
Para lograr el desarrollo de nuestra sociedad es necesario que se movilicen todos los sujetos de la misma, se implementen políticas útiles a las necesidades del pueblo y que el desarrollo productivo este basado en una economía que responda a esas necesidades. Las insuficiencias de la democracia no han permitido configurar una determinación nacional que sea la base del desarrollo y de la democratización interna, tanto en política como en economía, simplemente porque las tareas de desarrollo económico y fortalecimiento social no han sido cumplidas en los últimos 20 años.
El sistema neoliberal implementado en 1985 con el decreto 21060, fue la muerte para la economía de Estado y afecto inexorablemente al sindicalismo boliviano, al punto de volverlo casi inoperante por la crisis de representatividad y de convocatoria dirigencial, dejaron de tener influencia en la vida laboral, social y económica del país. Asimismo, coadyuvo al desbande de los trabajadores de las minas dependientes de la Confederación Minera de Bolivia por el proceso de capitalización y la baja de los precios de los minerales en el mercado internacional. El sector más fuerte, de contar con alrededor de 30.000 trabajadores quedo reducido a lo mínimo dejando de ser el influyente factor que podía modificar o paralizar la economía. Lo propio sucedió con YPFB con la capitalización, perdieron la fortaleza y el poder que tenían antes. Los fabriles sufrieron el cierre de innumerables fábricas porque no pudieron soportar la competencia externa por falta de competitividad e inversión. Las confederaciones, federaciones y núcleos sindicales de la Central Obrera Boliviana que hacían temblar a gobiernos, quedaron para el recuerdo por la disminución de su poder unificador, falta de convocatoria y por la casi inexistencia de sus masas.
La COB fue fundada a días del triunfo de la revolución del 9 de abril de 1952 y ha tenido relaciones difíciles con todos los gobiernos bolivianos y se supone que es la principal central sindical en Bolivia. Tiene una ideología política de raíces sindicalistas y su orientación ideológica marca la defensa de los derechos fundamentales laborales, en su primer documento de creación declaraba su independencia política. Hoy sigue siendo un polo aglutinante de los trabajadores del país, pero su esencia ha sido erosionada por las críticas a la dirección sindical y no así a la institución laboral, hay un evidente distanciamiento con las bases que son remplazadas por organismos indígenas y en la medida que sus acciones han tenido en general resultados negativos ante la sociedad y sus bases. La pérdida de eficacia ha erosionado la vieja credibilidad y ha dado paso a la crisis de confianza en la conducción del movimiento sindical, lo cual explica la fragmentación de los discursos al interior del organismo.
La COB es una institución política consagrada con una ideología anti-gobierno y anti-imperialismo que engloba a trabajadores asalariados y no asalariados, pero que hoy en día está ligada a un papel político activo que busca la consecución del poder o por lo menos ejercer una parte de las decisiones gubernamentales, esa visión que le quita identificación puede ser el mayor obstáculo para su desarrollo. El propugnar un marxismo tradicional radical ha disminuido su peso y la dimensión de su acercamiento con el gobierno del MAS, lo arrastra irremediablemente a una pérdida de identidad difícil de recuperar. El sindicalismo actualmente atraviesa una suerte de exclusión, la relación con el empresariado ha cambiado, las exigencias políticas y sociales desde el gobierno y con la COB de por medio han fracasado, la relación con el gobierno se ha vuelto clientelar y no desean perder ese espacio. La identidad de la organización sindical ha sufrido perjuicios no solo por la disminución de la clase minera, sino también por la aparición de otros sectores sindicales, como los partidos populistas, comités cívicos, indigenistas, colegios profesionales y asociaciones variadas, que demuestran una capacidad de representación más viables y más confiables. No es un hecho menor el enriquecimiento desmedido de los dirigentes, parece ser el lado más oscuro de la crisis del sindicalismo boliviano.
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El último Congreso que logro cambiar al sempiterno dirigente que ahora está preso por pillo, no logró la unidad de los trabajadores, pareciera que la pretensión de la COB es de ser un partido político y no realizan una adecuada lectura de la realidad, actúan como si nada hubiera pasado en los últimos años, la rápida transformación en la sociedad al no ser asimiladas adecuadamente por los dirigentes no les permite proponer respuestas a los grandes problemas, los dirigentes han perdido la perspectiva que necesita cambios y parecen más burócratas que sindicalistas.
Uno de los grandes dramas sindicales de la base laboral se ha convertido en la lucha por el poder dentro la COB, y como ya es un poder devaluado que no pesa en las decisiones nacionales, está buscando ser el caballo de Troya para garantizar su subsistencia y no ser condenados al destierro, lo peor es el distanciamiento con sus bases a las que no entienden ni tampoco lo que pasa al interior de las mismas, sino que tampoco saben lo que sus bases esperan de sus ellos.
Mgr. Fernando Berríos Ayala / Politólogo