Lic Rubén Suarez
En la historia política mundial, han existido numerosos casos de egocentrismo, idolatría y fanatismo religioso que han desembocado en crisis democráticas y sociales. Bolivia no es la excepción, y en la actualidad se enfrenta a un fenómeno preocupante: el personalismo político extremo y el fanatismo en torno a la figura de Evo Morales Ayma, ex presidente y líder cocalero, lo que ha generado graves distorsiones en la vida política y democrática del país.
Este fanatismo ha impedido el surgimiento de nuevos líderes, tanto hombres como mujeres, debido a una estructura de poder basada en la lealtad incondicional a una sola persona.
Quienes se han atrevido a cuestionar o disentir han sido sistemáticamente marginados (Andronico Rodríguez, Angélica Ponce entre otros ) y tratando de eliminarlos del escenario político, convirtiéndolos en lo que se conoce como «cadáveres políticos». Este fenómeno ha sido impulsado por una ignorancia colectiva que se ha consolidado con el tiempo, permitiendo la creación de un partido político con el nombre de «Evo Pueblo», algo sin precedentes en el mundo democrático moderno y que contradice los principios fundamentales de la democracia.
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El mito de la bonanza económica durante el gobierno de Evo Morales ha sido una de las razones clave detrás de este fenómeno. Sin embargo, es necesario recordar que dicho crecimiento no fue exclusivo de Bolivia, sino que se debió a una coyuntura internacional favorable que benefició a toda América del Sur. No obstante, el exmandatario ha logrado mantener una base de apoyo basada en esta percepción de prosperidad pasada, lo que ha servido para sostener su influencia política a pesar de las acusaciones en su contra.
Actualmente, Evo Morales enfrenta múltiples órdenes de aprehensión emitidas por la justicia de Tarija, mientras que el Tribunal Supremo Electoral de Bolivia lo ha inhabilitado políticamente. Entre las denuncias más graves en su contra, se incluyen casos de trata y tráfico de personas, los cuales requieren una investigación transparente y un debido proceso judicial. Para esclarecer estos hechos, sería fundamental que el acusado se sometiera a pruebas de ADN y a la justicia, pero hasta la fecha ha optado por evadir su comparecencia, refugiándose en el Trópico de Cochabamba. Allí, según diversos reportes, opera con una estructura de protección similar a la de los grupos criminales organizados, con guardias escalonados y mecanismos de seguridad que impiden su captura.
Este accionar no solo va en contra de todas las normas democráticas, sino que también desafía la autoridad legítima de la justicia boliviana. Además, la imposición del nombre de un ex líder a un partido político es una práctica que contradice los principios democráticos y refuerza el culto a la personalidad, un rasgo característico de los regímenes autocráticos.
La situación en el Trópico de Cochabamba es aún más alarmante, pues, según múltiples denuncias, se ha instaurado una dictadura sindical en la zona, donde las personas son obligadas a participar en actos políticos y brindar protección a Evo Morales. Casos como el de Gregorio Mamani, Angélica Ponce y el reciente asesinato de un líder juvenil vinculado a Andrónico Rodríguez han puesto en evidencia la persecución política dentro de este sector. A esto se suman las amenazas constantes contra quienes osan desafiar la estructura de poder impuesta en la región.
El Mesianismo Político: Comparaciones con el Nazismo y el Sionismo
La actitud mesiánica de Evo Morales guarda similitudes con movimientos históricos donde el culto a la personalidad y la imposición de una ideología única han sido pilares fundamentales. En este sentido, se pueden establecer paralelismos con el nazismo, donde Adolf Hitler instauró un régimen basado en la supuesta superioridad de una ideología y en la eliminación sistemática de cualquier forma de disidencia. Al igual que Hitler, Evo Morales ha promovido un liderazgo incuestionable, impidiendo la renovación política y eliminando cualquier oposición dentro de su propio partido y de la política nacional.
Asimismo, la estructura de poder que Morales ha construido en el Trópico de Cochabamba se asemeja a la lógica de dominio absoluto que algunos sectores sionistas han promovido, en donde se prioriza la supremacía de un grupo sobre el resto de la sociedad. En este caso, Morales ha establecido un control absoluto sobre las federaciones cocaleras, convirtiéndolas en un bastión inquebrantable donde se obliga a los pobladores a seguir su liderazgo bajo amenazas y coerción.
Un Proyecto de Transformación para Bolivia
Para que Bolivia pueda encaminarse hacia un rumbo de progreso y consolidar un proyecto alternativo realista con orientación socialista, es imprescindible la presencia del Movimiento al Socialismo – Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP) en el gobierno. Este partido, más allá del liderazgo de Evo Morales, cuenta con figuras de alta valía que pueden aportar una renovación política necesaria para el país cumpliendo con la Constitución de igualdad de género Dentro de esta nueva generación de líderes mujeres, destaca la figura de Angélica Ponce.
Angélica Ponce es una líder social y sindical con un fuerte arraigo en los movimientos populares. Madre, mujer originaria y de pollera, ha representado una voz de lucha y resistencia dentro del MAS-IPSP, promoviendo la inclusión de mujeres y sectores históricamente marginados en la política boliviana. Su liderazgo se ha destacado por su enfoque en la justicia social, los derechos de las mujeres y la reivindicación de las comunidades indígenas. Su trayectoria la posiciona como una candidata ideal para formar parte de la dupla presidencial del
MAS en las próximas elecciones, representando un verdadero cambio y una alternativa frente al personalismo que ha dominado la estructura del partido en los últimos años.
La consolidación de un binomio presidencial con una figura como Angélica Ponce permitiría al MAS-IPSP recuperar su esencia original, centrada en la construcción colectiva y en la representación genuina de los sectores populares.
Su liderazgo podría marcar un nuevo rumbo para el país, promoviendo una política de unidad, equidad y justicia social, alejada del caudillismo que ha afectado al partido en el pasado.
Es imprescindible que las autoridades bolivianas y la comunidad internacional presten atención a esta problemática y actúen en consecuencia. La democracia no puede permitir la instauración de un liderazgo basado en el miedo, la coacción y la impunidad. Bolivia necesita un sistema político que garantice la participación libre de todos sus ciudadanos, sin ataduras a personalismos que solo perpetúan el estancamiento democrático y el abuso de poder.
Abril 2025