El chavismo: economía de guerra


Por: Carlos Manuel Ledezma Valdez

 



Corría el año 1946 cuando los informes de la economía alemana reportaban una caída del 66% del PIB, luego de ser derrotados en la Segunda Guerra Mundial. Según las cifras del estudio de Barry Eichengreen sobre el crecimiento económico alemán, entre 1944 y 1946, la producción se redujo a una taza del 38% anual. Esto significó que el nivel de producción alemán quedó reducido a un tercio del nivel inicial, experimentando una caída brusca que puede ejemplificarse en la actualidad de la siguiente manera. Si en 2010 Alemania tenía un PIB de ciento cuarenta y nueve mil millones de euros, dos años más tarde apenas producía cuarenta y nueve mil millones, una tercera parte del PIB original. Resultado de la economía de guerra experimentado hace ochenta años aproximadamente.

El daño económico provocado por el chavismo en Venezuela, es mucho peor que los que en promedio, dejó la Segunda Guerra para Alemania y mucho mayor a los que reflejan las economías de guerra de los diferentes países que estuvieron involucrados en algún conflicto bélico en las últimas siete décadas. Desde el 2013, cuando Venezuela alcanzó el mayor ingreso del PIB, hasta el año 2020, su economía se había comprimido en un 75%, vale decir que para el año 2020 Venezuela sólo producía una cuarta parte de lo que había alcanzado siete años atrás.

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Para nadie es desconocido que el chavismo ha significado la ruina para Venezuela, aunque desde los países del exterior, probablemente no podamos entender ni de lejos, la verdadera magnitud de la ruina que ha significado el chavismo y el terrible empobrecimiento que ha sembrado para el pueblo venezolano. El año 2021, Maduro reconvirtió (devalúo) su moneda por tercera vez en menos de tres lustros, denominándola “bolívar digital”, anulando por decreto seis ceros y manteniendo el excesivo gasto público y la emisión monetaria que alimentaba la hiperinflación.

Para el año 1997 –justo antes de la llegada de Hugo Chávez a la presidencia del país– 500 bolívares equivalían a 1 dólar estadounidense, lo que podríamos ejemplificar en la equivalencia de 500 billones de bolívares, era para aquel entonces igual a 1 billón de dólares. En la actualidad, 500 billones de bolívares, equivalen a poco más de un dólar estadounidense. La brutal hiperinflación que sufre Venezuela en los últimos veintiocho años, se debe al modelo impuesto por las elites oligárquicas y parasitarias que se mantienen en el poder, una organización criminal que controla el régimen, sin ningún interés por resolver la economía de guerra que flagela a los venezolanos.

La calamidad económica que experimenta Venezuela, por culpa del chavismo, se debe fundamentalmente a que es una economía dependiente del petróleo. Desde el año 2008, cuando los precios del crudo alcanzaron sus niveles históricos más altos, Venezuela comenzó a recibir ingentes cantidades de dinero que comenzó a distribuir a manos llenas a grupos clientelares que le asegurasen mantenerse en el poder. Lo que hacía el chavismo, era comprar votos y conciencias con cargo a las regalías del petróleo. Paralelamente, no invirtieron ni una mínima cantidad en el mantenimiento de la industria petrolera, no amortizaban, no reponían, no invertían, sólo gastaban a manos llenas, mientras los equipos y las plantas menguaban su capacidad de producción.

Entre 2008 y 2013, los precios de crudo comenzaron a descender, para pesar de los venezolanos, la producción de petróleo comenzó a hundirse por falta de inversión y mantenimiento de las plantas, disminuyendo sus ingresos notablemente. En lugar de recortar el gasto público para mantener el equilibrio presupuestario, el Estado “Bolizolano” optó por una mayor emisión monetaria para financiar el gigantesco déficit fiscal que se iba en buena medida a seguir financiando las redes clientelares y mantener movimientos políticos en otros países.

El chavismo es para “Bolizuela” un mal mucho peor al de una guerra o, para ser más correctos en nuestras apreciaciones, en realidad, los indicios nos muestran que se libró una guerra entre la oligarquía parasitaria que lideraba grupos criminales vinculados al narcotráfico, enfrentados al pueblo. Un pueblo que, cansado de tolerar abusos, arbitrariedades, hambre y miseria, decidió manifestar el deseo de alejar a Nicolás Maduro por la vía democrática el 28 de julio de 2024 y a Evo Morales el 20 de octubre de 2019.

El resultado electoral en Venezuela fue categórico. Edmundo Gonzales Urrutia, líder opositor, obtuvo más del 70% de los votos, a pesar de aquello, la voluntad del soberano fue desconocida y el régimen chavista terminó por consolidarse en una dictadura antidemocrática.

El intento por perpetuarse en el poder mediante el fraude, es una constante que hemos visto muchas veces durante el primer cuarto del siglo XXI. La represión y la violencia sistemática, trajo como consecuencia uno de los mayores empobrecimientos de la historia de la humanidad que ha experimentado un pueblo tan rico en recursos naturales. Así mismo, la diáspora venezolana se ha convertido en el mayor éxodo humano de la historia, más de ocho millones de venezolanos huyeron obligados por el hambre y la pobreza. Esperemos pronto puedan tener la oportunidad de volver a casa, para ser libres y prósperos, como alguna vez lo han sido.

Para finalizar, que el desánimo y la frustración no minen nuestro espíritu y nos obligue a cambiar nuestra manera de pensar, recuerden que: “Estamos acostumbrados a ver al poderoso como si se tratara de un gigante, sólo, porque nos empeñamos en mirarlo de rodillas y ya va siendo hora, de ponerse de pie”.