El polvo de tanino extraído de los árboles chaqueños, un 40% procedente de desmontes ilegales, es muy apreciado por las marcas de lujo para acabar ciertos productos de élite

Fuente: El País.bo
En el corazón del Gran Chaco argentino —uno de los bosques secos más biodiversos del planeta y, al mismo tiempo, uno de los más amenazados— avanza silenciosa una actividad que pocos conocen pero que abastece a algunas de las marcas más prestigiosas del mundo: la extracción de tanino del quebracho colorado. Este compuesto vegetal, obtenido del corazón del tronco, es fundamental para la curtiembre de cueros que luego se transforman en zapatos, bolsos o tapizados vendidos por firmas como Prada, Ralph Lauren y H&M.
El proceso es lento y artesanal, pero altamente rentable. El polvo de tanino se exporta desde Buenos Aires a unos cincuenta países, aunque científicos estiman que alrededor del 40% de la madera utilizada proviene de talas ilegales. Empresas como Unitan (argentinas) e Indunor/Silvateam (italianas) procesan miles de toneladas de quebracho, acumulando extensos campos de troncos en las afueras de localidades chaqueñas.
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La investigación relata la vida de Carlos, un poblador del paraje Los Rosales que —sin saberlo— vive rodeado de la materia prima que sostiene una industria global multimillonaria. Su historia sirve como puerta de entrada a un escenario mayor: un territorio arrasado por la deforestación. En las últimas dos décadas, más de 13 millones de hectáreas desaparecieron del Gran Chaco.
Aunque desde 2007 rige la Ley de Bosques Nativos, que clasifica las zonas según su nivel de protección, la norma se incumple sistemáticamente. Investigadores como Matías Mastrángelo (CONICET) advierten que ya no quedan montes intactos: todos presentan algún grado de degradación, y la desertificación avanza a gran velocidad.
El reportaje detalla también el rol de los guardaparques, como Natay, que denuncian desmontes ilegales operados por topadoras que arrasan miles de hectáreas sin permisos. El transporte de madera debería controlarse con guías forestales obligatorias, pero la fiscalización estatal es débil y la corrupción, persistente. La causa judicial conocida como “La mafia del desmonte” expuso guías adulteradas e infladas, y movimientos de madera sin documentación.
La minería de árboles —tal como la describe el físico Riccardo “Dardo” Tiddi— sostiene una cadena económica que empieza con trabajadores precarizados, pasa por productores forestales, empresas tanineras y exportadores, y termina en las vidrieras del lujo mundial. Sin embargo, la mayor parte de los impactos queda en el territorio: pérdida de biodiversidad, degradación del suelo, conflictos por la tierra y debilitamiento de las comunidades locales.
Una articulación internacional de periodistas e investigadores (en Argentina, Italia y Holanda, con apoyo del centro SOMO) reconstruyó la ruta del tanino desde el Impenetrable chaqueño hasta las curtiembres europeas, revelando la profunda huella ambiental y social tras un insumo invisible para el consumidor final.
El reportaje completo —que recomendamos leer— pone en evidencia cómo un producto marginal del bosque, desconocido incluso para muchos de sus habitantes, sostiene una industria global mientras acelera el deterioro de uno de los ecosistemas más valiosos de Sudamérica.
El deterioro del quebracho colorado en Bolivia
El bosque chaqueño boliviano está experimentando una grave crisis: el Gran Chaco ha perdido cerca del 32 % de su cobertura forestal nativa. Esa destrucción no se distribuye de manera uniforme: municipios como Yacuiba, Villa Montes o Caraparí (departamento de Tarija) lideran los índices de deforestación, impulsados principalmente por la producción de carbón vegetal, la expansión agropecuaria y el desmonte ilegal.
Entre las especies más afectadas figura precisamente el quebracho colorado —árbol duro, de crecimiento lento y de alto valor ecológico y cultural—, ampliamente utilizado para producir carbón vegetal de alta demanda. Además del carbón, su madera y otras especies afines se utilizan en construcciones rústicas, cercados y producción artesanal, y la presión extractiva sobre los bosques nativos ha intensificado durante las últimas décadas.
El impacto de la tala indiscriminada va mucho más allá de la pérdida de árboles. El Gran Chaco actúa como regulación del clima, protección de suelos, refugio de biodiversidad y fuente de medios de vida para comunidades indígenas y campesinas. Con cada hectárea desmontada, crece el riesgo de desertificación, escasez de agua y colapso ecológico.
Organizaciones de la sociedad civil y comunidades locales han denunciado que buena parte del desmonte ocurre bajo la apariencia de actividad “legal”: permisos de tala o quema controlada autorizados por la autoridad competente, aunque muchas veces se usan para extracción de carbón o forestal ilícito. En consecuencia, el bosque chaqueño se reduce cada año un poco más —sin reforestación real ni políticas efectivas de conservación.
Este escenario plantea una pregunta crítica para las organizaciones ecologistas en Bolivia: si no protegemos el quebracho colorado y el monte chaqueño, ¿qué legado ambiental y social dejaremos a futuras generaciones? La urgencia de políticas de conservación reales, fiscalización de desmontes y promoción de alternativas productivas sostenibles es ineludible.
Fuente: El País.bo