La renta petrolera atraviesa uno de sus momentos más críticos de los últimos años. De acuerdo con los Indicadores Financieros de la Renta Petrolera en Bolivia elaborados por la Gerencia de Administración Económica y Financiera de Contratos de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), los ingresos por hidrocarburos registraron una caída del 42% al comparar el periodo enero-septiembre de 2025 con el mismo lapso de 2024, confirmando el deterioro de una de las principales fuentes de divisas del país.
Fuente: ANF
Los datos, expresados en millones de dólares y actualizados al 19 de noviembre de 2025, muestran una tendencia descendente sostenida tras el pico alcanzado en 2022, cuando la renta petrolera llegó a $us 2.657 millones, impulsada por precios internacionales elevados y mayores volúmenes de exportación de gas natural.
A partir de ese año, los ingresos comenzaron a contraerse de forma continua: $us 1.984 MM en 2023, $us 1.619 MM en 2024 y una proyección de apenas $us 1.502 MM para 2025.
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La señal de alerta se observa en la comparación interanual de los primeros nueve meses. Entre enero y septiembre de 2024, la renta petrolera alcanzó $us 1.310 MM, mientras que en el mismo periodo de 2025 se redujo a solo $us 760 MM, lo que explica buena parte de la actual escasez de dólares en la economía boliviana, dado que el gas sigue siendo una de las principales fuentes de ingreso de moneda extranjera.
El informe de YPFB también detalla la distribución de la renta. El Tesoro General de la Nación (TGN) y otros beneficiarios concentran la mayor parte de los recursos, pero son también los más afectados en términos nominales por la caída de los ingresos.
En paralelo, el Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH) y otros tributos, que financian a gobernaciones, municipios y universidades, se reducen automáticamente al disminuir la renta total, limitando la capacidad de estas entidades para ejecutar obras, programas de salud e inversión pública.
La participación de YPFB, destinada a su funcionamiento e inversión, también se ve presionada por el menor flujo de recursos.
Las proyecciones refuerzan el escenario adverso. Para octubre de 2025 se estiman ingresos de apenas $us 123 MM, lo que descarta una recuperación significativa en el corto plazo y obliga a mantener previsiones fiscales conservadoras.
Este desempeño se inscribe en una trayectoria marcada por la volatilidad y cambios estructurales del sector.
Tras la nacionalización de 2006, la renta petrolera creció de forma sostenida hasta alcanzar su máximo alrededor de 2014. Desde entonces, la combinación de menores precios internacionales, agotamiento de reservas, reducción de inversiones en exploración y una menor demanda de los mercados vecinos inició un ciclo descendente que se ha profundizado entre 2021 y 2025, con una caída proyectada de más del 50% en la renta total y un impacto directo sobre las finanzas públicas del país.
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