Según los datos del INE, el 40,1% se encuentran en el umbral de la pobreza, el 26,1% se ubica en la pobreza moderada y un 3,6% en la indigencia. En el país hay 5,8 millones de personas con algún trabajo.
Fuente: El Deber
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De acuerdo con los datos del censo 2024, realizados por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), de los 10,9 millones de personas censadas, solo el 30% señaló tener sus necesidades básicas satisfechas.
El economista, Germán Molina, explicó que el porcentaje es bajo y que esto impacta en la calidad de vida de las personas.
Molina sostuvo que las necesidades básicas pueden ser entendidas como el acceso a la alimentación, a la salud, a contar con una vivienda y un espacio adecuado, como así también contar con protección y abrigo.
En este sentido los datos del INE refljan que la atención en el tema salud es inadecuado ya que solo el 16,1% de los censados esta satisfecho con el servicio de salud del país, el 31% considera que la educación es insuficiente, el 17,9% ve que es servicio de insumos energéticos es inadecuado.
Mientras que, el acceso a agua y saneamiento es considerado inadecuado ya que solo el 28,8%, està satisfecho con lo que actualmente se le brinda. La posibilidad de contar con un espacio adecuado en el ámbito de la vivienda es considerado insuficiente ya que un 64,2% le baja el pulgar, en cuanto a la calidad de los materiales de las viviendas, el 21,2% considera que son insuficientes.
“Estos indicadores de alguna manera reflejan la calidad de vida de las personas. Permiten interpretar un dato cualitativo que interpela que tipo de educación, salud, energía y vivenda tienen la mayoría del apoblaciòn de país”, reflexionó Molina.
Que remarcó que los indicadores del Censo 2024 revelan una realidad crítica: en Bolivia, la gran mayoría de la población carece de una satisfacción mínima de sus necesidades básicas. Comparado con otros países de América Latina, los niveles de insatisfacción en salud, energía, vivienda y educación son particularmente altos. Todo esto sugiere la urgencia de rediseñar políticas públicas sociales con mayor inversión y enfoque en equidad, eficiencia y cobertura universal.
Otro dato que refleja el censo es que el 40,1%, de los consultados, se encuentran en el umbral de la pobreza, el 26,1% se ubica en la pobreza moderada y un 3,6% en la indigencia.
Sobre el tema, Jimmy Osorio, puntualizó que estos datos van a permitir elaborar políticas de planificación que sirvan para atender de mejor manera las necesidades de la población.
Sobre la pobreza, Osorio precisó que, durante la primera década del siglo XXI, Bolivia experimentó una notable mejoría socioeconómica.
“Entre 2005 y 2015, la pobreza extrema cayó del 39 % al 16,8 % gracias a políticas sociales implementadas por la administración de Evo Morales, como bonos universales, alfabetización y nacionalización de recursos naturales. En 2021, la pobreza moderada alcanzó el 36,4 %.
Para Molina el censo de 2024 indica que el porcentaje total en pobreza (umbral) ha subido a 40,1 %, un resultado que sugiere un retroceso de varios puntos porcentuales en relación con 2021. La excepción es la indigencia, que se mantiene en niveles más bajos (3,6 %), pero aún representa una fractura social severa.
La pobreza moderada (26,1 %) es el equivalente a quienes no alcanzan a satisfacer totalmente sus necesidades básicas, se ubica en un rango similar al que en anteriores años se ha identificado como “vulnerabilidad social”.
Mientras que, la Indigencia (3,6 %) corresponde a quienes viven bajo los estándares más críticos, con ingresos insuficientes incluso para alimentarse con lo esencial.
Según fuentes del Banco Mundial y organismos internacionales, varios factores recientes han frenado los avances. En 2022, la tasa de pobreza internacional (línea de $us 2,15/día) llegaba al 2,8 %, pero la medida nacional mostraba 37,7 % de pobreza
Deterioro en los ingresos reales, la eliminación de transferencias postpandemia, aumento de precios de alimentos, y tensiones sociales en regiones agrícolas como Santa Cruz contribuyeron al desgaste de los avances recientes.
Informalidad laboral persistente, especialmente en zonas rurales y entre mujeres indígenas, genera empleos precarios y bajos ingresos
El impacto de la pobreza sigue siendo mayor entre pueblos indígenas y mujeres. Informes indican que hasta el 75 % de las personas en pobreza multidimensional son indígenas, y las niñas indígenas enfrentan tasas de pobreza infantil del 65 %
Además, la brecha de participación laboral urbano-rural y de género se mantiene significativa: las mujeres, sobre todo en áreas rurales, tienen menor acceso a empleo formal y menores ingresos.
Molina hace notar que, aunque en las décadas pasadas Bolivia avanzó hacia una reducción histórica de la pobreza—desde niveles superiores al 60 % en 2000 hasta alrededor del 16–18 % en la era Morales—los datos del censo 2024 evidencian un estancamiento preocupante. Con el 40,1 % en pobreza total y un segmento vulnerable cada vez más grande, el país enfrenta un desafío urgente: la recuperación del espacio fiscal y la reinvención de políticas sociales inclusivas y focalizadas.
“Volver a la senda de reducción de la pobreza requerirá no solo recursos, sino también nuevas estrategias para atender la informalidad laboral, la desigualdad étnica y de género, y para responder a limitaciones estructurales del desarrollo económico en el contexto actual”, sostuvo el economista.
Generación de trabajo
Los resultados del censo 2024 arrojan una radiografía clave sobre el mercado laboral en Bolivia. Según los datos oficiales, de los 11,2 millones de personas que especificaron su condición de actividad, 8,1 millones están en edad de trabajar y 5,9 millones forman parte de la población económicamente activa (PEA), es decir, que están trabajando o buscando empleo.
De ese total, 5,8 millones declararon tener una ocupación, lo que refleja una tasa de ocupación superior al 95 % dentro de la PEA.
En otras palabras, casi seis de cada diez bolivianos en edad de trabajar cuentan con un empleo, mientras que el resto permanece fuera del mercado laboral ya sea por estudio, tareas del hogar, jubilación u otras razones, detalló Osorio.
En el Censo 2012, la PEA llegaba a 4,4 millones de personas, con 4,1 millones ocupados. En apenas 12 años, la fuerza laboral creció en más de 1,5 millones, lo que representa un incremento de alrededor del 36 %. Este crecimiento se explica tanto por el bono demográfico —mayor cantidad de población joven en edad de trabajar— como por la incorporación creciente de mujeres al mercado laboral.
Aunque las cifras de ocupación son altas, organismos internacionales como la Organización Internacional de Trabajo (OIT) y el Banco Mundial advierten que en Bolivia siete de cada diez empleos son informales. Esto significa que gran parte de los ocupados carecen de beneficios sociales, estabilidad laboral o acceso a seguridad social.
La estructura productiva poco diversificada y la fuerte dependencia del comercio, los servicios y la agricultura de subsistencia explican esta tendencia. De hecho, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), más del 60 % de los trabajadores independientes se concentran en actividades de baja productividad.
Con una población económicamente activa que bordea los seis millones de personas, el país enfrenta el desafío de generar empleo formal, de calidad y sostenible para absorber a los nuevos trabajadores que se incorporarán en la próxima década.
Fuente: El Deber