El yo fantasmático(phantom self) del 74%: Por qué las redes sociales están produciendo una nueva forma de la «desesperación» de Kierkegaard


Un análisis estratégico de la fragmentación algorítmica de la identidad humana

 

Ronald Palacios Castrillo, M.D.,PhD.



Estamos asistiendo a un evento ontológico masivo. No se trata meramente de una crisis de salud mental, ni tampoco de una simple adicción a la dopamina. Se trata de una reestructuración fundamental del yo humano, predicha hace casi 175 años por el filósofo danés Søren Kierkegaard. En su obra maestra de 1849, La enfermedad mortal, Kierkegaard definió la «desesperación» no como tristeza, sino como un desalineamiento del yo: un fracaso en el equilibrio entre lo «finito» (nuestra realidad física, limitaciones y necesidades) y lo «infinito» (nuestra imaginación, posibilidades y conciencia).

Hoy, esta delicada síntesis ha sido secuestrada por una arquitectura algorítmica diseñada para monetizar lo «infinito» a expensas de lo «finito». Datos recientes indican que el 74% de los nativos digitales presenta ahora una persona «fundamentalmente diferente» en línea que en la realidad, generando una fractura permanente en su identidad. Esta es la nueva forma de desesperación: un estado en el que el avatar digital es más vívido, más exigente y más «real» que el yo biológico. Para los líderes industriales y los responsables de políticas públicas, comprender este cambio ya no es opcional: es la clave para descifrar el comportamiento errático del consumidor moderno, la polarización del electorado y el colapso del compromiso en la fuerza laboral.

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La anatomía de la desesperación algorítmica

Kierkegaard identificó dos formas principales de desesperación: la desesperación de la debilidad (no querer ser uno mismo) y la desesperación de la rebeldía (querer ser un yo que no se es). Las redes sociales han industrializado ambas, creando un ecosistema de bucle cerrado que castiga la autenticidad y recompensa la fabricación de la identidad.

La desesperación de la debilidad: La «multitud» como la nueva verdad

Kierkegaard advirtió famosamente que «la multitud es la no-verdad». Argumentaba que el individuo pierde su alma al entregar su juicio a las masas. En 2025, la «multitud» ya no es una reunión física; es una métrica cuantificada. El algoritmo crea un «estándar universal» hipervisible de belleza, éxito y felicidad que es estadísticamente imposible de alcanzar, pero que se presenta universalmente como la norma.

Esto genera la «desesperación de la debilidad»: el individuo contempla la perfección agregada del feed, desprecia su propia realidad finita y desea ser cualquiera menos él mismo. Disuelve su identidad en la tendencia, el filtro y el consenso.

Los datos anteriores revelan la eficiencia de esta máquina. Con el 90% de las mujeres y el 93% de la generación Z comparando activamente sus vidas «finitas» con la curación «infinita» de los demás, el resultado es una producción masiva de inadecuación. Esto no es un subproducto accidental; es el motor económico de la plataforma. Un usuario en desesperación es un usuario que compra. Compra productos de belleza para arreglar lo «finito», cursos para desbloquear lo «infinito» y suscripciones para mantener la ilusión.

La desesperación de la rebeldía: El surgimiento del yo fantasmático

Si la desesperación de la debilidad consiste en desear ser otro, la desesperación de la rebeldía es el intento de crear un yo ex nihilo, de la nada. Este es el influencer, el curador, el usuario que elabora meticulosamente un avatar digital que no guarda resemblance alguna con su realidad biológica. Kierkegaard describía esto como el yo queriendo ser el «amo» de sí mismo, rechazando cualquier anclaje externo (como la biología, la historia o la verdad).

En la era digital, esto se manifiesta como la «brecha de realidad». Estamos invirtiendo miles de millones de dólares y horas en mantener «yoes fantasmáticos»: entidades digitales que requieren una alimentación constante de contenido para sobrevivir.

La implicación estratégica aquí es profunda. Cuando el 74% de una generación admite una desconexión fundamental entre su yo digital y su yo físico, ya no estamos tratando con «usuarios». Estamos ante una población que participa en una disociación masiva. La tasa de «agotamiento digital» del 73% es el resultado directo de la energía requerida para sostener dos existencias separadas. El «yo fantasmático» consume la energía del «yo real», conduciendo al agotamiento, al ghosting y al colapso de la fiabilidad tradicional de la fuerza laboral.

«Ser un yo es la mayor concesión hecha al hombre, pero al mismo tiempo es la exigencia de la eternidad sobre él». — Søren Kierkegaard, *La enfermedad mortal*

El vértigo de la libertad: La parálisis algorítmica

Kierkegaard describió famosamente la angustia como el «vértigo de la libertad». Argumentaba que, cuando un ser humano mira hacia el abismo de la posibilidad infinita sin un apoyo finito, se paraliza. El desplazamiento infinito es la manifestación tecnológica de este abismo. Ofrece contenido infinito, elecciones infinitas y comparaciones infinitas, despojando al usuario de la capacidad para realizar una elección significativa.

Este fenómeno, conocido como la «paradoja de la elección», ha mutado ahora en «externalización algorítmica». Abrumados por el vértigo del feed infinito, los usuarios entregan voluntariamente su agencia a la máquina. Ya no eligen; se les sirve.

A medida que el tiempo de pantalla se acerca a la marca de 4+ horas (típico para el 35% de la generación Z), la fatiga decisional se dispara y la «agencia» —la capacidad de actuar según la propia voluntad— colapsa. El algoritmo interviene para llenar este vacío, dictando desde las decisiones de compra hasta la afiliación política. Esta es la «enfermedad»: una voluntad que se niega a quererse a sí misma, prefiriendo el entumecimiento cómodo del feed.

El horizonte estratégico: La economía de la despersonalización

La etapa terminal de esta enfermedad kierkegaardiana es la despersonalización: un estado psicológico en el que el individuo se siente desconectado de su cuerpo y sus pensamientos, como si fuera un observador de su propia vida. En contexto digital, esto es el «efecto de alejamiento». El usuario se convierte en un fantasma en la máquina, viendo su propia vida como contenido a optimizar en lugar de una existencia a vivir.

Estamos presenciando un aumento en eventos de «desrealización», donde los usuarios sienten que el mundo físico es menos real que el digital. Esto tiene implicaciones catastróficas para los sectores de la economía física (inmobiliario, viajes, eventos en vivo) y un enorme potencial alcista para la «economía del aislamiento» (bienes virtuales, entregas, entretenimiento escapista).

 

Orientación prospectiva: Recuperar lo finito

Para el estratega, el «yo fantasmático» es un activo volátil. Es propenso a cambios rápidos de sentimiento, carece de lealtad absoluta y es fácilmente radicalizable por la «multitud». El antídoto a esta desesperación es lo que Kierkegaard denominó el «salto de fe»: un compromiso con la incertidumbre objetiva del mundo real.

En 2025, esto se traduce en una prima sobre la fricción.

Pronosticamos un contramovimiento hacia «experiencias de alta fricción». A medida que crece la desesperación del mundo digital seamless e infinito, el valor se acumulará en experiencias que obligan al usuario a regresar a su cuerpo finito: eventos en vivo no grabables, habilidades analógicas y estructuras comunitarias que expulsan al algoritmo. Los ganadores de la próxima década no serán aquellos que optimizan el fantasma digital, sino aquellos capaces de resucitar el yo real.

La insight más crítica para 2025:

La economía del consumidor está pivotando desde la venta de «identidad aspiracional» (alimentando al fantasma) hacia la venta de «anclaje ontológico» (curando la enfermedad).