La manera de pensar interpreta los hechos


 

La intervención de fuerzas militares de Estados Unidos, que capturaron a Nicolás Maduro en Caracas, y su posterior traslado a la ciudad de Nueva York, ha sido motivo para mostrar, nuevamente, que los gobiernos de los países del mundo no coinciden en sus apreciaciones, más bien ratifican que tienen posturas ideológicas extremas.



Los gobernantes que militan y defienden ideas de izquierda —y sus organizaciones afines—, han dicho que el hecho es repudiable; dieron a conocer su rechazo por la agresión que vulnera la soberanía de Venezuela, y la libre determinación de los pueblos; un atentado al derecho internacional. El responsable directo Donald Trump: ordenó los bombardeos, ocasionó que hubiera decenas de muertos. Las indignadas declaraciones no hicieron mención, obviamente, a los prisioneros “conspiradores”, torturas y persecuciones, comprobadas y condenadas por organismos a nivel mundial. El vasallaje de la población no cuenta, es asunto interno que nadie puede interferir, se respeta la autodeterminación; lo importante en este trance es la soberanía del pueblo.

Otros gobernantes que conforman la gran corporación liberal, manifestaron apoyo, porque la extracción de Maduro daba fin a la dictadura del socialista tirano, que sojuzgaba al pueblo, incluso Human Rights Watch, haciéndole un quite al asunto y en un desfigurado comunicado dijo “… Se pide una transición pacífica en Venezuela; seguiremos monitoreando acciones de EE. UU.”

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Los representantes de naciones con ideología pro norteamericana estaban satisfechos porque Nicolás Maduro no será más presidente, lo importante y valioso fue la “operación extracción”; ya no estaba el dictador. Incluso más, algunos esperan que en sus países se replique una acción similar.

Como era de suponer, abundaron los comentarios desde el punto de vista legal, el criterio unánime – incluyendo abogados norteamericanos— fue que no existe, en el Derecho Internacional vigente, un fundamento jurídico sólido que legitime la captura extraterritorial de un jefe de Estado por decisión de otro Estado.

Fue sugestivo que entre los fundamentos de ambas posiciones, ninguna se refirió al narcotráfico, menos al narcoterrorismo, la causa principal por la que ahora Maduro está enjuiciado. Una vez más se comprobó que, con relación a un mismo hecho, el discurso es distinto; cercano al contrasentido, podría decirse ambivalente; pues cada posición tiene propósito: propagar su verdad. Seguramente por eso, la democracia está exhausta de ser utilizada según sea cada interés particular; se llama libertad a cualquier cosa, los de izquierda piden a los pueblos que luchen para conquistar el poder, para ser libres; mientras que los de derecha gritan que deben defenderla de la izquierda, porque se la van a arrebatar.

Este reciente hecho plantea un análisis estructural. Frente a gobiernos represivos de cualquier régimen, no existe organismo con autoridad que pueda abolir los excesos, capacidad para evitarlos. También se argumenta que revisar estas situaciones supondría abrir una peligrosa excepción que amenaza la estabilidad del orden jurídico internacional. ¿En qué quedamos? Dime cómo piensas, te diré de qué lado estás.

 

 

Mario Malpartida

Periodista