Ekeko: Abundancia, decisión y rivalidad en la economía aymara


24 de enero – Día del Ekeko

Fernando Untoja



Durante mucho tiempo se construyó discursivamente lo “indígena” como una alteridad económica. Desde ese discurso —producido por otros— se sostuvo que los pueblos aymara eran ajenos al mercado, al dinero y a la decisión individual. Esta mirada no solo fue equivocada, sino profundamente incapaz de comprender la economía de la rivalidad que estructura la vida económica del ayllu.

El Ekeko desmiente esa construcción. No es un dios pasivo de la suerte, sino el símbolo de una economía activa de la abundancia. Cargado de bienes, dinero y promesas materiales, el Ekeko expresa que la riqueza no cae del cielo: se busca, se disputa, se decide. En el mundo aymara, la abundancia no se opone al ayllu; lo dinamiza. El Qamiri no es una desviación individualista, sino una figura reconocible dentro de la comunidad, aquel que sabe moverse en el mercado, competir, acumular y hacer circular.

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El mercado, lejos de ser un elemento externo o impuesto, es un espacio central de la vida aymara. La feria no es solo intercambio: es fiesta, confrontación, comparación y rivalidad. Comprar y vender son prácticas antiguas, plenamente incorporadas al ayllu, donde incluso el dinero ha tenido presencia histórica. La globalización no introduce el mercado; lo intensifica. Y la economía del ayllu responde mostrando su vitalidad.

En esta máquina económica, el único motor es la decisión. Decidir invertir, decidir competir, decidir desear más que el otro. La rivalidad no destruye el lazo comunitario; lo organiza. La economía aymara no busca igualdad inmóvil, sino diferencia visible, éxito reconocido y abundancia demostrada. El Ekeko no iguala: provoca.
Por eso, la figura del Ekeko seduce sin distinción social ni étnica. Atraviesa barrios, clases y fronteras, cargándose de dólares, títulos profesionales, casas modernas y viajes. No hay contradicción: el Ekeko traduce el mundo global a una lógica propia, donde el mercado no anula la cultura, sino que la pone en movimiento.

Celebrar el 24 de enero no es un gesto folclórico. Es reconocer que la economía aymara no necesita ser explicada desde el discurso de “lo indígena” ajeno al mercado. El Ekeko nos recuerda que la abundancia se disputa, que el mercado es un campo de rivalidad y que decidir es el acto económico fundamental del ayllu.
El Ekeko no niega el mercado: lo gobierna; no rechaza la rivalidad: la organiza; y no espera la abundancia: la decide. Todo lo demás es el discurso de quienes nunca entendieron cómo funciona la economía aymara.

Fernando Untoja