El “telex guillotinador”, llamaba con su humor ácido don Augusto Céspedes, el “Chueco”, cuando en un cambio de gobierno o simplemente de cancilleres, llegaba el cese de funciones, sin mayores explicaciones. Agradecían servicios, como si se necesitara que le agradezcan a uno. Los chistosos enviaban los telex para Navidad, cosa que el impacto fuera demoledor: en vez de sueldos devengados, llegaba el despido. Hoy lo harían por Tik-Tok, agregando algunas buenas mozas “chutas” como consuelo para los despedidos.
Me consta que así era, en lo que correspondía principalmente a los jefes de misión, que en Bolivia son cargos mayormente políticos; porque un presidente nuevo necesita embajadores de su plena confianza y no puede estar a merced de embajadores o encargados de negocios, que hayan representado deficientemente al país en gestiones anteriores y que, para colmo, mantengan en su fuero interno pasión y obediencia por sus jefes del pasado.
Creo que eliminar de cuajo a todo el Servicio Exterior, como lo ha hecho el MAS en sus dos versiones (Morales-Arce) ha sido una torpeza sin nombre. Reemplazaron la diplomacia tradicional – buena o regular – por la “diplomacia de los pueblos”, léase la diplomacia aimara, la fracasada “reserva moral” de la humanidad.
Evo Morales a la cabeza, sin sospechar ni siquiera sobre los límites de nuestra República, y la cadena de cancilleres Choquehuanca-Huanacuni-Pari-Mayta-Sosa, fue un verdadero desastre. El “mallcu” Choquehuanca batió todos los récords nacionales al mando de la Cancillería con casi 11 años. Una década que produjo anécdotas ingenuas, pero divertidas para sus asombrados interlocutores; lucha intensa por la aceptación mundial de la coca como plantita inocente; y algunas menudencias diplomáticas con Chile, que se perdieron en la polvareda del desierto de Atacama regado por el Silala. Fueron ministros sin ninguna proyección, ejecutores autómatas de cuanta orden disparatada llegaba fruto de las reacciones oníricas de Morales, que nos llevaron a derrotas inenarrables, como en La Haya, para citar solo a una.
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Pues bien, aquí no se trata de revancha ni mucho menos de venganza. Hace tiempo que yo dejé para siempre la Cancillería, pero me interesan sus funcionarios y su labor porque son parte de mí. Si el presidente Paz está dando los pasos necesarios para integrar a Bolivia al mundo y ese mundo a Bolivia, ¿cómo es posible que continúe trabajando con un Servicio Exterior masista y peor, evista? Además, el presidente ha manifestado que, por ahorrar, ya no se designarán embajadores nuevos, sino “agregados comerciales”. Tal vez quiso decir “encargados de negocios”, porque un agregado comercial, es, simplemente, un agregado a la embajada y no será reconocido en el país receptor como jefe de misión. Y otro asunto que se debe tener en cuenta: en diplomacia se gira en torno a la reciprocidad. Entonces, si Bolivia no designa embajadores, los representantes extranjeros que están en La Paz, por reciprocidad, irán regresando a su país uno a uno. ¿En qué quedará eso de Bolivia al mundo y el mundo a Bolivia, que al parecer es el pilar de la nueva diplomacia?
Afirman que no se designarán embajadores debido a su alto costo. Que, por eso mismo, tampoco se los puede traer al país a los diplomáticos masistas. ¿Acaso los actuales embajadores y jefes de misión están trabajando gratis? ¡Están cobrando lo que cobraría su sucesor! ¿Los gastos de retorno son muy necesarios? Ciertamente, son muy necesarios. Pero, que yo recuerde, cuando he retornado del exterior, siempre tuve que pagar los pasajes míos y de mi familia con mis recursos, pese a más de dos o tres sueldos que nos debían, porque no había plata en el Tesoro en tiempos sin gas. Había que cobrarlos, al regreso, haciendo colas en La Paz, con diligentes gestores coimeros que pedían una buena tajada. A mi querido padre, embajador en la UNESCO, le devolvieron sus pasajes y gastos después de 14 años, a la vuelta de su exilio.
Ahora resulta que la gentileza de este gobierno hace que a los masistas o exmasistas no los traigan de vuelta porque no hay dólares para sus gastos de retorno. Mientras tanto siguen ganando, en dólares naturalmente. ¿Por qué tantas consideraciones hacia quienes no hicieron más que mentir sobre los éxitos del Estado Plurinacional y sobre la sabiduría de ese fenómeno llamado Evo Morales, hoy desaparecido misteriosamente después de la captura de Maduro?
Las cosas, luego de nueve o diez semanas de gobierno, marchan bien, aunque tropiezos habrá y muchos. Ahora es necesario pensar en una diplomacia profesional y para eso se requiere de una profilaxis exhaustiva en los intestinos de la Cancillería y traer de vuelta a los funcionarios de carrera, a los egresados de la Academia Diplomática, y a los muchos jóvenes que se han titulado en Relaciones Internacionales en la universidad y que ahora buscan trabajo donde lo encuentren sin oportunidad de trabajar en lo que han elegido y saben.
