El final del principio


Emilio Martínez Cardona

“Este no es el final. Ni siquiera es el principio del fin. Pero es, quizás, el final del principio”. La frase es de Winston Churchill y fue pronunciada en noviembre de 1942, tras la victoria aliada en la segunda batalla de El Alamein, que de alguna manera marcaba el comienzo de un giro favorable en el curso de la guerra, la primera en una sucesión de victorias en un conflicto que, en Europa, aún continuaría por otros dos años y medio.



En días recientes, hemos visto a través de las pantallas otro “final del principio” con la captura del dictador Nicolás Maduro, arranque de un proceso que ha de llevar al desmontaje del narco-socialismo en América Latina. Con este término, nos referimos a un grupo de regímenes autoritarios que pusieron a sus Estados al servicio del narcotráfico masivo, entendido como “arma antiimperialista” y con un evidente propósito geopolítico.

No hablamos, por tanto, del narcotráfico en el sentido más usual, como simples bandas criminales, ni de las polémicas legítimas que existen sobre la legalización u otros puntos de un problema civil de las sociedades. Hablamos de una estrategia de guerra asimétrica que estuvo a la ofensiva durante décadas, en varias fases, desde que la inteligencia soviética la formuló como base de sustentación para las guerrillas latinoamericanas y que desde entonces tuvo en la Cuba castrista al más ferviente impulsor.

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De la promoción de las narco-guerrillas se fue pasando al tráfico de Estado, como se hizo notorio en la Cuba de los ’80, pero un nuevo capítulo se escribiría, a una escala mayor, tras la caída de la URSS y la búsqueda de nuevas alternativas de financiamiento para la dictadura “revolucionaria” y sus partidos satélites.

El giro consistió en canalizar recursos de organizaciones terroristas (FARC y ELN en las cercanías, extra-regionales como Hezbollah) hacia candidatos presidenciales aliados en varios países, que accedieron al poder por la vía electoral pero que luego lo ejercieron con mano de hierro, cancelando la democracia. En varias ocasiones, las ofensivas electorales estuvieron precedidas por un trabajo de desestabilización social.

Ahora, el golpe estratégico dado por Estados Unidos puede significar la caída de un dominó, con esa primera ficha de Venezuela (donde un “chavismo pragmático” intentará sobrevivir semanas o meses en un proceso de transición) y siguiendo,  probablemente, por Nicaragua, las narco-republiquetas subsistentes en regiones de Bolivia y Colombia y, finalmente, Cuba, manzana de la discordia de las Américas.

Las consecuencias también alcanzarán a gobiernos y partidos que, aún jugando dentro de un marco institucional democrático, mantuvieron distintos grados de alianza con el bloque narco-socialista. La película recién comienza. Es “el final del principio”.