La rebelión económica de Javier Milei en 800 días de gobierno en Argentina


Durante décadas, Argentina ha sido el laboratorio perfecto para las peores distorsiones macroeconómicas provocadas por regímenes populistas, con ciclos de expansión monetaria descontrolada, voracidad fiscal y un Estado hipertrofiado que asfixiaba cualquier atisbo de libertad económica. Como economista que ha seguido de cerca estos procesos en América Latina, no puedo sino celebrar el momento histórico que representa la presidencia de Javier Milei, quien asumió el 10 de diciembre de 2023 y, en apenas 800 días, ha implementado un ajuste ambicioso que revierte décadas de decadencia del secante socialismo peronista.

Aunque cualquier transformación de esta magnitud genera resistencias y ajustes desordenados, los resultados son innegables: una estabilización que combina convicción absoluta por rigor fiscal y monetario, con desregulación masiva, restaurando la confianza en el mercado y posicionando a Argentina en el mapa mundial.

Pero veamos cuáles han sido los aciertos más destacables en los primeros 800 días de su gestión, basados en datos concretos y lecciones principalmente de la Escuela Austríaca de Economía aplicadas a la macroeconomía, donde la paciencia y la convicción en la solidez de las ideas liberales no solo rinden frutos, sino que además son lo correcto, cotejando las cifras actualizadas para reflejar la magnitud del cambio.



Superávit fiscal desde el primer mes de gobierno

Uno de los pilares fundamentales de esta transformación ha sido la fuerte reducción del gasto público del 30% interanual en términos reales, de acuerdo con cálculos de Analytica, lo que implicó una contracción de aproximadamente 6 puntos del PIB en el gasto del Gobierno Nacional. Este ajuste, de carácter en gran parte estructural, permitió extirpar el déficit fiscal crónico heredado y establecer el equilibrio fiscal como ancla permanente de la política económica.

Aunque el proceso fue exigente en el corto plazo, resultó clave para evitar una espiral inflacionaria mayor que pronto podía alcanzar la hiperinflación, restaurar la disciplina macroeconómica y reorientar recursos hacia el sector privado y la inversión productiva. De manera inmediata, el gobierno logró superávit fiscal desde el prmer mes de gobierno, un quiebre histórico frente a décadas de déficits persistentes financiados con emisión monetaria, y una señal contundente de cambio de régimen económico, reduciendo el peso del Estado medido por gasto público/PIB a mínimos de 18 años.

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Paralelamente, como parte del esfuerzo para sostener el superávit, Milei despidió cerca de 60.000 ñoquis –empleados estatales ficticios o improductivos– lo cual no solo optimizó el aparato público, sino que provocó un incremento simultáneo del empleo privado, demostrando que la liberación de recursos genera oportunidades en el sector real de la economía. De acuerdo con Juan Ramó Rallo, “el empleo privado ha aumentado en más de 570.000 personas respecto a 2023 y en más de 840.000 frente a 2022, y lo ha hecho sin deteriorar la calidad del empleo, puesto que el porcentaje de subocupación se ha reducido en el último año y explica una parte muy minoritaria del empleo creado”.

Esto fue la famosa motosierra.

Exitoso reordenamiento monetario y cambiario

En el frente monetario, Milei limpió el balance del Banco Central de la República Argentina (BCRA), que había expandido varias veces la base monetaria bajo regímenes anteriores, restaurando la credibilidad de la institución. Esta limpieza fue esencial para reducir la inflación del 300% anual al 30%, y del 25,5% mensual a menos del 2%, un logro que representa una baja histórica y un triunfo sobre las distorsiones austríacas de ciclos boom-bust.

Igualmente, Milei logró salir exitosamente del cepo cambiario, eliminando una de las mayores distorsiones del mercado de divisas y cerrando la brecha del dólar del 200% a cero, permitiendo una convergencia natural de tipos de cambio.

Dólar oficial 2026 y bandas de flotación

Esto, a su vez, restauró la confianza en el sistema bancario y financiero, impulsando la recuperación de depósitos en dólares. Asimismo, las reservas del BCRA se incrementaron sistemáticamente, pasando de $20 mil millones a $45 mil millones, fortaleciendo la posición externa del país y reduciendo vulnerabilidades.

Temprana recuperación del sector real

La recuperación económica, inicialmente proyectada en 24 meses, llegó en solo 18, superando expectativas y reflejando la eficiencia de un enfoque shock en lugar de gradualismo fallido. Como se observa, el último Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) de noviembre 2026, registró una caída mensual del 0,3%, acumulando dos meses consecutivos de contracción (-0,65% sin estacionalidad) por efecto de las elecciones de medio término. Se trata de una caída mayor a la esperada, pero aun así, el trimestre móvil creció 0,7% trimestral y, en el acumulado de 11 meses, la actividad avanza 4,5% interanual. En términos de nivel, la economía está 1,2% por debajo de los máximos de junio de 2022, pero 8,1% por encima del piso de la recesión de abril de 2024. La inflación caería al 20,1% y la economía crecería 3,5% este año según el BCRA.

Caída sostenida de la pobreza

En términos sociales, la reducción de la pobreza ha sido dramática, bajando del 50% al 30% en un año, de acuerdo con la propia Unicef, y sacando a 12 millones de argentinos de esa condición, gracias a la combinación de reducción del gasto público que reduce el tamaño del aparato público, reducción de la inflación, estabilización y desregulación sistemática que elimina atribuciones y competencias del Estado sobre la economía y se las devuelve a la gente. Por cierto, la caída de la pobreza demuestra que la estrategia de shock (fuertes ajustes y reformas estructurales de inicio) no afecta a los más desfavorecidos; eso es un gran mito. En realidad, el shock es para y por los más pobres en particular.

Pero sigamos. La deuda pública neta consolidada se redujo significativamente en Argentina, pasando de $500 mil millones a $450 mil millones, aliviando la carga sobre generaciones futuras.

Del superávit fiscal al superávit comercial y energético

De igual modo, la economía argentina alcanzó un superávit comercial sostenido, revirtiendo el déficit previo como resultado de una mayor apertura, competitividad y normalización de precios relativos. En ese marco, la balanza energética pasó de déficit a superávit, consolidando la autosuficiencia del país y atrayendo nuevas inversiones al sector. En 2025, Argentina registró el mayor superávit energético en al menos 33 años, impulsado por el boom del shale en Vaca Muerta, con exportaciones que superaron a las importaciones en $7.800 millones, un récord histórico tanto por volumen exportado como por nivel de intercambio. Este desempeño se reflejó también en el superávit comercial total de 2025, que alcanzó $11.300 millones (1,6% del PIB), reforzando la solidez del frente externo.

En este sentido, este extenso y profundo cuadro macroeconómico se dibuja en la caída sistemática del riesgo país, que acaba de perforar los 500 puntos cayendo desde los 2.700 en 2023, señal de confianza inversionista global y de que los fundamentales tanto económicos como políticos han cambiado radical y positivamente, preparándose para retornar pronto a los mercados de capitales con grado de inversión.

De forma paralela, las inversiones extranjeras, que partían de cero, alcanzaron los $70.000 millones gracias al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), un catalizador para el crecimiento de largo plazo.

Avalancha de desregulaciones

Un capítulo aparte merece la desregulación liderada por Federico Sturzenegger: hasta el 30 de septiembre de 2025, su ministerio emitió 439 normas que eliminaron o modificaron 1.324 normativas previas y 9.694 artículos del marco legal, liberando la economía de ataduras burocráticas. En conjunto, estos cambios han alterado radicalmente los fundamentales tanto de la economía como de la política en Argentina, pasando de un modelo intervencionista a uno de libertad y responsabilidad individual.

En definitiva, al analizar la trayectoria de Javier Milei como presidente, desde que asumió el mando en diciembre de 2023 hasta fines de 2025, se observa que aunque su aprobación se ha mantenido durante mucho más tiempo por encima del 50% que por debajo en todas las mediciones; además, su liderazgo político se ratificó y reforzó aplastantemenete en las elecciones legislativas de octubre de 2025, donde su partido La Libertad Avanza obtuvo el primer lugar con alrededor del 40,8 % de los votos a nivel nacional y superó a la principal oposición, que obtuvo apenas un 24,5%, consolidando su influencia política para la segunda mitad de su gestión y dando un respaldo significativo a su agenda de reformas.

De esta manera, Milei ha puesto a Argentina en el mapa mundial, hablando de igual a igual con los principales líderes del globo, comenzando por el presidente de los Estados Unidos, atrayendo inversiones y defendiendo el capitalismo de libre comercio en foros como Davos.

Finalmente, en perspectiva histórica, los cambios impulsados por Javier Milei en esto 800 días pueden leerse como un giro de época, comparable con aquellos momentos excepcionales en los que sociedades enteras decidieron romper con inercias de decadencia y encarar transformaciones profundas para salir de profundas y extensas crisis estructurales. Su gestión se inscribe en la tradición de reformas que marcan la historia y que, con realismo económico y convicción política, lograron reordenar países al borde del colapso, como el Reino Unido de Margaret Thatcher y los Estados Unidos de Ronald Reagan, inspirados y asesorados por Friedrich A. von Hayek y Milton Friedman; la Alemania de Konrad Adenauer, con el diseño intelectual de Ludwig Erhard y Wilhelm Röpke; la Francia de Charles de Gaulle, guiada por Jacques Rueff; el Chile reformista de los Chicago Boys bajo la influencia de Arnold Harberger; la Bolivia de Víctor Paz Estenssoro junto a Gonzalo Sánchez de Lozada y Juan L. Cariaga; y, más recientemente, las profundas transformaciones de los países bálticos lideradas por Valdis Dombrovskis.

Así como en la Argentina de Milei, en todos esos casos el denominador común ha sido la decisión clara y sin ambages de enfrentar la crisis con un diagnóstico sin concesiones políticas y con medidas claras, con disciplina macroeconómica y una apuesta decidida por las libertades individuales, generando resistencias en el corto plazo pero sentando las bases de un cambio duradero.

Desde esta óptica, el optimismo no es retórico, sino que responde a la convicción de que la Argentina volvió a transitar un camino ya probado en la historia por países que supieron reinventarse y prosperar con valores fundados de la propia civilización occidental. Es que, como bien dijo Niall Ferguson, “al final, todos necesitan alguien como él”.

¡Y que viva la libertad, carajo!

Fuente: riosmauricio