de bienestar y abundancia. Colectivo pacifista y dialogador, el boliviano siempre está a las puertas, espera reanudar el intercambio y avenirse al diálogo sempiterno en la vorágine de la violencia y el no me importismo, de los mandatarios más preocupados en la inefable retención del poder, en el efímero disfrute del poder sin pensar en el desenlace trágico que está a las puertas, en el mañana próximo.

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Lo más doloroso está en el rocambolesco juego, desde la autoridad al sempiterno sometimiento del pueblo que no termina de «obedecer sus directivas» por muy perversas que sean, alentado por un cambio que sepulte la iniquidad, el autoritarismo, la injusticia.

Basta ya de ser pusilánimes y condescendientes con el masismo. Detengamos el brazo que sojuzga y es causa del dolor, el sufrimiento, especialmente de los más humildes. Es la hora de la rebelión y el alzamiento cívico parando la destrucción, el sometimiento, la confrontación y el odio entre bolivianos.

 

Mauricio Aira