La inteligencia artificial está revolucionando profundamente la industria musical. Capaz de componer canciones en cuestión de segundos, ahora está dejando huella en plataformas de streaming, hasta el punto de difuminar la línea entre creaciones humanas y obras artificiales. Un fenómeno masivo que cuestiona a artistas, productores y oyentes.
Por Stéphane Geneste
Con unas pocas palabras clave o extractos de canciones existentes, ahora es posible componer una canción completa gracias a la inteligencia artificial, o IA. La demostración es impactante: una petición sencilla y, en solo 25 segundos, nace una canción.
Sin músicos, sin estudios, sin instrumentos. Solo una IA y un resultado que ya parece un tubo. Este tipo de creación, aún marginal hasta hace poco, se está volviendo común en el sector musical.
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Una explosión de creaciones… y una remuneración que plantea dudas
Según un estudio de la SACEM, la Sociedad de Autores, Compositores y Editores Musicales de Francia, el número de títulos generados por inteligencia artificial está explotando. El mercado global de la música generativa podría superar los 3.000 millones de dólares en tres años, y uno de cada tres creadores ya ha utilizado estas herramientas en su trabajo.
Pero detrás de este deslumbrante crecimiento hay una cuestión central: ¿cómo remunerar justamente a los artistas? Porque hoy en día, solo tienes que poner una canción en línea para reclamar una compensación, ya sea creada por un humano o por una máquina.
El problema está ahí: las tecnologías se están volviendo tan sofisticadas que cada vez es más difícil distinguir una obra humana de una artificial. Una situación experimentada como competencia desleal por muchos músicos, enfrentados a títulos producidos sin compositor, sin intérprete y sin estudio.
Deezer, Ipsos y el público: el ser humano casi ya no marca la diferencia
Las cifras son vertiginosas. Una de cada 10 pistas importadas en la aplicación musical Deezer se genera en parte o en su totalidad por IA, es decir, unas 10.000 canciones al día. Ante este fenómeno, la plataforma francesa intenta recuperar el control con software interno capaz de identificar este contenido para regular mejor su distribución y la remuneración asociada.
Esta confusión entre humano y máquina está ahora confirmado por un estudio sin precedentes realizado por Deezer y el instituto de sondeos Ipsos. Por primera vez en el mundo, analizaron la capacidad del público para reconocer la música generada por la inteligencia artificial. Conclusión: apenas sabemos la diferencia.
La canción “Walk My Walk” es la ilustración perfecta de esto. Esta canción estuvo, durante unos días, en lo más alto de la lista country estadounidense, con más de 1,6 millones de reproducciones. Sin embargo, según varios programas especializados, hay hasta un 9 de cada 10 posibilidades de que haya sido generado por una IA.
Y si ha sido engañado, no se preocupe que no estás solo. De las 9.000 personas encuestadas, el 97% no pudo distinguir entre música humana y una pista creada íntegramente por inteligencia artificial.
