Más gestión, menos distracción


 

Como boliviano, mi mayor deseo es que a este gobierno le vaya bien. Anhelo que juntos podamos salir de la profunda crisis económica y moral que nos aqueja. Por ello, cuando realizo un comentario reflexivo —que algunos poco pensantes interpretan como augurios negativos— debo aclarar que mi intención es diametralmente opuesta. No busco el fracaso de la administración, sino instar a la acción decisiva y oportuna que nuestra patria necesita.



No pretendo, ni sería justo, comparar al gobierno actual con el del mayor estadista de nuestra historia, Víctor Paz Estenssoro. Tal comparación sería imposible. Sin embargo, es nuestro deber rescatar las enseñanzas imperecederas de su legado. La principal: la fortaleza para tomar decisiones difíciles en el menor tiempo posible. Asumir la Presidencia es para gobernar, con la responsabilidad histórica que ello conlleva; no para dedicar cada día a quejarse del gobierno anterior y del desastre recibido. Esa realidad ya la conocemos todos, y con mayor profundidad la debían conocer quienes se postularon para el cargo.

Mientras la urgencia económica clama por soluciones, parece que asistimos a un circo judicial mediático. Pareciera diseñado para distraer la falta de medidas concretas contra la crisis, llenándose las noticias de anuncios de juicios, detenciones y auditorías. Este espectáculo, tristemente, nos es familiar. Recordemos el gobierno de Jeanine Áñez, que llenó la prensa de anuncio de juicios y persiguió ciudadanos mientras la corrupción y la inoperancia campaban a sus anchas en los pasillos del poder ejecutivo. Quizás lo más absurdo de aquel episodio fue el anticlímax de la “lujosa suite” de la Casa del Pueblo, promocionada por días como un palacio versallesco y revelada al final como una habitación carente de gusto. La historia no se debe repetir como farsa.

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Con esto no digo que las investigaciones y los juicios no deban realizarse. Al contrario. Ojalá la justicia sea justicia, un pilar blindado de la democracia, y no se degrade a un mero instrumento de extorsión para negociar quién es procesado y quién queda excluido, según conveniencias políticas del momento o retribuciones monetarias.

Lo que el país espera, con ansiedad, es ver los ajustes necesarios lo antes posible. Postergar las malas noticias y las decisiones duras sólo agranda la tormenta, profundizando el sufrimiento de los más vulnerables. La parálisis es nuestro peor enemigo.

Paz Estenssoro, para parar la hiperinflación, pensó en Bolivia. No en su popularidad, no en cálculos políticos mezquinos. Actuó con valentía histórica. Hoy, en otra encrucijada crítica, esperamos lo mismo. Queremos que el presidente Rodrigo Paz pase a la historia por una gran gestión, por tomar con firmeza las riendas del Estado y aplicar, con sabiduría y sentido de país, las medidas que encaminen a Bolivia hacia la estabilidad y la prosperidad compartida.

Ya paso el primer mes y vimos que el dólar aún no está en la calle, pero se mantiene en su cotización, la gasolina y el diésel llego a los surtidores, anularon impuestos que al 99% de los bolivianos no les interesa y/o afecta.   Las acciones implementadas hasta ahora parecen diseñadas más para calmar la superficie, tratando de evadir la gran tormenta.

No soy un experto en economía y, por lo tanto, espero por el bien del país estar equivocado. Sin embargo, considero de alto riesgo el cortoplacismo y el temor de enfrentar la realidad.

El presidente eligió a su gabinete y él sabrá por qué lo hizo, por lo tanto, es el único responsable del resultado que estos generen.   Si nos puede parecer muy extrañas algunas designaciones viendo sus hojas de vida, pero aún estamos en la luna de miel y las pasamos por alto, sin embargo, el reloj corre. La paciencia del pueblo, aunque grande, no es infinita. Gobernar es decidir. Y el momento de las decisiones es ahora.

Mauricio Taboada

Diputado Nacional