No sabía cómo empezar a escribir sobre esta película así que voy a arrancar por el final. Hamnet tiene una de las mejores secuencias finales de toda la historia del cine: Es emocionante, sobrecogedora, esperanzadora y, al mismo tiempo, es un canto silencioso sobre cómo el arte puede salvarte del dolor.
Hamnet es la nueva película de la directora Chloé Zhao (Nomadland, 2019), producida por Steven Spielberg y basada en la celebrada novela de Maggie O’Farrell sobre la vida familiar de William Shakespeare. Pero atención: esta no es otra biopic solemne sobre el “genio incomprendido”. Aquí el centro emocional no es él, sino su esposa, Anne “Agnes” Hathaway. Y ese simple desplazamiento de foco lo cambia todo. Por múltiples virtudes que te voy a contar la película acumula 8 nominaciones a los premios Óscar, incluida Mejor Película, Mejor Dirección, Mejor Actriz y Mejor Guion Adaptado entre otros.
Hamnet cuenta la vida de Agnes (Jesse Buckley) quién se convierte en esposa de Willian (Paul Mescal) con quién tiene 3 hijos a los cuales cría en la ciudad de Stratford-upon-Avon mientras William trabaja como dramaturgo en Londres. Agnes también se hará cargo del dolor que les ocasiona la pérdida de uno de sus hijos.
Jesse Buckley es profunda, cálida y misteriosa a la vez. Su interpretación de “Agnes” es tan comprometida que terminas apropiándote de su dolor. Paul Mescal es un gran actor que siempre brinda grandes interpretaciones, pero es que lo de Buckley en esta cinta es superlativo. Su personaje está cerca de ser una bruja del bosque y precisamente las bellas imágenes que acompañan la cinta refuerzan esa idea. Agnes es un espíritu rebelde que destila energía por todos sus poros cuya exploración del dolor y descubrir cómo el arte funciona como herramienta de sanación, son el eje central de Hamnet.
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Entre los subtextos más potentes de la película están la relación del ser humano con la naturaleza, la humanización del genio (Shakespeare aquí es más esposo y padre que mito) y la transición del duelo como experiencia íntima, corporal, casi física.
Complementando la personalísima dirección de Zhao tenemos a la música como un elemento clave para la atmosfera de la película. En Hamnet el compositor Mark Richter (Ad Astra 2019) musicaliza el duelo de la familia de Shakespeare desde la contención absoluta.
Sobre este tema el artista le dijo a Rolling Stone: “Personalmente, creo que en el cine suele haber demasiada música. Yo busco esos momentos específicos en los que la música puede aportar algo que las palabras no pueden. Hay experiencias humanas —la pérdida, la muerte, el duelo— para las que no tenemos lenguaje”. Otro aspecto fundamental es la fotografía de Łukasz Żal (La zona de interés, 2023), que convierte cada plano en una pintura viva: campos, bosques, interiores iluminados por velas, rostros en penumbra. Todo parece frágil, como si el mundo pudiera romperse en cualquier momento. Exactamente como se siente el duelo.
Hamnet es tremendamente conmovedora. Si uno parte de la idea de que el cine debe orientarse en 2 direcciones: Entretener y emocionar, es claro que esta película cumple en exceso la segunda. Hamnet es una película para sentir, para pensar, para salir del cine un poco distinto de como entraste. Y eso, hoy en día, ya es casi un acto de resistencia artística.
Roberto Marcelo Vera
