La cooperación económica, integración regional y beneficios concretos para la ciudadanía son las áreas específicas de cuatro acuerdos logrados en Santiago. El tema marítimo está presente como enunciado.
Fuente: eldeber.com.bo
La histórica reunión entre los cancilleres de Bolivia y Chile, que tuvo lugar en Santiago el 15 de enero, marcó el inicio de una nueva etapa en la relación bilateral, con énfasis en cooperación económica, integración regional y beneficios concretos para la ciudadanía. Se trató del primer encuentro oficial de este nivel en 48 años, un hecho que otorga dimensión política y estratégica a los acuerdos alcanzados.
El canciller boliviano Fernando Aramayo destacó —en una entrevista con EL DEBER— que el principal resultado del viaje fue “dar materialidad” a una agenda de acercamiento que el nuevo gobierno boliviano viene impulsando desde su posesión. En ese marco, ambos países suscribieron cuatro acuerdos bilaterales y avanzaron en la definición de una agenda de nueve puntos orientada a fortalecer el comercio, la integración energética, la cooperación en seguridad, la gestión migratoria y el trabajo conjunto en zonas fronterizas.
Uno de los hitos más relevantes fue la aprobación, por parte del Senado chileno, de la homologación de licencias de conducir para ciudadanos bolivianos, una medida con impacto directo en la empleabilidad y la movilidad de miles de connacionales. Para Aramayo, este paso refleja un giro hacia una diplomacia enfocada en resultados tangibles.
En el plano económico, la visita abrió el camino para el relanzamiento y modernización del Acuerdo de Complementación Económica 22 (ACE 22), vigente desde 1993. Este acuerdo permitió, en su momento, la liberación arancelaria de cerca de 7.000 productos bolivianos, pero hoy enfrenta limitaciones frente a los nuevos desafíos del comercio internacional, la logística regional y la economía digital.
“El objetivo ya no es solo actualizar el ACE 22, sino modernizarlo”, explicó Aramayo luego de poner acento en la necesidad de incorporar innovación tecnológica, mayor facilitación del comercio y mecanismos que respondan a un escenario regional más complejo, marcado también por la expansión del crimen organizado y el narcotráfico en las cadenas comerciales que conectan a ambas naciones con mercados en ultramar.
De hecho, las policías de Bolivia y Chile intensificaron la coordinación tras el hallazgo de un cargamento de 700 kilos de cocaína en el puerto de Arica. La droga estaba impregnada en un cargamento de madera que salió de Bolivia para ser exportada a España y de allí a varios países de Europa.
Pero la agenda es más amplía e incluye una mirada estratégica sobre sectores como minería, energía, agroindustria e infraestructura logística, aspectos que no estaban establecidos en el capítulo de cooperación del ACE 22.
Ahora bien, la dimensión política del viaje se reforzó con la reunión del canciller boliviano con el presidente electo de Chile, José Antonio Kast, quien asumirá el mando el 11 de marzo. Según Aramayo, Kast transmitió un mensaje claro de continuidad institucional, al señalar que la relación con Bolivia constituye una política de Estado para Chile. En ese contexto, existe la expectativa de que el presidente boliviano Rodrigo Paz Pereira asista a la ceremonia de investidura, como señal de respaldo al proceso de acercamiento.
La nueva agenda bilateral también incorpora una visión regional y global. Ambos países coincidieron en la necesidad de fortalecer el bilateralismo como herramienta para potenciar el comercio boliviano a través de los puertos chilenos y proyectar una mayor presencia hacia los mercados del Asia-Pacífico. Chile, por ejemplo, es parte del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (Apec) a través de un sistema de acuerdos de libre mercado de los que el país puede beneficiarse vía ACE 22.
Respecto al tema marítimo, Aramayo considera que no se lo está dejando de lado, pero aclaró que “no puede ser un ancla” que frene el resto de la agenda.
En ese contexto, el acercamiento fue respaldado por el sector privado chileno, especialmente tras el encuentro del canciller boliviano con la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa), donde se expusieron los lineamientos de una futura ley de inversiones en Bolivia. Desde ese espacio se destacó la importancia de avanzar en seguridad jurídica, estabilidad normativa y confianza institucional para atraer capitales y dinamizar el intercambio económico.
La visita de Aramayo a Santiago dejó así una señal clara: ambos países buscan reordenar su relación desde una lógica de futuro, más allá de los cambios de gobierno y de las diferencias históricas no resueltas.

