El expresidente comparecerá otra vez el 17 de marzo ante la justicia estadounidense, ordenó este lunes el juez Alvin Hellerstein, tras la primera audiencia contra el exmandatario.

eju.tv / Fuente: AFP, vía Unitel
Nicolás Maduro entró el lunes en una sala abarrotada de un tribunal federal de Nueva York con los hombros hacia atrás. Miró a la galería y saludó en español antes de declarar al juez: «Soy inocente».
El depuesto presidente venezolano, vestido con una camisa oscura sobre el traje naranja de presidiario, aseguró que las fuerzas estadounidenses lo habían secuestrado y dijo ser un prisionero de guerra.
«Soy un hombre decente, sigo siendo el presidente de mi país», afirmó Maduro en una audiencia de 30 minutos. «No soy culpable», dijo sobre los cargos de tráfico de drogas y armas que enfrenta ante la justicia estadounidense.
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Abogados, agentes y periodistas llenaron la sala revestida de madera y el suelo enmoquetado en azul de un tribunal de Manhattan.
Maduro parecía saber que los ojos y los oídos del mundo estaban puestos en él. Durante su comparecencia condenó la operación militar en la que fue capturado junto a su esposa por militares estadounidenses en Caracas.
El juez le interrumpió cuando contestó mucho más de lo que le había preguntado. «Estoy aquí secuestrado desde el sábado 3 de enero. Fui capturado en mi casa en Caracas», afirmó Maduro, de 63 años.
El juez del caso, el nonagenario Alvin Hellerstein, interrumpió su perorata para explicarle que ya habrá “momento y lugar” adecuados para dar su versión de lo sucedido.
Uno de los momentos más dramáticos se produjo al final de la audiencia, cuando un hombre del público le gritó que pagará por sus crímenes. «Soy un prisionero de guerra», le respondió Maduro antes de ser conducido fuera de la sala.
El mandatario detenido habló solo en español y usó el traductor para atender las preguntas del juez, que recibía a su vez las respuestas traducidas al inglés por un intérprete.
Con lápiz y papel, Maduro tomó notas durante todo el proceso y rara vez levantó la vista de su escritorio.
POLICÍA FUERTEMENTE ARMADA
Su esposa, Cilia Flores, vestida con un atuendo similar y con su cabello rubio recogido, se sentó junto a Maduro con uno de los tres abogados de la pareja entre ellos.
Dos alguaciles desarmados se situaron detrás de la pareja.
Una imagen que contrastaba con el exterior del juzgado, donde la Policía condujo a la pareja en un auto blindado desde la prisión de Brooklyn hasta el tribunal de Manhattan. Allí la policía, fuertemente armada, había vallado el perímetro del edificio.
Decenas de manifestantes también se reunieron para celebrar y criticar la detención de Maduro. Hubo algún intercambio de pareceres entre los dos grupos, separados por las fuerzas del orden cuando subían de tono.
Un grupo, con banderas venezolanas y carteles con el lema «EEUU, manos fuera de Venezuela», coreaba: «Viva, viva Maduro».
A este grupo pertenecía Sydney Loving, de 31 años, que viajó desde Minneapolis para participar en la manifestación: “Decimos no a la intervención de Estados Unidos. No nos beneficia”.
En el otro grupo, la alegría reinaba de ver, por fin, a Maduro detenido por Estados Unidos, daba igual cómo.
«Hoy es mi cumpleaños y este es el mejor regalo que he recibido en toda mi vida», dijo Ángel Montero, de 36 años, un venezolano residente en Estados Unidos. «Estoy muy feliz de que esto esté sucediendo hoy. Estoy feliz de que todos estén aquí apoyando la justicia».