Cobrar con QR: el desafío digital de ser adulto mayor y comerciante


Pastora, 70 años y cuatro décadas vendiendo polleras en La Pampa, enfrenta cada día el reto de cobrar por esta nueva modalidad, que concentra 9 de cada 10 pagos en línea en el país.

Mariela Cossío Mercado 

Pastora usa su máquina para ultimar los detalles de una pollera. / MARIELA COSSÍO
Pastora usa su máquina para ultimar los detalles de una pollera. / MARIELA COSSÍO

 



Fuente: https://www.opinion.com.bo

Pastora tiene 70 años y lleva más de cuatro décadas vendiendo polleras en el mercado La Pampa de Cochabamba. Hace unos meses, llegó a su casa y le preguntó a su hija: “¿Qué es un QR?”. Una clienta se lo había pedido y ella solo atinó a responder que no lo tenía. Hoy, poco a poco, usa el código para recibir pagos, aunque todavía enfrenta dificultades, y reconoce que su desconocimiento le hizo perder algunas ventas.

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Mientras Pastora da sus primeros pasos en el uso del QR, sigla de Quick Response o respuesta rápida, un código que permite realizar transferencias electrónicas desde el celular sin usar efectivo, en gran parte del país este medio ya integra la rutina diaria. El QR se consolidó como un mecanismo habitual de transacción en comercios y servicios, desde grandes cadenas hasta mercados populares.

Datos de la Asociación de Bancos Privados de Bolivia (Asoban) muestran un crecimiento sostenido de las transacciones digitales, ya que en octubre de 2025 el QR Simple concentró el 89% del total de transferencias electrónicas, es decir, 9 de cada 10 operaciones. Por ahora, no existen informes estadísticos que permitan conocer con precisión cuántos adultos mayores utilizan este tipo de herramientas, como el QR u otros medios electrónicos, dentro del sistema financiero, un grupo que aún enfrenta barreras para incorporarse plenamente a la banca digital.

En el día a día del mercado La Pampa, Pastora enfrentó esas barreras de primera mano. Cuenta que algunos clientes le preguntaban si podían pagarle con QR y que, cuando decía que aún no lo tenía, “algunos sacaban efectivo, pero otros se iban sin comprar”. Dice que no es un buen momento para perder ningún ingreso. “La venta ya no es como antes”, agrega mientras trabaja en su máquina de coser y recuerda cómo su actividad bajó considerablemente con el tiempo. Por eso habilitó esa forma de pago, aunque a veces se siente insegura y necesita repasar los pasos que le enseñaron sus hijos y espera el sonido de la aplicación para confirmar cada depósito.

Pastora sostiene su celular y revisa el código QR generado para recibir pagos. MARIELA COSSÍO
Pastora sostiene su celular y revisa el código QR generado para recibir pagos. MARIELA COSSÍO

 

En un recorrido por La Cancha, el espacio que concentra varios mercados de Cochabamba, se pudo ver que mientras algunos vendedores todavía se resisten a los pagos digitales, como Antonia, también adulta mayor, que vende frutas cerca de la avenida República y Punata, aún no se anima a usar un QR y dice “me puedo confundir”, pero comenta que sí se lo han pedido; otros comerciantes, en cambio, ya dieron ese paso.

La implementación de este sistema creció en los últimos años. Elizabeth, que vende ropa en el mercado La Paz, lo utiliza desde hace algún tiempo; Yessica, comerciante de prendas íntimas a la salida del mismo mercado, también; y Marlene, que vende pantalones y otras prendas de vestir en la calle San Martín casi Calama, lo mismo. Todas coinciden en que resultaba necesario incorporar esta modalidad porque fueron los propios clientes quienes lo pedían.

“Los clientes me pedían pagar con QR, así que por eso uso en mi caseta. A veces la señal falla por estar cerrado el mercado (por la infraestructura cerrada del lugar) y el envío tarda. A veces el cliente tiene que salir del pasillo para que se complete y luego vuelve por la prenda que está llevando”, comenta Elizabeth.

El gerente general de la Administradora de Cámaras de Compensación y Liquidación (ACCL) S.A., Juan Gonzales, manifestó que el trabajo coordinado con la Asoban permitió consolidar un sistema interoperable, moderno y de alcance nacional que permite realizar pagos digitales mediante código QR, facilitando a usuarios y comercios cobros y pagos instantáneos entre distintos bancos desde sus aplicaciones móviles.

Compartió información sobre el QR Simple, que alcanza actualmente a 3.6 millones de usuarios, equivalentes al 55% de la población económicamente activa. Así también que el crecimiento de esta herramienta se apoya en la infraestructura operada por la ACCL a través de la Cámara de Compensación y Liquidación, que procesa el 99% de los pagos interbancarios, que en 2025 registró 891 millones de pagos efectuados mediante QR Simple por un monto que equivale a 51.293 millones de dólares, “consolidando su posición como principal medio de pago alternativo al efectivo”.

Esta adopción también se refleja en negocios más pequeños. Lidia, que vende choclos en la avenida Aroma casi 16 de Julio, exhibe un letrero con el código QR para que sus clientes paguen de manera rápida y segura; en otros puestos, los códigos se cuelgan con cintas o se colocan en letreros sobre los mesones, visibles desde lejos, como en una tienda de velas del mercado Calatayud, negocios de alimentos para animales en la calle Lanza, un zapatero en la esquina de la Lanza y Aroma, y un puesto de sándwiches en la intersección de las calles Antezana y Aroma. Esta modalidad también está presente en tiendas de barrio, restaurantes, cafeterías, vendedores ambulantes de todo tipo de productos y distintos comercios, mostrando que se convierte en un recurso cotidiano para diferentes sectores.

Lidia ofrece el pago mediante QR en su puesto de venta de choclos en la avenida Aroma, Cochabamba. MARIELA COSSÍO
Lidia ofrece el pago mediante QR en su puesto de venta de choclos en la avenida Aroma, Cochabamba. MARIELA COSSÍO

 

La adopción del QR también llegó al transporte, y la mayoría de los taxis ya cuenta con esta opción de pago, y trufis y taxi trufis la suman de a poco, ampliando las alternativas para los usuarios. Hace unos meses, una joven que iba en transporte público de Sacaba a la Universidad Mayor de San Simón (UMSS). Al darse cuenta de que había olvidado su billetera, pidió prestados 2.50 bolivianos al pasajero que estaba a su lado (tarifa vigente en ese momento), y le ofreció devolverle mediante QR. Antes de que él pudiera responder, el conductor le dijo que él también tenía QR y le mostró el código; ella pagó su pasaje al instante usando su celular, lo que refleja cómo esta herramienta se integra cada vez más en la vida diaria.

Código QR para pagar el pasaje, colocado en la espalda del asiento del acompañante en un trufi. / MARIELA COSSÍO
Código QR para pagar el pasaje, colocado en la espalda del asiento del acompañante en un trufi. / MARIELA COSSÍO

 

La Asoban indica que el 51.2% de las transferencias por QR corresponde a montos menores a 50 bolivianos, lo que, según la entidad, demuestra que esta herramienta facilita pagos diarios y contribuye directamente a la inclusión financiera.

El uso creciente se refleja en los datos estadísticos. Según la ACCL, el número de órdenes con QR Simple en Bolivia pasó de 0.45 millones en 2020 a 891 millones en 2025, mientras que los montos transaccionados aumentaron de 36 millones de dólares a 51.293 millones de dólares, lo que evidencia una adopción acelerada y sostenida a nivel nacional.

Elaboración propia con datos de la ACCL.

 

Los usuarios destacan la rapidez y la practicidad de esta modalidad de pago. Iván comenta que resulta más cómodo pagar con QR mientras compra embutidos en el mercado Calatayud. Sacó su celular, escaneó el código para pagar 54 bolivianos por mortadela y chorizo, y su caserita verificó la transferencia antes de despedirse.

Para Gonzáles, la adopción del QR Simple no solo impacta la eficiencia operativa del sistema financiero, sino que también genera beneficios directos en la economía, como la mayor formalización, menor dependencia del efectivo, reducción de costos operativos, dinamización del comercio, oportunidades para fintechs (empresas que combinan finanzas y tecnología para ofrecer servicios financieros digitales) y una experiencia transaccional más ágil para millones de personas. Destacó que incluso los comercios más pequeños pueden incorporar herramientas digitales sin enfrentar barreras de infraestructura o costos adicionales, fortaleciendo así la inclusión financiera.

Para Pastora, aprender a usar el QR significó recuperar clientes que antes se marchaban sin comprar, pero también enfrentar el miedo a lo desconocido. Algunos de su generación ya lo usan, mientras que otros lo rechazan; parte de esta brecha se debe a la educación en temas digitales, que aún requiere trabajo. Mientras tanto, muchos comercios ya avanzaron y compradores como Iván utilizan los pagos digitales con naturalidad, consolidando esta modalidad como la más común de las transacciones electrónicas y un paso importante hacia la inclusión financiera.