Cuando la ignorancia se impone…


 

En una era donde la información está al alcance de un clic, resulta alarmante la proliferación de personas que opinan con vehemencia sobre temas que no conocen, menos comprenden.



No se trata de ciudadanos críticos, sino de individuos que desde la comodidad de su desconocimiento y con un teléfono en mano descalifican, tergiversan y sabotean cualquier iniciativa, política o técnica, solo porque piensan que saben más que el proponente.

Y ahí están:

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Los expertos en redes.

No importa si el tema es fútbol, física nuclear, política internacional, música o religión.

Ahí están:

Desde el ciudadano común, hasta las tiktokers opinólogos que pueden hacerlo, solo porque las redes dan lugar a todo.

Y estos tiktokeros…

¡Hasta se hacen llamar periodistas!

Hacen notas, entrevistan, preguntan estupideces y sacan conclusiones ridículas.

Claro…

Ellos saben que existe gente más estúpida que ellos, personas que les creen, siguen, defienden y aplauden.

Pero bueno…

Esta actitud de los opinólogos ignorantes de las redes no es valentía, ni pensamiento crítico:

Es solo una arrogancia pseudo intelectual sin fundamento.

Es el ruido de quien no sabe, o quizás conoce algo, solo porque lo escuchó por ahí y él se afana en divulgarlo.

Y ahí están…

No investigan, pero exigen ser escuchados, como si su opinión tuviera el mismo peso que el conocimiento instruido.

No entienden que cuestionar sin saber, no es libertad de expresión; es irresponsabilidad social.

Y están los otros…

No están en las redes, esos están en las calles.

Los que hacen oposición política por conveniencia gremial: Egoísmo disfrazado de defensa sectorial.

Ahí entran los dinamiteros, cocaleros, los bloquea caminos, etc.

Son los que se oponen a las políticas públicas del nuevo gobierno, no porque sean injustas o ineficaces, sino porque afectan sus intereses particulares.

Ahí entran los sindicatos, gremios, corporaciones o sectores mineros, esos que al ver amenazados sus privilegios, levantan la bandera de la protesta y no les importa si la medida beneficia al gran conjunto de la sociedad.

Y hasta hablan a nombre de “todos”.

Y claro…

Olvidan que veinte años bebieron de la mamadera estatal.

Ellos convivieron con el régimen masista que no se resigna a morir, un régimen del cual son sus principales operadores hoy.

Esta actitud no es defensa legítima, es conveniencia descarada.

Ellos son los parásitos del sistema.

Parásitos sociales que tienen la desvergüenza de ganar plata sin trabajar, recibiendo aportes económicos obligatorios de “sus bases”, unas bases compuestas por personas pobres, nobles y trabajadores que…

Seguirán siendo “pobres, nobles y trabajadores”, cuando sus caudillos de turno se retiren, o se conviertan en candidatos a algo… siendo millonarios a costa de los “pobres, nobles y trabajadores”.

Y no faltan…

Los que en las redes se ponen al servicio de un candidato, o son militantes a sueldo.

Ahí entran…

Los personajes que hacen de la calumnia su única propuesta.

No construyen, no debaten ideas, no presentan alternativas.

Su estrategia es simple: Atacar, difamar, sembrar dudas, amplificar errores y fabricar escándalos.

Son expertos en guerra sucia, no en políticas públicas.

Creen que destruir la imagen de un líder los hará parecer más capaces, cuando en realidad solo evidencian su vacío intelectual y su falta de visión, sumada a una actitud infame.

Esta forma de hacer política no solo degrada el debate democrático, sino que erosiona la confianza ciudadana en las instituciones.

No se crece hundiendo al otro, se crece demostrando capacidad, ética y compromiso.

Pero claro…

Eso es algo que jamás van a aceptar, mucho menos corregir.

En síntesis:

¿Qué necesitamos en Santa Cruz ahora, mucho más en tiempo de elecciones?

— Necesitamos una ciudadanía madura y una política responsable.

— Necesitamos gente con capacidad de raciocinio, no gritonas hormonales, mucho menos brutos, ni “oportunistas vivos”.

Que quede claro:

— La democracia no puede sostenerse sobre la ignorancia militante, ni el egoísmo gremial, ni la mezquindad política.

— Necesitamos ciudadanos informados, dispuestos a pensar más allá de sus intereses inmediatos.

— Necesitamos líderes que propongan, que escuchen, que construyan.

Y, sobre todo:

Necesitamos una cultura política que premie la verdad, la coherencia y la responsabilidad, no el ruido, ni la manipulación ni el odio interesado.

 

¿Es tan difícil de entender?

 

EL ESCRIBIDOR.