“No pasarán” era el grito de guerra de la Pasionaria, que trataba de levantar el ánimo de los defensores de Madrid bombardeada por el ataque franquista, cuando ya se combatía en la Casa de Campo y en la Ciudad Universitaria. La consecuencia habrá tenido algún efecto moral, porque los “rojos” combatieron heroicamente y no permitieron el ingreso de los legionarios y los moros del ejército de África, hasta el final de la guerra.
Unos dicen que fue Mola el primero y otros que el general Varela en utilizar el término “quinta columna”, refiriéndose a combatientes nacionales que estaban encubiertos en Madrid y que planeaban facilitar la toma de la ciudad desde adentro, como un caballo de Troya.
En Bolivia no estamos en guerra todavía, pero existen amenazas explícitas para derrocar al flamante gobierno democrático que preside Rodrigo Paz Pereira. Este propósito está a la vista, no es clandestino, es, más bien, desafiante, hasta obsceno. Si bien la cabeza de la conspiración es el vicepresidente Lara, existen partidarios a cara descubierta y otros subterráneos, que, desde el primer día, se movieron como enemigos del nuevo régimen. Uno, desde luego, es Evo Morales y sus huestes. Y le sigue un desconocido Argollo con la COB y también la zurdería deprimida, de todo pelaje, deplorando la posibilidad que Bolivia se ordene y progrese, porque eso los alejaría de un poder, que, una vez más, lo anuncian indígena, cuando en el fondo es cholo.
Para sorpresa de la ciudadanía, el vicepresidente Lara se ha declarado opositor a su propio gobierno, que lo hizo el segundo hombre en importancia del país. Pero está a las claras que él quiere ser el primero. Y que no quiere esperar mucho tiempo. Después de Evo y de Arce, cualquiera puede aspirar a la primera magistratura. Ignorante y malhablado, Lara no tiene el menor rubor para decir tonterías todos los días y oponerse a cuanto asunto de importancia anuncia el presidente.
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A sujetos como este los conocemos muy bien, porque existen miles en Bolivia. Atrae a la plebe porque es blancón y odia la corbata. Y un blancón, con zapatos tenis, que habla quechua o aimara, es superior a un mallcu de ojotas. Recordemos al general Barrientos solamente, claro que, con una enorme diferencia en cuanto a formación política, valor, y carisma. Este es un policía expulsado de la institución por algo que no se conoce bien y Barrientos era un líder incuestionable en un Ejército donde todavía se respetaban las jerarquías.
Pues bien, cuando la administración de Rodrigo Paz empieza a funcionar, aparece este extraño señor oponiéndose a todo, reclamando porque no le consulten nada. ¿Lupo y Espinoza, le van a consultar qué hacer para salvar la economía? Jamás. Entonces arremete refiriéndose al presidente como a un corrupto, ineficiente, vendido, y una serie de adjetivos más. En vez de asumir su papel de presidente del Congreso, resulta el hombre de las pesquisas, investigando todo lo que encuentra sospechoso, como policía que es. El presidente ha sido tolerante y, por el contrario, le hace caso en lo que no sea demasiado descabellado. Rodrigo Paz no quiere pelear con él, pero tampoco puede dejarse guiar y menos dejar el timón del Estado, ni por un minuto, a un esquizofrénico.
Así y todo, no creemos que haya un hombre más feliz que Lara en todo el país. Esta es la aventura de su vida. En un año ha pasado de ser un desocupado – o poco ocupado – solamente conocido por el cogotazo que le aplicó uno de sus superiores, a ser vicepresidente de la República. ¿Cómo? Solo Dios sabe. Por lo menos Morales había estado en la lucha sindical, y, aunque mudo, también como diputado.
Al presidente no le queda más remedio que soportarlo, porque de lo contrario las quejas van a ser infinitas y puede promover convulsiones, lo que en Bolivia no cuesta mucho. Tendrá que oír sus agravios, atribuirse diariamente la victoria electoral, hasta que la población se agote de verlo en el TikTok y el hombre entre en razón, y se dedique a cumplir con sus funciones para las que fue elegido. Pero eso, en estos momentos, parece utópico y la conspiración crece.
