Cuando se anuncian elecciones generales, la gente se preocupa por buscar el candidato que le gusta. A veces, como es hoy, ya no se trata de gusto o simpatía, sino del candidato que puede salvarla de la debacle, dada la pésima situación por la que atravesamos. Sin embargo, en Bolivia existen solo dos opciones en estos tiempos: compostura o desorden. A los primeros se los llama derechistas y los otros se denominan, ellos mismos, izquierdistas. No son lo uno ni lo otro: unos se pierden en la intención del buen gobierno ordenado y los otros son pura chamuchina populista. Es a estos últimos, a los del MAS y sus derivados, a quienes hay que sacar del poder a cualquier costo, para que no acaben con el país. De lo contrario, todo esfuerzo sería vano.
Habíamos afirmado que desconfiábamos de las encuestas y que no nos referiríamos a estas estadísticas que a veces resultan tan peligrosas como jugar a la ruleta. Pese a todo, sin candidatos reales aún, por lo tanto, sin debates del máximo nivel, ¿cómo se puede saber quién es mejor o peor? ¿Cómo saber qué piensa el ciudadano para emitir su voto? Porque los postulantes solo hacen declaraciones a la prensa, palabras facilonas, repetitivas, que llegan al hastío de tanto verlos y oírlos. Se presentan sin un anuncio político que provoque impacto y curiosidad entre el público votante. Más tarde, lo harán con música en vivo o con amplificadores, bailes típicos o reguetón, cohetes, bocinazos, sanguches de chola, chorizos, y cerveza paceña. ¿Y los debates? ¿Para cuándo?
¿Por qué pienso que vamos a vivir en el “reino de la locura” en los próximos meses? Porque, justamente, estaremos pendientes de las encuestas hasta el último día en que sean permitidas, en agosto. Y si hay balotaje, como es probable, tendremos encuestas hasta el mes de noviembre. ¿Cuántas? ¿Un centenar? Seguro que sí. Un centenar o más de estadísticas electorales, de las que nunca sabremos cuáles fueron reales y cuáles falsas, cuáles exageradas y cuáles disminuidas.
Por lo menos en este inicio de precandidaturas ya empieza a mostrar su cara fea el “reino de la locura”. Comenzamos temprano, con una encuestita que salió por ahí, donde aparecía en primer lugar, con cierta ventaja, Manfred Reyes Villa. No nos asombró en absoluto. Luego otra, donde Reyes Villa empatado con Evo Morales, se repartían los votos y quedaba segundo Tuto Quiroga, y muy abajo Samuel Doria Medina, superado por el misterioso coreano nacionalizado boliviano, señor Chi Hyun Chung. En último lugar, con el 1% el actual presidente Luis Arce. Que Reyes Villa tuviera una buena votación era natural, pero que arrasara como un sunami, no. Tampoco que figurara Evo Morales, personaje que está inhabilitado por tramposo y excitado, para participar en las elecciones. Ahí la gente empezó a comentar mal.
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De pronto se empezó a hundir como el “Titanic” Reyes Villa, desapareció Morales de la lista de aspirantes, y ascendió al primer lugar Tuto Quiroga y Samuel Doria mostró que no estaba muerto. Pero quien subía peldaños paso a paso, con su apariencia de espía en la Casa Blanca, era el enigmático señor Chi, que señalaba que no se había presentado para conformarse con unos cuantos diputados y nada más. El presidente Luis Arce, seguía con su solitario 1%.
Tuto Quiroga se afirmó como el candidato más importante de la oposición durante varios días y con gran popularidad en Santa Cruz, pero Doria Medina se le acercaba con un buen caudal en el occidente del país, a la vez que el arcano señor Chi superaba a su aliado Reyes Villa que se iba hundiendo (o parecía) en ese mar bravo que son las elecciones. Y el presidente Luis Arce, inmutable, recibía lo suyo: 1%.
No extrañaba que Tuto estuviera primero en las preferencias y que Samuel ascendiera, pero sí que Reyes Villa cayera y el misterioso y deslenguado Chi siguiera subiendo y lanzara un reto que nos dejó mudos a todos. Dijo que Reyes Villa iba a apoyar su candidatura porque eso ya lo habían decidido las encuestas, pero le pedía a Doria Medina que fuera inteligente y que también se sumara a su liderazgo para vencer en agosto. No sabemos la cara que puso Samuel, que ya estaba primero, superando por un punto a Tuto, pero imaginamos que, por lo menos, se le escapó una sonrisa.
Y dentro de este berenjenal que lo describo acudiendo a mi memoria agotada de tantos recuerdos, ha llegado la encuesta de Marcelo Claure, del domingo pasado. La han llamado la “Megaencuesta”, porque se realizó sobre una muestra de 5.000 personas, en las 112 provincias del país, con un margen de error de 1.4%. Y ahí, el “reino de la locura” volvió a hacerse presente, porque apareció sorpresivamente el escondido e indescifrable Andrónico Rodríguez encabezando a los candidatos con un 25% de las preferencias, dejando en el segundo lugar a Samuel Doria Medina con el 16%, a Tuto Quiroga con el 15%, al extravagante señor Chi con 13% y al capitán Reyes Villa con tan solo 11%. Tuvieron compasión con el presidente Arce, que esta vez no figuró en la puja. Tampoco Morales para no desvirtuar el esfuerzo estadístico.
En cuanto a Andrónico, algo más: horas antes estuvo en el Chapare al lado de Morales jurando que no sería candidato, que el hombre de la película era Evo, y rogando a la prensa que lo dejara en paz porque él no acudiría a las urnas. Sin embargo, por lo menos en Santa Cruz, ya se han abierto casas de campaña para promover a Andrónico. Eso no se hace sin conocimiento del interesado. Y, además, la señora Copa, jefa de MORENA en la populosa, El Alto, ha dicho que no le disgustaría ser aliada de Andrónico.
¿Tiene importancia esta encuesta? Mucha. Aunque no creamos en las cifras que emiten, ahora sí que existe un mensaje que ha llegado a tiempo, que puede ser salvador y que lo entienden hasta los más lelos. Hoy, más que nunca, los liberales, conservadores, moderados, derechistas, neoliberales o como se llamen, tienen que buscar la candidatura única, porque, al parecer, la postulación de Andrónico Rodríguez es inevitable y además de los masistas desencantados, puede recibir los votos tanto del evismo como del arcismo, única manera que unos y otros se salven de ir a rendir cuentas a la justicia y eso no lo van a dejar pasar. En cuanto a los opositores, o se suman o se sumen. O se suman para ganar o se sumen en el infierno que nos espera.