Es una de las consecuencias indirectas del control de Donald Trump sobre el petróleo venezolano: los buques de la flota legal son cada vez más solicitados, en detrimento de la “flota fantasma rusa”. Esta nueva demanda implica un aumento de las tarifas de flete.

Por Marie-Pierre Olphand
Al tomar el control de los flujos de crudo de Venezuela, Estados Unidos ha reactivado el comercio petrolero del país. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos (OFAC) ha concedido una licencia a los comerciantes Vitol y Trafigura, que se están moviendo para encontrar buques que transporten el petróleo venezolano a las refinerías situadas en la costa estadounidense del Golfo de México y a Europa.
El interés de los comerciantes es aún mayor, ya que el petróleo venezolano se sigue vendiendo con descuento y, por lo tanto, resulta atractivo.
La agencia Bloomberg informa del caso de un petrolero que a mediados de enero zarpó vacío de Oriente Medio para llegar en 45 días al golfo de México y posicionarse a la espera de órdenes.
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Este movimiento hacia Venezuela hace temer una menor disponibilidad de petroleros en otras rutas y, por lo tanto, hace subir las tarifas de flete, con aumentos variables según la capacidad de los buques.
Cambio de rumbo de la flota fantasma
Este regreso de los buques de la flota legal en Venezuela se produce en detrimento de otros petroleros, los de la “flota fantasma”, que usa Rusia para exportar crudo eludiendo las restricciones occidentales.
Se trata de un verdadero cambio de rumbo, ya que Venezuela era un eslabón esencial para esta flota en la sombra, compuesta por buques rara vez asegurados y a menudo vetustos.