Irán, ¿el próximo?


Los ayatollahs nunca estuvieron tan débiles, aunque en la debilidad pueden ser especialmente crueles

 

El régimen iraní enfrenta su

El régimen iraní enfrenta su momento más crítico por la presión económica interna, la amenaza militar de Israel y Estados Unidos y la pérdida de control social (REUTERS/ARCHIVO)



 

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Fuente: infobae.com

Los análisis que puedan hacerse ahora mismo sobre Venezuela son muy arriesgados, no en vano se trata de una situación en proceso, con todas las incertidumbres desatadas. Quizás lo más incierto es justamente lo que debería ser más nítido: el plan estratégico que tiene la Casa Blanca para el post Maduro. ¿Será un plan en dos fases, primero con Delcy en el poder, para contener el caos, y después preparar un nuevo proceso electoral? ¿O se mantendrá el chavismo durante tiempo, pactando aspectos clave?

Por ejemplo: en lo económico, la cuestión energética (que ya está en proceso acelerado); en lo social, el freno a la represión y la salida de prisioneros (Trump ya promete cerrar el Helicoide); en lo político, la apertura al poder de sectores de la oposición; en lo internacional, la ruptura de alianzas con Irán y el alejamiento de Rusia y China. ¿Tendrá un papel clave María Corina Machado, una vez superado el caos inicial, o Trump prefiere postergarla ile tempore?

De hecho, todo es posible, incluso una combinación de esas opciones, además de considerar que cualquier sector de la línea dura -militar, político, criminal-, puede añadir el factor violento. Ciertamente, lo único seguro en este momento en Venezuela, es que nada puede darse por seguro.

Mientras los acontecimientos van dando forma a la situación en Caracas, a once mil quilómetros de distancia se vislumbra en Teheran la esperanza de otro gran momentum de la historia del siglo XXI: el final del régimen de los ayatollahs, que desde 1979 gobierna Irán, y es el factor desestabilizador de todo Oriente Medio. Es cierto que los sensores nos avisan de seísmos sociales importantes, pero el realismo aplaca al optimismo precipitado: la posibilidad de un Big One que haga caer a Khamenei rápidamente es, de momento, una quimera. El suelo del régimen tiembla, pero aún está muy lejos de hundirse.

De momento, lo que se sabe, y lo que se intuye pero, por imprevisible, desbarata cualquier pronóstico. Se sabe que el 28 de diciembre, después del desplome del rial, que alcanzó los 1.470.000 millones por dólar, con una depreciación de 20,29% respecto a diciembre y un 81% en comparación a 2025. Esa cifra fue el detonante que motivó a los comerciantes del Gran Bazar del distrito de Felestin a bajar sus persianas. Castigados por una inflación que llega al 42.5%, con un pronóstico de reducción del 2,8% del PIB y con la eliminación de los subsidios de combustibles, solo faltaba el golpe de la caída del ríal para unos negocios que dependen de las importaciones y del tipo de cambio. Y ello en un país que sufre una grave escasez de agua y una seria crisis energética.

La protesta de los comerciantes derivó rápidamente en una concentración con consignas contra Khamenei y a favor de la restauración de los Pahlavi, y muy pronto se propagó a otros centros, como el mercado de Electrodomésticos de Amin Hozour. En los días siguientes, los centros comerciales de otras ciudades como Isfahan, Fasa o Yazd, replicaron la acción, y para entonces, las protestas de los comerciantes ya se habían convertido en un catalizador que unificaba a estudiantes, grupos civiles y trabajadores.

En once días de disturbios, según el Institute for the Study of War (ISW) se han producido 400 protestas en la mayoría de las 31 provincias de Irán, convirtiéndose en las más grandes contra el régimen desde la muerte de Mahsa Amini en 2022. Con la orden de Khamenei lanzada desde X -“los alborotadores deben ser puestos en su lugar»-, el régimen desplegó rápidamente su fuerza paramilitar Bassij, formada por voluntarios que visten de paisano, no llevan placa, ni uniforme, e irrumpen en las manifestaciones en moto o a pie, armados con palos, porras, material antidisturbios e, incluso, armas de fuego real. Igual que en las protestas de 2022, han sido los verdugos de los manifestantes, y el balance de víctimas, a día de hoy, es de 36 muertos, entre ellos cuatro niños, y más de 1.200 detenidos, cuyo destino se desconoce. En la provincia rural de Ilam, hogar de los kurdos en la frontera con Iraq, llegaron a asaltar violentamente un hospital buscando manifestantes heridos.

Si esos son los datos al momento, lo que pueda pasar a partir de ahora es imprevisible, sobre todo por el factor Venezuela, que interactúa al otro lado del Atlántico. Cabe recordar que desde la reunión de la OPEP del año 2.000 en que Chávez y Ahmadinejad comenzaron a tejer su relación política, Venezuela se convirtió en el aliado más importante del hemisferio occidental. Ambos países contenían grandes reservas de petróleo y riqueza de minería, y ambos coincidían en su posición beligerante respecto a Estados Unidos. La complicidad política entre Caracas y Teherán se concretaría en decenas de acuerdos bilaterales, incluyendo acuerdos militares sensibles, y el establecimiento de un pacto para que Irán reparara las refinerías venezolanas durante décadas. Además, Irán entregó petroleros para ayudar a transportar petróleo venezolano, al tiempo que Venezuela abría la puerta de América del Sur, vía pasaportes, a la penetración de la guardia revolucionaria y las fuerzas Qud, que consolidaron las bases de Hezbollah en la triple frontera. Incluso había un plan iraní para construir una línea de tren para el metro de Caracas.

Son esas dos décadas de relación estrechas entre el régimen bolivariano y el de los ayatollahs, las que ahora permiten imaginar que la caída de Maduro puede acelerar la caída de Khamenei. De hecho, el Times publicó hace poco que Khamenei podría tener un plan de escape hacia Moscú, emulando la huída de Assad, si el ejército mostrara indicios de flaqueza. Se sabe que controla los activos del Setad, una organización que, según Reuters, sumaba en 2013 unos activos de 95.000 millones de dólares. Además, las amenazas de Trump son explícitas: “Si comienzan a matar gente como lo han hecho en el pasado, creo que los Estados Unidos los van a golpear muy duramente”, dijo el lunes a bordo del Air Force One. Lo cual, en el idioma de Washington, significa que se preparan las bases políticas para una eventual acción militar, en elocuente reververación de lo que ha pasado en Venezuela. Además, Trump ha rechazado la propuesta de reanudar el dialogo presentada por Steve Witkoff y avalada por Arabia Saudita y Omán, y ha sido la posición más dura de Marco Rubio la que se ha impuesto. Con todo, es prematuro considerar que el régimen esté a las puertas de una Venezuela bis, porque tanto su poderío militar, como su posición estratégica convierten Irán en un campo minado para cualquier operación invasiva.

En todo caso, es evidente que el régimen de Irán está en su momento más crítico, porque a la crisis económica y a la revuelta de la calle, se suma el dominio militar de Israel en la región -confirmado después de los ataques a las nucleares- y la explícita amenaza americana, en una presión interior que se agudiza con la presión exterior. Los ayatollahs nunca estuvieron tan débiles, aunque en la debilidad pueden ser especialmente crueles. Pero prever la posibilidad de que caiga el régimen que instauró Jomenei en 1979 está dentro de los márgenes realistas, aunque los tiempos son imprevisibles. Los ayatollahs y los bolivarianos, dos regímenes corruptos, represivos y criminales que han perpetrado sus tropelías al unísono, y pueden caer al mismo tiempo. El destino siempre tiende a la ironía.

X: @RaholaOficial