La combinación de elevada inflación, estancamiento del salario y precariedad de servicios básicos expone a la población venezolana a una inseguridad alimentaria generalizada, especialmente en los sectores rurales y fronterizos

El 40 % de la población de Venezuela experimenta inseguridad alimentaria moderada o severa según el Programa Mundial de Alimentos. REUTERS/Gaby Oraa
Fuente: infobae.com
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Al margen de la reciente captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, no debemos olvidar la situación de inseguridad alimentaria que arrastra Venezuela desde hace tiempo. Este concepto no se circunscribe solo a la “falta de comida”: también supone hablar de acceso, calidad, estabilidad y dignidad. Un país puede disponer de alimentos en mercados o bodegas y, aun así, millones de personas tienen dificultades para comprarlos de forma regular, o terminan consumiendo dietas poco nutritivas.
En Venezuela, esta circunstancia se ha mantenido como un problema estructural en la última década, pero con cambios de intensidad según la economía, la inflación y el financiamiento humanitario.
Una situación seria
Diversas fuentes coinciden en que la situación sigue siendo crítica. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) indica que aproximadamente el 15 % de la población (alrededor de 4 millones de individuos) necesita asistencia alimentaria urgente, y que alrededor del 40 % experimenta inseguridad alimentaria moderada o severa. Esto no significa que todas esas personas estén en la misma condición: “moderada” suele implicar reducción en calidad y cantidad de alimentos (saltarse comidas, dietas monótonas), mientras que “severa” puede significar quedarse sin comida o pasar días con muy poca ingesta.
Los organismos humanitarios ubican a Venezuela entre los países de la región con altas necesidades humanitarias sostenidas. El informe publicado el 29 de diciembre de 2025 por el Sistema Mundial de Información y Alerta Temprana de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO-GIEWS) señala que 7,9 millones de personas dentro del país necesitan asistencia, con necesidades críticas concentradas en seguridad alimentaria, entre otras áreas.
Lo que dicen los hogares: miedo a que la comida no alcance

La inflación en Venezuela superó el 100 % en 2024–2025 y se proyecta un aumento hasta el 682 % para 2026, afectando la compra de alimentos. REUTERS/Gaby Oraa
El trabajo de campo en hogares ayuda a entender el componente cotidiano del problema. Según la última Encuesta Nacional sobre Condiciones de Vida (ENCOVI) del 2024, realizada por la Universidad Católica Andrés Bello, el 78,1 % de las personas entrevistadas estaba preocupada por la posibilidad de que los alimentos se acabaran, y el 41,1 % afirmó haberse quedado sin comida en su hogar en algún momento.
Estos indicadores importan porque muestran el “estrés” alimentario: cuando una familia no sabe si podrá comer mañana, tiende a reducir porciones, priorizar calorías baratas, endeudarse, vender bienes o sacrificar gastos en salud y educación.
Principales causas: inflación, ingresos y fragilidad del abastecimiento

Más del 70 % de los hogares venezolanos permanecen en situación de pobreza de ingresos, con mayor vulnerabilidad en zonas rurales y fronterizas. REUTERS/Gaby Oraa
Uno de los motores más repetidos en análisis recientes es el deterioro del poder adquisitivo. En una actualización de noviembre de 2025, la Red de Sistemas de Alerta Temprana contra la Hambruna advierte que las condiciones macroeconómicas han empeorado la inseguridad alimentaria, destacando que la inflación aumentó más del 100 % durante 2024–2025. Este incremento de precios estaba vinculado, entre otros factores, a tensiones en el tipo de cambio.
A día de hoy, el Fondo Monetario Internacional proyecta un aumento de la inflación del 269,9 % actual hasta el 682 % en 2026 en Venezuela. Por su parte, el salario mínimo nominal se mantiene congelado en 130 bolívares mensuales (equivalentes a 43 centavos de dólar) desde 2022.
Cuando los precios crecen más rápido que los ingresos, incluso quienes “tienen empleo” pueden terminar ajustando su alimentación a lo mínimo: menos proteína, menos frutas y verduras, más carbohidratos baratos y porciones menos abundantes. El bolívar venezolano cerró 2025 con una devaluación del 82,7 % frente al dólar, lo que erosiona aún más el poder de compra de los hogares.
A esto se suma la dependencia de importaciones y la vulnerabilidad de la producción local. FAO-GIEWS señala presiones sobre la producción de maíz y anticipa requerimientos de importación de cereales por encima del promedio en el ciclo 2025/26. Las importaciones de alimentos alcanzaron en 2024 un total de 3 022 millones de dólares (un 9 % más que en 2023) y representan aproximadamente el 60 % del suministro total de alimentos del país. Entre enero y julio de 2025, las compras externas del grupo agropecuario, alimentos y bebidas fueron de 5 837,1 millones de dólares, lo que supone un aumento de 11,3 % respecto al mismo periodo de 2024.
Consecuencias visibles: salud, nutrición infantil y decisiones difíciles

El 15 % de la población venezolana, unos 4 millones de personas, requiere asistencia alimentaria urgente según datos humanitarios. REUTERS/Gaby Oraa
La inseguridad alimentaria deja huellas en el cuerpo y en la vida social, especialmente entre los más pequeños: las dietas pobres en micronutrientes y proteínas afectan al crecimiento, el aprendizaje y el sistema inmunitario infantil. Según Cáritas Venezuela, entre 8 y 10 de cada 100 niños evaluados sufren desnutrición aguda severa con riesgo de muerte, mientras la desnutrición crónica ha crecido de 18 % en 2016 a cerca del 30 % actualmente. Adicionalmente, más del 40 % de las embarazadas presentan déficit nutricional agudo y un 24 % de las mujeres en edad reproductiva padecen anemia.
En zonas vulnerables, muchas familias ajustan su dieta para “llenar” con lo que rinde más, pero eso no equivale a alimentarse bien. Las estrategias de supervivencia incluyen liquidación de ahorros (76 % de hogares), endeudamiento para comer (54 %) y venta de bienes personales.
Brechas territoriales y desigualdad

El 78,1 % de los venezolanos teme quedarse sin comida y el 41,1 % reporta haberse quedado sin alimentos alguna vez en su hogar. REUTERS/Manaure Quintero
De cualquier modo, la crisis alimentaria no afecta por igual a todos los territorios. Las ediciones más recientes de la ENCOVI muestran que, aunque la pobreza extrema se ha reducido en promedio nacional, más del 70 % de los hogares siguen en situación de pobreza de ingresos y los mayores niveles de vulnerabilidad se concentran en zonas rurales, periféricas y fronterizas. En estos espacios –con fuerte presencia indígena o agrícola– la inseguridad alimentaria moderada y severa se mantiene por encima del promedio nacional, y los hogares reportan con más frecuencia saltarse comidas, reducir porciones y sustituir alimentos frescos por opciones más baratas y menos nutritivas.
Esta expansión territorial de la pobreza se vincula con el colapso de servicios básicos: más de 54 000 fallos eléctricos fueron registrados en enero de 2025. Además, según una encuesta reciente, un 86 % de los venezolanos indicó la presencia de agua fétida y sucia y un 87 % de la población requiere gas por bombona con distribución ineficiente.
Actualmente, a la situación inestable de Venezuela hay que sumar la situación de inseguridad alimentaria que mezcla emergencia (hogares que pasan hambre) con cronicidad (hogares que sobreviven con dietas pobres y vulnerables a cualquier shock). Los datos actuales muestran necesidades amplias y persistentes, y también advierten de que sin estabilidad macroeconómica y sin financiamiento humanitario suficiente, la situación puede empeorar rápidamente. Y esto, ante los próximos retos que vive el país, se debería tener en cuenta para proteger y salvaguardar a su población.
*El autor es Catedrático de Nutrición y Bromatología del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública, Universitat de València